¿Le interesan los Festivales de Cine al público?

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Photo credit: Mondadori Portfolio - Getty Images
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Nuestra compañera Beatriz Martínez generó un debate en su cuenta de Twitter hace unos días, compartiendo una amarga reflexión sobre la atención que el público presta a los Festivales de cine. “Queda claro que la información sobre Festivales está muerta, finiquitada. Caput, cero interés”, opinaba la periodista y crítica de cine. “¿A quién le interesa aparte de la gente de la propia industria?”.

El tuit recibió todo tipo de respuestas, algunas dando razones por las que el público podría haber perdido el interés en estos eventos. “Nunca he entendido por qué nos hablan de una película que se va a estrenar en España dentro de meses. Es algo superelitista”, argumentaba el director de ‘Vitals’ Fèlix Colomer Vallès. “La cultura ni en los informativos del fin de semana… ya es sólo patrimonio de Twitter”, se lamentaba el productor Enrique López Lavigne. “Los Festivales de cine comienzan a ser como esos kioskos que para sobrevivir venden de todo menos diarios y revistas. El cine empieza a ser algo de fondo, un [ruido blanco]”, añadía Ángel Sala, el director del Festival de Sitges. “Estamos en medio de una crisis y por tanto de un cambio quizá de modelo de consumo. Ojalá me equivoque y el cine no quede como un reducto para ver películas de superhéroes y consumo de cine para niños/as”, aportaba el cineasta Daniel Guzmán.

Photo credit: ANDREAS SOLARO - Getty Images
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Los Festivales de cine siguen siendo una parte muy importante de la cinefilia. Por un lado, certámenes como los de Cannes, Berlín, Venecia o Toronto sirven para presentar algunas de las mejores películas cada año. También van dando forma a la carrera de premios, que empieza en enero en Sundance y acaba con la ceremonia de los Oscar más de un año después. Y por supuesto es un escaparate de estrellas: las fotos surgidas de las alfombras rojas son de lo más visto y comentado de estos eventos. Para alguien a quien le gusta el cine, la época de Festivales es época de ilusiones. “Empecé a leer con avidez la cobertura de Festivales en los medios generalistas a mediados de los años 90”, cuenta Manu Yáñez, crítico de Fotogramas y periodista que ha cubierto Festivales como la Mostra de Venecia durante casi dos décadas. “Recuerdo el ansia con la que esperaba, cada mañana, las crónicas de Ángel Fernández Santos en El País”.

Mucho ha cambiado desde que Yáñez leía esas crónicas. Hoy en día la información está mucho más fragmentada y democratizada, y el número de periodistas y medios que difunden información desde los Festivales se ha multiplicado. Uno puede encontrar opiniones de películas, anécdotas, vídeos de las ruedas de prensa, artículos de opinión y mucho más en centenares de medios, y también en las redes sociales. Contenido creado por periodistas y cinéfilos españoles, pero también de otros países. “Si por aquel entonces hubiese tenido a mi disposición la cantidad de textos, podcasts, videocríticas y posts en redes sociales que se publican hoy en día desde los Festivales, ¡hubiese disfrutado en grande!”, asegura Yáñez. Como consecuencia, la atención también está más fragmentada y dividida.

“Supongo que dependerá del medio en el que informes”, opina Oti Rodríguez Marchante, crítico y periodista del periódico ABC. “Yo siempre he cubierto [Festivales] para ABC y siempre he notado una buena recepción. De hecho, tengo la impresión de que ahora, entre papel, digital y redes sociales hay una mayor repercusión de lo que escribo durante el Festival”. Eso sí, hay algunas películas que suscitan más interés que otras, claro. “Lógicamente, tienen más gancho para el lector aquellas películas hechas por directores y actores famosos; o alguna película que haya suscitado algún tipo de polémica”. Este año, en Venecia han destacado la controvertida ‘No te preocupes, querida’ y las protagonizadas por grandes estrellas como Ana de Armas (‘Blonde’) y Brendan Fraser (‘The Whale’).

