La inmadurez aterriza en 'La isla de las tentaciones' agotándonos la paciencia

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"Qué asco", "qué asco"... La frase más repetida en el sexto capítulo de La isla de las tentaciones 4 por concursantes indignados al ver a sus parejas, o las de otros, dejándose llevar más allá de la cuenta. Sin embargo, esos indignadísimos de la vida que reaccionan con estupor, con la boca abierta o mirando para otro lado ante la incomodidad de la situación, son los mismos que también han cometido alguna infidelidad o celebran los cuernos que van protagonizando sus compañeros.

A estas alturas del reality ya toca sentenciar que, en esta edición, la inmadurez emocional comienza a cobrar protagonismo, haciendo que La isla de las tentaciones 4 esté pasando de ese reality entretenido que nos dejó grandes momentos televisivos en pandemia a colmarnos la paciencia.

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En la hoguera de las chicas las vimos indignadas y patidifusas con el paso que dio Nico, novio de Galla, manteniendo relaciones sexuales con una chica, haciendo burlas de cómo se comporta en el acto delante de la propia novia. Sin embargo, mientras veía esa hoguera me preguntaba: ¿acaso alguna frenó a Galla, o lo intentó, en los pasos que ha ido dando con el soltero Miguel? ¿O no lleva Zoe, que tanto asco dice que le da cada infidelidad que ve en la tableta, incentivando esa conexión entre Gala y Miguel desde el primer momento? ¿O no hablaron a solas entre las dos de lo mucho que Galla quiere dejarse llevar con el chico? ¿O no hablan todas de lo mucho que a Tania le gusta Steven y ninguna tampoco da consejos a Rosario sobre su trío amoroso entre su novio, Suso y Simone?

Nico, por su parte, más de lo mismo. Incómodo, enojado y decepcionado, no podía ni mirar las imágenes de su novia en la cama con Miguel cuando él ya hizo lo mismo con Míriam. Álvaro y Rosario, lo mismo. Los dos llevan jugando un juego de venganzas sin sentido, dejándose tentar desde el principio, hablando de conexiones que nunca habían sentido con sus respectivos solteros, pero luego se enojan cuando ven lo que hace el otro.

En este sexto programa incluso fuimos testigos de cómo Rosario abre las puertas a otra tentación, el italiano Simone de la edición anterior. Que si tienen conexión sexual, que si se atraen, que si sienten algo distinto… no obstante si prestamos atención, en la cita que tuvieron, Simone dice claramente “desde ayer cuando empezamos a hablar no esperaba que podría estar tan bien contigo”. Si, “ayer” y ya hablan de miradas intensas y conexiones por explorar después de que Rosario llevara usando las mismas frases para hablar de lo que siente por Suso, el otro soltero de su historia. Y aun así, con dos bandas abiertas, Rosario se enfadó en la hoguera al ver a su novio, Álvaro, con una soltera. Y él, pues más de lo mismo. En su caso dice estar dolido de darle el corazón para que luego “le dé la puñalada” en el reality, sin embargo, los espectadores no somos tontos y ya fuimos testigos de las cosas que le dice a una soltera de la casa, tocándola, susurrando y diciéndole lo mucho que siente por ella. Tanto él como Nico se quejan de la falta de amor en sus parejas, las carencias que tenían de cariño o relaciones sexuales, sin embargo, tampoco están haciendo nada por mejorarlo. Tampoco ellas. Se dejan llevar, meten cuernos y luego se indignan. Bienvenidos a la incoherencia de esta cuarta edición del programa.

A todo esto hay que sumar a Josué que sigue en su línea de consejero y rey de la conquista; a Zoe que cada vez contagia más agobio con sus consejos y comentarios en las hogueras; a Alejandro que no logra controlar sus emociones sufriendo y llorando, pero sin mirar en el espejo lo que está haciendo mal. Básicamente, entre todos, nos están haciendo testigos de un show que recuerda más a las últimas etapas de Mujeres y Hombres y Viceversa con jóvenes buscando protagonismo exagerando sus historias que a un reality de parejas de verdad.

Y es que en este episodio también vimos a los chicos celebrando, dando palmadas y saltos, porque Nico había mantenido un encuentro sexual fugaz con Míriam. Un espectáculo que, desde la perspectiva del espectador, se antoja infantil y de vergüenza ajena. Sobre todo por esa mujer que acaba de pasar la noche con él y habrá visto la escena desde casa. Como si fuera un trofeo: porque no fue más que salir de la habitación que Nico lo había celebrado, colgado y ya se estaba dejando llevar con otra soltera con quien, según el avance, terminará cayendo.

Por su parte, Galla habla de venganza constantemente, de lo mucho que espera que Nico sufra, llore y se arrepienta. Zoe la anima, pero luego no quiere que nadie mire a su novio. Todas y todos se indignan ante las infidelidades de la otra casa, no obstante celebran cuando Tania se acerca al soltero Steven o cuando Galla da pasos con Miguel o cuando Nico mantiene relaciones sexuales.

Todo esto está contagiando una sensación de incoherencia emocional. Porque viendo el sexto programa uno siente que está viendo un derroche de inmadurez típico de la adolescencia, o de la falta de experiencia o esos primeros amores sin profundidad real con los que actúas sin medir las consecuencias. No de parejas. Desde que empezó la edición no hemos visto ninguna secuencia profunda o de interés mediático como para volver a Twitter durante los anuncios. Tal y como hacíamos con las tres ediciones anteriores ante el frenesí viral que provocaba cada episodio, con memes, bromas y comentarios de todo tipo sirviendo como entretenimiento secundario al programa.

Porque algunas parejas viven juntas y no han dudado en traicionarse, jugar ante las cámaras y no cortarse en ningún momento, cuando ellos sí saben cómo funciona el reality. Después de tres ediciones previas ya saben de sobra lo que da que hablar y fama, y aquí parece que muchos han optado por seguir el juego de dar la nota. Como sea.

Con este episodio confirmé que la sensación incipiente de aburrimiento que había empezado a sentir en programas pasados ya es una realidad, con hartazgo e incredulidad sumándose a la ecuación. Porque, en resumen, en esta edición no está pasando nada que transmita algo a la audiencia. Ni amor, ni traiciones inesperadas. Todo resulta inmaduro o impulsivo con concursantes que actúan sin medir las consecuencias, ya sea por estrategia para dar que hablar y disparar la fama en redes o por pura inmadurez. Y ya aburre.

En un aparente intento por avivar la edición, el avance de la próxima semana advierte que el programa quiere remover un poco el cotarro llevando a la suegra de Álvaro a la hoguera, y proponiendo nuevos encuentros y estrategias para sacudir historias. Veremos si lo consigue...

Con esta aparente inmadurez que transmite la mayoría, los concursantes no terminan de conectar con el público, al menos no como en otras ediciones. No estamos viviendo las mismas ganas de ver, comentar y debatir como las que nos provocaba Hugo con sus declaraciones de amor a Lara, o las lecciones aprendidas del dolor de Melyssa, o ver a Lucia cantando las cuarenta. Aquí pasa poco o nada, fiestas idénticas las unas a las otras, impulsividad sin medir consecuencias y meras traiciones desmedidas que cada vez tienen menos sentido.

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