La madre de los Ingalls en 'La casa de la pradera' vivía un infierno mientras rodaba una serie idílica

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Es más que probable que el nombre de Karen Grassle no les suene de nada, pero sí su rostro. Es ver una foto de ella y reconocerla de manera instantánea porque fue la encargada de interpretar a Caroline Ingalls, la tierna, devota y cariñosa madre de los Ingalls en La casa de la pradera (1974-1983).

Karen tenía 32 años cuando consiguió el personaje en la exitosa y legendaria serie repetida hasta la saciedad en canales de todo el mundo durante muchos años. Sin embargo, su vida por entonces no era, ni fue, un camino de rosas. Ni siquiera en pleno rodaje del mayor éxito de su carrera.

La casa de la pradera - Karen Grassle como Caroline Quiner Holbrook Ingalls (Photo by NBCU Photo Bank/NBCUniversal via Getty Images via Getty Images)
La casa de la pradera - Karen Grassle como Caroline Quiner Holbrook Ingalls (Photo by NBCU Photo Bank/NBCUniversal via Getty Images via Getty Images)

Karen Grassle siempre fue una actriz muy reservada pero es ahora, a sus 79 años, que ha decidido abrirse en canal ante el mundo contando las miserias e infierno que padeció a lo largo de su vida. En su biografía, que publica en EE.UU. el 16 de noviembre, se despoja de ataduras y silencios para contar su historia. Porque esa mujer que veíamos transmitiendo sonrisas cándidas y ternura maternal en el clásico televisivo, en realidad vivía un tormento personal por culpa del alcoholismo mientras el sexismo que Michael Landon derrochaba en el set le ponía las cosas más difíciles. 

Era un desastre. Mi vida estaba fuera de control” confesó a The Post ante la publicación de sus memorias. Karen creció en un hogar con una madre maestra de colegio que le sirvió de inspiración como mujer fuerte y rol a seguir, mientras su padre era alcohólico con tendencias suicidas. Y lamentablemente, Karen desarrolló el mismo hábito autodestructivo cuando estudiaba.

Karen Gressley nació un 25 de febrero de 1942 en California y fue durante su estadía estudiando arte dramático en la Universidad de Berkeley que comenzó a beber más de la cuenta. Vivía en una zona “hippy” donde tenía tendencias a padecer ansiedad y ocasionalmente recurría a autolesionarse. Al graduarse se marchó con una beca a una prestigiosa academia de Londres, para luego plantar raíces en Nueva York con sueños de triunfar en teatro. Pero el trabajo escaseaba, lo que ganaba en sus obras era una miseria, cada mes se preocupada por tener suficiente dinero para pagar el alquiler y encima estaba viviendo un matrimonio sin amor con el actor Leon Russom, de quien se divorció en 1970. 

Pero entonces su vida profesional le sonrió. Le comentaron la posibilidad de sumarse a una serie con un actor de éxito como Michael Landon, pero con la condición de que fuera al casting sin maquillaje. Al parecer, las actrices que habían probado suerte con el papel no habían convencido al actor por la imagen moderna que mostraban. Y la serie, después de todo, tenía lugar entre 1870-1890.

Karen tenía 32 años y gastó $40 (una fortuna para ella por entonces) en un modesto vestido de lana con cuello alto y falda acampanada y fue al casting de La casa de la pradera con apenas un poco de sombra marrón en los ojos. Y tras unos minutos de prueba consiguió el trabajo.

La casa de la pradera - Temporada3 - Melissa Sue Anderson como Mary Ingalls, Lindsay/Sidney Greenbush como Carrie Ingalls, Michael Landon como Charles Philip Ingalls, Karen Grassle como Caroline Quiner Holbrook Ingalls, Melissa Gilbert como Laura Elizabeth Ingalls (Photo by NBCU Photo Bank/NBCUniversal via Getty Images via Getty Images)
La casa de la pradera - Temporada3 - Melissa Sue Anderson como Mary Ingalls, Lindsay/Sidney Greenbush como Carrie Ingalls, Michael Landon como Charles Philip Ingalls, Karen Grassle como Caroline Quiner Holbrook Ingalls, Melissa Gilbert como Laura Elizabeth Ingalls (Photo by NBCU Photo Bank/NBCUniversal via Getty Images via Getty Images)

La actriz se entregó de lleno al compromiso, “invirtiendo mucha energía en desarrollar relaciones” con las niñas que interpretaban a sus hijas con la intención de que “se sintieran cómodas haciendo escenas conmigo como madre”. Pero sus demonios todavía la acechaban. Y tampoco ayudaba que dentro del set habían instalado un bar.