Photo credit: Franco Origlia - Getty Images
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Distanciamiento entre la cinefilia y el público general

Aun así, hay que tener en cuenta que los Festivales, por lo general, son del interés del público más cinéfilo. Y vivimos un momento de enorme crisis para el cine que ha ensanchado mucho más la distancia entre los espectadores más cinéfilos y los más casuales. Desde la pandemia, solo los blockbusters de Hollywood (y en el caso de España, las comedias de Santiago Segura) han sido capaces de atraer en masa al público a las salas. Va menos gente a los cines y se ven menos películas, dejando en números casi residuales los espectadores que ven películas adultas y de cines periféricos, independientes y de autor. Y ese es en gran medida el cine que se presenta en Festivales.

El distanciamiento también ha ocurrido entre los espectadores y los críticos. Según un estudio de Bloomberg, este año la diferencia entre lo que le gusta al público y lo que le gusta a la prensa especializada está siendo más abismal que nunca, con películas como ‘Jurassic World: Dominion’, ‘Uncharted’ o ‘El agente invisible’ recibiendo críticas demoledoras y a la vez triunfando entre los espectadores. Sea cual sea la razón, el público ya no confía en la crítica de cine, y por tanto no le interesa lo que tenga que decir. Hay lugar para la esperanza, con figuras como Alejandro G. Calvo de SensaCine, que se ha convertido en un crítico de éxito en YouTube, donde ha conectado con el público más joven y casual con sus análisis sesudos a la vez que accesibles y entretenidos. Es probable que este sea uno de los caminos para atraer a nuevos públicos a los Festivales y rejuvenecer la media de edad del espectador que se interesa en el cine en general: hablar de él dominando los nuevos lenguajes y en plataformas donde están esos públicos, como TikTok.

En cuanto al desinterés por parte de los medios, hay diferentes puntos de vista. Mientras que unos consideran que no hay suficiente cobertura en medios grandes y generalistas, en el Festival de San Sebastián ven una imagen distinta. “Con todas las posibilidades digitales, notamos una mayor demanda de entrevistas y datos y también de perfiles de acreditaciones”, asegura Ruth Perez de Anucita, directora de comunicación del Festival donostiarra. “Medios como RTVE, EiTB y Movistar Plus+ han decidido en los últimos años instalar sets para hacer programación diaria a directo desde San Sebastián”. “Desde mi punto de vista considero que [los medios generalistas] podrían dedicarle más recursos y espacio al cine en general y a los Festivales en particular”, opina Rodríguez Marchante, “pero estoy seguro de que desde el punto de vista de los que dirigen el periódico, la revista o lo que sea, consideran que el mundo es muy grande y complejo, la cultura también y el cine tiene el espacio y los recursos adecuados”.

Con respecto a la atención que el público presta a los Festivales, hay muchos factores que tener en cuenta. Por una parte, seguro que para una parte del público este tipo de eventos de lujo y flashes son una frivolidad irrelevante en los tiempos de crisis que vivimos. Y más en un momento en el que la imagen de las estrellas de cine es percibida como algo calculado, frío y poco natural. De esto se quejaba el director de Venecia hace poco: “[Los grandes estudios] tienen una obsesión con el control, en su forma de relacionarse con los periodistas, con los críticos y demás”, aseguraba Alberto Barbera. “No dejan que los actores y los cineastas sean abiertos, ni que hagan entrevistas sin tenerlas bajo control”.

Photo credit: Laurent KOFFEL - Getty Images
Photo credit: Laurent KOFFEL - Getty Images

Aun así, sigue habiendo mucha gente que se ve atraída al grandiosidad de las alfombras rojas. “Hace unos días, en Venecia, se me ponía la piel de gallina escuchando los gritos de la muchedumbre de fans que, después de 10 horas esperando, veía pasar y podía abrazar a Timothée Chalamet”, recuerda Yáñez. “Las alfombras rojas de los Festivales son algo mágico”.

