Ingrid García-Jonsson: “Deseaba hacer algo que sintiera personal y que me divirtiera”

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Photo credit: Pablo Cuadra - Getty Images
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Representando a toda su generación, esa que tuvo (y tiene) que hacer frente a las turbulencias y constantes cambios que ha traído consigo el siglo XXI, Ingrid García-Jonsson ha añadido una nueva profesión a su curriculum: la de directora. Ella misma señala que la estabilidad hoy en día es prácticamente un sueño inalcanzable, o una ilusión. Una única profesión ya no sirve para describirse a uno mismo, pues se necesitan muchos más términos para definir las metamorfosis que sufren los jóvenes a nivel social y laboral. Nada está quieto, todo se mueve. Y, como buena ‘millennial’, ha añadido a su trabajo como actriz su apuesta por la dirección. Lo hace con un documental que, por supuesto, le dedica a quienes, como ella, se adentraron en la vida adulta comprendiendo que no quedaba otra que aprender a ser flexibles.

Acompañada de Dionisio Naranjo como co-director, y con el apoyo de ING y Sra. Rushmore, Ingrid ha dado forma a ‘Nómadas’: 17 caras, 17 historias reales contadas con humor y tono desenfadado, que ella misma confiesa que representa su forma personal de ver la vida. Se trata de un aprendizaje contado a través de sus compañeros de generación, combinado con una mirada desde la experiencia propia. Ingrid pasó de un pueblecito en Suecia a crecer en Sevilla, mudarse a Madrid y vivir una temporada en Argentina. Trabajó como camarera y empezó la carrera de arquitectura, pero lo dejó todo para enfocarse en la interpretación. En este último ámbito también ha combinado las producciones independientes con otras destinadas al gran público. Podemos confirmar que es experta en re-invertarse.

Si te sientes identificada con esta sensación y experiencia, te informamos de que el ‘docu’ está disponible en Movistar+, Prime Video y YouTube. No estás sola en este (turbulento) viaje vital.

¿Cómo surgió la idea de hacer este documental?

La idea vino de la productora, Harry. Querían hacer un documental sobre nómadas actuales y me contactaron a mí. Habían leído entrevistas mías y me conocían, les parecía que yo entendía de lo que querían hablar y que tenía una voz que les podía interesar para este proyecto. Decidieron darme la oportunidad. Aunque también con ciertas condiciones: rodar en siete días y montar en un mes las declaraciones de 17 personajes. Yo no he querido hacer un documental al uso. Deseaba hacer algo que sintiera personal y que me divirtiera.

¿Cuál ha sido tu mayor reto a la hora de afrontar este proyecto como directora?

¡Dormir! (risas). Ser capaz de desconectar y soltar. No he sido capaz de hacerlo, la verdad. Pero eso era lo más complicado: aprender que llega un momento en el que las ‘pelis’ se escapan del director, toman vida propia y hacen lo que quieren. No se pueden controlar. Tú puedes seguirlas conduciendo para que se parezcan a lo que imaginaste al principio, pero no las puedes ahogar. Eso ha sido lo que más me ha costado y donde más he aprendido también.

¿Ha sido un aprendizaje también para ti?

Claro. Es la primera vez que yo estoy en un proyecto desde el día uno hasta el día final. Y mi opinión, lo que yo decía, era lo que valía ese día. Entonces aprendes muchísimo. También de hablar con todos los personajes y saber sus experiencias. Es superenriquecedor.

Photo credit: Nómadas
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¿Cómo fue el proceso del 'casting'?

Hay algunos amigos míos, como Héctor y Sandra y… el resto es ‘casting’. Fue muy extenso, entrevistamos a muchas personas que se consideraran nómadas. Había algunos perfiles que yo sabía que quería meter para hacerlo lo más extenso posible y que todo el mundo se viera representado. Me daba bastante rabia que ciertas personas se quedaran fuera. Yo creo que vimos unas 400 o 500 personas.

Y los nómadas de hoy, ¿dirías que lo son por convencimiento o por obligación?

No tengo ni idea, le tendría que preguntar a cada uno. Yo entiendo que son las dos cosas. Vivimos en un mundo que nos obliga a renunciar a una vida más estable y a no cumplir ese cuento que nos han contado, pero luego también nosotros somos dueños de nuestras elecciones y hacemos lo que queremos. Lo que me gusta de los personajes es precisamente que esa incertidumbre y miedo al cambio no lo tienen, sino que lo abrazan y lo convierten en algo posible. A veces lo que nos depara parece bastante negativo, pero puedes decir: “Voy a construirme mi presente, el que me interesa y el que me hace bien”.

Tu amigo Héctor dice: “Mi mayor miedo es trabajar siempre de lo mismo en una oficina; el mayor deseo de mis padres es mi mayor miedo”.

Hombre, yo creo que todos siempre queremos que nuestros padres estén tranquilos y contentos. Y lo que más tranquilidad les da a nuestros padres es un trabajo asegurado para nuestra vida y un ingreso económico que nos permita vivir cómodamente para siempre, ¿no? Se supone que para eso nos han preparado, para ser ciudadanos capaces y autogestionados, y eso viene más de la mano de la estabilidad que de la inestabilidad. Pero, es que también vivimos en un mundo en el que no es tan posible conseguir eso hoy en día, y creo que tampoco interesa. No sé… Creo que antes el éxito era más de cara a la gente. Tener éxito era algo por lo que la sociedad te valoraba, y ahora eso se ha dado la vuelta y el éxito es más bien construir lo que uno quiere. Lo difícil es saber qué es lo quieres. Pasa durante toda la vida, pero la búsqueda empieza desde más joven, cuando somos mucho más individualistas en muchos aspectos.