Pasé mi carrera bebiendo, intentando controlarlo” dice a la publicación, asegurando que quería beber como lo hace otra gente, simplemente como medio de diversión en una fiesta.Pero comenzó a ponerse feo. Me emborrachaba horriblemente y lloraba, lloraba sin parar. Sentía que todo en mi vida estaba mal”.

Tampoco ayudaba que además tenía una relación difícil con su compañero Michael Landon, quien se negó a subirle el sueldo tras la primera temporada. Karen revela que el actor comenzó a ser grosero con ella, haciendo comentarios sexistas y sexuales en su presencia, a mofarse de su físico y gestos ante los monitores junto a otras personas del equipo. “Me sentí insultada como su compañera de reparto en una serie de éxito” asegura cuarenta años después añadiendo que Landon le dijo que debía cobrar lo mismo que los niños y que, después de todo, no era tan popular entre el público como ella pensaba.

Asegura que aquella situación llevó a que la dejaran fuera de tramas y escenas, mientras Landon hacia bromas “asquerosas” sobre cómo “huele una mujer después del sexo” cuando rodaban secuencias de la pareja en la habitación mientras “los hombres empleados en el set lo animaban”.

Mientras tanto, el alcohol y las resacas eran una constante en su vida. En el libro confiesa que solía llegar cansada y con nauseas al set tras pasar la noche bebiendo, con los ojos rojos e inflamados, dependiendo del departamento de maquillaje para disfrazar las consecuencias.

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Su alcoholismo era tan severo que llegó a embriagarse en el aeropuerto siendo famosa, continuó bebiendo en el avión a bordo de primera clase, besando a un extraño sentado a su lado hasta acceder irse con él cuando aterrizaran. Asegura que ese incidente fue uno de los muchos que vivió arriesgando su seguridad bajo los efectos del alcohol. “No sé lo que habría pensado el público del comportamiento de Caroline Ingalls […] Quizás se hubieran puesto en mi contra” reflexiona ahora.

Añade que se sentía “desesperada”, escogiendo compañeros de vida equivocados. “Nunca fui una buena jueza de quién sería un buen compañero” explica mientras añade que odia confesarlo pero los hombres que pasaron por su vida “llegaban siendo un desastre”. Pero finalmente, con ayuda de un amigo, encontró la fuerza para hacer frente a su problema en 1977, el año que grabó la cuarta temporada (la serie tuvo nueve). Y y con la claridad de la sobriedad descubrió que su “deseo era tener estabilidad, un marido que quisiera una familia e hijos”.

“No tenía idea que quería lo que Caroline Ingalls tenía” sentencia en sus memorias. Fue entonces cuando consiguió que Landon y NBC duplicaran su salario, dejó a un lado los malos hábitos y abrazó un estilo de vida saludable.

Karen siguió trabajando, apareció en episodios de Se ha escrito un crimen y acompañó a Kevin Costner en Wyatt Earp, pero nunca logró repetir el mismo éxito de La casa de la pradera. Se centró sobre todo en el teatro y en su labor como activista. Por un lado apoyando campañas contra la violencia doméstica, pero sobre todo en la libertad reproductiva. Tras someterse a dos abortos -a finales de sus 20 y a principio de los 30 antes de ser madre- decidió apoyar la causa. En su libro recuerda, por ejemplo, el trauma que padeció cuando tuvo que viajar a México en secreto para realizar un aborto de forma legal en 1973. “La sociedad necesita apoyar a las mujer en sus decisiones” asegura. “Ya sea por razones de salud -o cualquier razón personal- no deberían ser tratadas como criminales”.

A sus 79 años, Karen vive una vida tranquila en su ciudad natal, Berkeley, California; mantiene una estrecha relación con su compañera e hija de la ficción, Melissa Gilbert, y comparte su sonrisa en su perfil de Instagram periódicamente. Ya leojs de aquellos demonios.

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