Por otro lado, lo cierto es que un Festival es una fiesta de la industria y, en gran medida, para la industria. Venecia ha sido el punto de encuentro para 2.400 profesionales de la industria, y en Cannes se dieron cita 12.500 profesionales, una cifra que triplica la de los 4.000 periodistas. Un Festival es ante todo un evento en el que hacer negocios, sacar adelante proyectos y unir fuerzas entre empresas productoras, distribuidoras y exhibidoras. En San Sebastián también se potencia mucho esta parte. "Hace 12 años teníamos 500 acreditados, en 2019 llegamos a 1.800, en industria", explicaba el director José Luis Rebordinos en una entrevista reciente. "Y este año organizamos un encuentro de inversores muy fuerte, dentro de los Spanish Screenings, con el ICAA y el ICEX de la mano, que es un paso adelante más”.

El impacto local de los festivales

Desde San Sebastián proponen otra perspectiva desde la que analizar un Festival: su impacto local. “San Sebastián es un Festival de público en el que las espectadoras pueden comprar entradas para asistir a todas las proyecciones de todas sus secciones”, recuerda la subdirectora Maialen Beloki Berasategui. Una parte importante de los asistentes en Donosti son espectadores de la zona: 178.011 en el certamen de 2019 previo a la pandemia, y 96.867 en 2021, con protocolos COVID activados. En 2022, ya sin restricciones sanitarias, esperan recuperar las cifras prepandémicas. “El público que acude al Festival de San Sebastián es muy diverso en cuanto su procedencia y su acertamiento al cine y el comité de selección programa también tomando en cuenta este factor, buscando una programación abierta que pueda ser atractiva para distintos tipos de espectadoras”. Las sesiones que más rápido agotan sus entradas son las que van acompañadas de un encuentro con los equipos de las películas. Para el público, “asistir a un pase del Festival tiene que ver también con un acto experiencial que trasciende al mero hecho de visionar la película en una sala. Los Festivales de cine son eventos que, en buena parte, basan su identidad en la ritualidad y las alfombras rojas son también un buen ejemplo de ello”.

Photo credit: Juan Naharro - Getty Images
Photo credit: Juan Naharro - Getty Images

Una de las vías para una posible reinvención llegó con la pandemia, que obligó a los Festivales alrededor del mundo a pensar en las posibilidades de Internet. En 2020 muchos certámenes pasaron a retransmitir sus películas online, y en 2021 se optó por modelos híbridos ante la relajación de las medidas. Eso ha llevado a una mayor proyección e impacto en el público, como en el caso de Sundance, que casi triplicó su audiencia el año pasado. Por otra parte, según Beloki Berasategui, un Festival debe cuidar la sala de cine: “Algunas películas son concebidas (y articulan el lenguaje cinematográfico) para ser vistas en determinadas condiciones técnicas. Pero no es solo eso: el acto de ir al cine es también una decisión de vivir una experiencia en comunidad. Y la comunidad se hace con el cuerpo. En oposición a un mundo hiperconectado digitalmente y, a la vez muy solitario, está el acto de ir al cine, de juntarse en un grupo”.

Con todo, sigue habiendo una gran parte del público desconectado con estos certámenes. Para Rodríguez Marchante, una de las claves está en que, según él, algunos Festivales se han vuelto muy rutinarios y herméticos. “Por ejemplo, Cannes es ahora el Festival más previsible del mundo, siempre los mismos directores y con la misma, o casi, película”. Él tiene claro cuál es la clave para atraer a los espectadores: “En el futuro, como en el presente y en el pasado, lo que deben hacer los Festivales es una buena programación, tener películas cojonudas”. En esto coincide Yáñez, que se muestra muy optimista con el futuro del cine (y, por ende, de los Festivales): “Creo que los jóvenes cinéfilos están mucho más al día y son mucho más exigentes de lo que piensa la mayoría. Lo veo cada día que doy clase de análisis fílmico en la ESCAC. Tengo plena confianza en que la juventud mantendrá vivo el espíritu de la cinefilia. Si los Festivales de cine y los medios de comunicación quieren seguir retroalimentándose de la pasión de los jóvenes, no tienen otra alternativa que estar a la altura de esa pasión”.