¿Hasta cuándo crees tú que se es joven hoy?

Espero que hasta los 65 (risas). Creo que, bueno, lo dice Bruno en un momento. La esperanza de vida se ha dilatado, por lo tanto, también tenemos más tiempo para desarrollar y hacer las cosas: más tiempo para estudiar, más tiempo para probar, más tiempo para trabajar. Nos da tiempo a tener más de un matrimonio. Vivimos más, entonces, es probable que la juventud también se haya dilatado. Ahora, ¿a qué llamamos juventud? Porque a los 18 se te acaba el rollo, si lo hacemos como una manera numérica, ¿no? Ahora, esa cosa aspiracional y de querer probar, a mí me gustaría tener esta fuerza toda mi vida.

Da la sensación de que ahora las edades son más líquidas. Hay gente que tiene 24 y es mayor que gente de 50. ¿Ha habido una escisión entre la edad física y la edad mental?

Puede ser, o que antes no se hablaba tanto de las cosas, ¿no? Se dice que uno es tan joven como se siente. Entonces, si hablamos del espíritu de la juventud, pues hay gente que lo tiene y gente que no lo tiene. Yo tengo una amiga con la que siempre bromeo diciendo que es una señora de 60 años, por cómo habla y por cómo se comporta. Tampoco creo que todas las señoras de 60 años se comporten de esa manera. Pero, bueno, depende. Si es que somos todos más raros...

Photo credit: Nómadas
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Nos dicen que estamos viviendo un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo. Si tuvieses que ser pitonisa, ¿cómo crees que va a ser dentro de 20 años, cuando los jóvenes de hoy sean ya mayores?

Me encantaría encontrarnos dentro de 20 años y volver a grabar esto para ver qué ha sido de nosotros. No tengo ni idea. Imagino que algunos seguirán igual, otros habrán cambiado y estarán haciendo otra cosa completamente distinta. Entiendo que cada vez tendremos menos cosas, eso es lo que noto. Creo que habrá menos gente con viviendas en propiedad y compartiremos más. Los coches, yo creo que prácticamente todos serán compartidos. Se supone la generación Z va a tener 16 profesiones en áreas diferentes a lo largo de su vida, y que eso será lo normal. Pero no lo sé. A lo mejor de pronto viene otra pandemia y nos vuelve a cambiar la manera de pensar. El tema es que nos va a sorprender a todos, porque igual lo que imaginemos se acerca, pero ni de coña va a ser exactamente así.

La realidad de la gente joven en España puede ser muy diferente a la realidad de la gente en Suecia, donde tú tienes familia. No es lo mismo los jóvenes a la hora de independizarse aquí, que la media está en los 30, que en el resto de Europa, que está en los 20.

Sí, claro, yo comparo entre mis primos españoles y los suecos. Curiosamente, los primos españoles nos hemos independizado todos bastante jóvenes, la verdad. Y todos tenemos vidas rarísimas, cambiamos mucho de profesión. Incluso los que se dedican a las financias lo que más les ha durado un trabajo han sido tres años. Y, en cambio, los suecos tardaron mucho en terminar estudiar, porque allí se estudia hasta mucho más tarde. Tardaron mucho en tomar la decisión de lo que querían, pero una vez que apostaron por eso, ahí se han quedado. Tengo un primo con 28 que ya tiene dos hijos. Otro tiene 26, es profesor de instituto y está feliz. El otro día hablando con él me dijo: “Yo me voy a quedar aquí toda la vida”. También es que en Suecia tienen muchas comodidades, se tienen que buscar muy poco la vida. Hay que pelear tan poco que es normal que se acomoden y que no tengan tanta necesidad. Aquí, como el futuro está tan negro, es distinto… Yo me acuerdo de cuando estudiaba la carrera de Arquitectura, mi profesor me decía: “Chicos, esto no va a ninguna parte. Hay una crisis ahora tremenda. Ya no vais a conseguir ser arquitectos. El arquitecto como lo conocéis ya no existe, así que haced lo que queráis”.

A lo mejor tendrías que hacer una segunda parte de documental ubicada en Suecia y que en lugar de ‘Nómadas’ se titulara ‘Sedentarios’.

Exactamente (risas). Sobre eso hay un ‘docu’ sueco muy interesante sobre cómo funciona esa sociedad. Se llama ‘La teoría sueca del amor’, creo que está en Filmin.

Photo credit: Nómadas
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¿Te ha picado el gusanillo de la dirección?

Sí. La experiencia con Héctor, que es amigo mío pero era la primera vez que trabajábamos juntos, ha sido muy guay y ahora tenemos mil proyectos, queremos hacer mil cosas. Lo que pasa es que tenemos que encontrar a gente. Pero sí, ojalá, me encanta. Total, si ya no duermo por el estrés de esta profesión... No podía dejar de pensar durante el proceso de rodaje y soñaba mucho. Soñaba cosas de montaje y me levantaba para apuntarlas, luego por la mañana leía y decía: “buahh, no he escrito nada”. Pero era imposible dejarlo ir. Gracias a Dios que no tengo hijos, porque hubiera sido una madre controladora. Pero me gusta mucho contar historias y tener un equipo que hace lo que yo quiero, que es la primera vez que me pasa. Y eso es muy guay, porque yo normalmente como actriz al final estoy para obedecer, soy un instrumento. Y, en ese sentido, es divertidísimo. Además, decir: “Quiero hacer una escena en un cementerio”. Y todos vienen detrás. ¡Ves que te hacen caso!