Un compendio de estudios corrobora que inteligencia y religiosidad van de la mano... a la inversa

Niño africano leyendo la Biblia. (Imagen gratuita vista en pxhere).

Miron Zuckerman es un psicólogo estadouniense (profesor de psicología en la Universidad de Rochester de Nueva York y especialista en “psicología de la religión”) que está habituado a la controversia que sus trabajos producen.

En 2013 por ejemplo, publicó las conclusiones de un meta-análisis de 63 estudios científicos anteriores que relacionaban el coeficiente intelectual (CI) con la religiosidad. Lo que descubrió fue que 53 de esos estudios mostraban una relación negativa entre CI y la religiosidad (es decir que cuánto más religioso es una persona más probabilidad hay de que su CI sea menor) mientras que en los otros 10 estudios descubrió lo contrario, una relación positiva.

Aquel meta-análisis, que puede consultarse en la revista Personality and Social Psychology Review, incluía un seguimiento a lo largo de varias décadas de un grupo de 1500 niños superdotados (CI superior a 135) evaluados por primera vez en 1921. Resultó que desde las primeras fases del seguimiento, se observó que los sujetos de este grupo eran los primeros en dudar sobre la veracidad de los dogmas religiosos. Además, el índice de religiosidad se mantuvo sustancialmente menor, incluso al avanzar la edad (y ver la muerte más cercana).

Como os decía, este primer meta-análisis provocó una gran controversia en los medios, con reacciones que iban desde la sorpresa y la curiosidad hasta el escepticismo, cuando no al desdén. En vista del interés y las reacciones que suscitó, Zuckerman y sus colegas acaban de realizar un nuevo meta-análisis que incluye estudios y datos actualizados.

Tal y como el autor principal explica: “recopilar nuevos datos para determinar la validez de los hallazgos anteriores es crucial para la ciencia. Esto es así en cualquier momento, pero especialmente cuando el tema es socialmente relevante y contiene una carga emocional”.

El mencionado meta-análisis incluye datos de 61 de los 63 estudios incluidos en el trabajo de 2013, pero se ha visto ampliado con 22 estudios nuevos realizados entre los años 2012 y 2018.

¿Han variado las conclusiones? Pues no, más bien ha confirmado lo que ya se había observado en 2013, y además no ha encontrado indicios que sugieran que esa relación negativa entre religiosidad e inteligencia se haya debilitado en los años recientes.

El nuevo meta-análisis, que esta vez abarca 83 estudios y contiene datos de 110.000 participantes, acaba de publicarse en la revista Personality and Social Psychology Bulletin.

Por lo que puedo leer, en declaraciones del autor principal a la web especializada en psicología Psypost.org , Zuckerman cree que la evidencia de dicha relación negativa es muy fuerte, aunque aclara que el grado de dicho efecto en la relación es pequeño. Dicho de otro modo, hay otros factores además de la inteligencia que explican por qué una persona es o no es religiosa. La relación observada simplemente significa que, en promedio, las personas inteligentes tienden a ser menos religiosas, aunque de ninguna manera se puede llegar a predecir la religiosidad de una persona a partir de su inteligencia.

Hay que aclarar que la mayor parte de los estudios incluidos en ambos meta-análisis (el de 2013 y el de 2019) se realizaron en los Estados Unidos. Por tanto no queda claro si este rasgo puede aplicarse a religiones orientales como el budismo o el hinduismo.

Me enteré leyendo PsyPost.

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