Isabel Gemio presenta el documental 'Jóvenes invisibles' en Barcelona

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Tras presentar el documental 'Jóvenes invisibles' el pasado mes de junio en Madrid, ayer le tocó el turno a Barcelona. Isabel Gemio viajó hasta la Ciudad Condal para asistir a la proyección de la cinta en el Cine Diagonal. Un acto en el que estuvo rodeada de compañeros de profesión, como los periodistas Xavier Sardá y Àngel Casas. La diseñadora Pilar Oporto, la empresaria Elena Batista y Noah Higón, una de las jóvenes que protagoniza el documental, también se encontraban entre los asistentes.

Ninguno de ellos quiso perderse este cortometraje, que refleja el día a día y recoge los testimonios de varios chicos con enfermedades 'minoritarias' o raras -unas enfermedades que, según se calcula, padecen alrededor de 3 millones de personas en nuestro país-.

Isabel Gemio está muy comprometida con esta causa. Desde que a su hijo Gustavo se le diagnosticó distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad rara que causa atrofia muscular y que afecta a 1.000 españoles y a 250.000 niños en todo el mundo, la periodista no ha cesado en su empeño de dar visibilidad a todos aquellos que, al igual que su hijo, sufren una patología poco común.

Por ello, Isabel puso en marcha una fundación -Fundación Isabel Gemio-, que promueve la investigación de estas enfermedades raras. La organización celebraba, hace un año, su 10º aniversario. Más de una década brindando apoyo tanto a los pacientes como a sus familias en diversas Comunidades Autónomas.

En Barcelona, desarrolla tres proyectos. Uno en el Hospital Sant Joan de Deu, dirigido por el doctor Francesc Palau, que se dedica a la búsqueda del diagnóstico en niños que sufren una enfermedad rara aún sin determinar. Los otros dos en los hospitales Santa Creu y Sant Pau, centrados en las distrofias musculares, el mayor grupo de prevalencia de enfermedades raras, y liderados por los doctores Jordi Díaz Manera y Eduard Gallardo.

A esta fundación se une un libro, Mi hijo, mi maestro, en el que Isabel abre su corazón y desvela su experiencia como madre de un chico con una enfermedad rara e incurable. "Mi fama, dinero o contactos no servían de absolutamente para nada. Pero la vida seguía y debía esforzarme por vivirla de la mejor forma posible. Gustavo se lo merecía”, recordaba.