La asombrosa vida de Iris Love, la arqueóloga chic que enamoró a América

Iris Love, American archaeologist, smiling with short curly hair, wearing a brown suede coat and holding her dachshund. (Photo by Jack Robinson/Condé Nast via Getty Images)

El 1 de agosto de 1933 nacía en Nueva York una niña llamada Iris Cornelia Love. Si en la ciudad de los rascacielos existiesen los títulos nobiliarios, Iris pertenecería a la realeza. Su padre Cornelius Ruxton Love, fue diplomático, inversor financiero, coleccionista y descendiente de uno de los padres fundadores de la nación, Alexander Hamilton. Su madre, Audrey B. (Josephtal) Love, era una rica heredera y mecenas, perteneciente al clan de los Guggenheim.

Pero volvamos con Iris, que fiel a la costumbre de la época entre las clases pudientes, no fue criada por sus padres, siempre ausentes, sino por una gobernanta británica llamada Katie Wray, que resultó ser una amante del mundo clásico. Por ello no debe extrañarnos que la joven Iris aprendiese latín antes de empezar al instituto, y que con el tiempo acabase por dominar el griego, francés, alemán, italiano y el turco.

Tras estudiar en instituciones elitistas, Iris Love terminó por graduarse en el Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York. Aunque completó el curso de doctorado, Iris nunca llegó a escribir la tesis, por lo que algunos de sus compañeros – masculinos- intentaban degradarla a nivel académico.

A Iris nunca pareció importarle, su pasión por la arqueología la mantenía ocupada en Cnido, un antiguo asentamiento griego en la actual Turquía en el que Iris pasó 11 veranos excavando en busca de restos históricos. Allí descubrió un templo en honor a Afrodita el mismo estío en que Neil Armstrong daba los primeros pasos de la humanidad sobre la luna. Tenía 38 años entonces, y una firme trayectoria profesional que compaginaba perfectamente con su faceta de celebrity.

Los medios de comunicación parecían adorar a aquella mujer de desordenada pelambrera rubia, piernas largas (que gustaba mostrar en mini falda) y piel perfectamente bronceada. Estas dotes con la prensa y sus abundantes relaciones le permitían obtener grandes sumas de dinero en sus campaña de recolección de fondos entre la socialité neoyorquina, el cual dedicaba luego a financiar instituciones culturales.

Iris era el terror de las instituciones museísticas más reconocidas. La fama se la había comenzado a labrar cuando aún era estudiante. Cuentan que en una visita al Museo Metropolitano de Artes de Nueva York (el archiconocido MOMA), Iris descubrió que un preciado grupo de estatuillas de forja representando a guerreros etruscos eran simples falsificaciones.

También en 1969, durante una visita al Museo Británico de Londres, creyó identificar una cabeza de mármol maltrecha, escondida en los sótanos de la institución, como los restos de la estatua perdida de Afrodita. Dado que hablamos de una obra labrada por Praxíteles, el más grande escultor clásico del siglo IV a.C., podéis imaginaros el revuelo mediático. En la actualidad el tema sigue en discusión, aunque la opinión que prevalece es que el fragmento en cuestión no pertenece a la Afrodita de Cnido sino a otra estatua.

Existen numerosas anécdotas referidas a la doble fascinación que su naturaleza arqueóloga-celebridad parecía jercer entre el mundillo de la prensa rosa. Cuentan que una revista para mujeres editada en su ciudad natal envió a una reportera a Cnido para elaborar un reportaje sobre el trabajo de nuestra “Indiana Jones con minifalda” (tal y como la han definido en el New York Times) en las excavaciones estivales que tanto la entusiasmaban. Allí, la reportera mostró su decepción al comprobar que Iris no usaba cremas faciales porque el polvo del sitio arqueológico se le quedaba adherido. Por aquellos tiempos Iris era tan famosa, que en cualquier rincón de Estados Unidos el público había oído hablar de aquella urbanita del upper side de Manhattan amante de la historia clásica.

Famosa también por sus afición por la cría de perros salchicha (ganadores de varios premios y a los que daba nombres de deidades mitológicas griegas) Iris fue pareja sentimental durante más de una década de una de las periodistas del mundo de cotilleo más conocidas de América, la columnista Liz Smith, que llegó a convertirse en la pluma mejor pagada de Estados Unidos. Su poder era tal que la primera entrevista que Ivanka Trump concedió después de su sonado divorcio con el actual inquilino de la Casa Blanca, fue para Liz Smith.

Gracias a las memorias de esta última, que falleció en 2017, sabemos que Iris era tremendamente locuaz y que tenía tendencia a andarse por las ramas al expresarse. Liz solía pedirle que abreviara sus historias con frases como: “no retrocedas hasta el momento en que se inventó el lenguaje, vete al grano”.

Podemos decir sin temor a equivocarnos, que buena parte de la sociedad neoyorquina accedió a la arqueología por primera vez gracias a su trabajo. A pesar de su alta cuna y su vida chic, es fácil imaginar las antipatías que una mujer como ella, de origen judío, millonaria, independiente y lesbiana, podría provocar en ciertos sectores ultra conservadores de la sociedad, especialmente dado el machismo imperante en la época.

Nos quedaremos con las ganas de saberlo, y es que Iris Love, la arqueóloga con nombre de estrella de cine que vivió una vida larga y digna de película, acaba de abandonarnos a la edad de 86 años. El coronavirus se la llevó el pasado 17 de abril.

Me enteré leyendo su obituario en el New York Times.

Otras historias que te pueden interesar: