Individualismo seriéfilo: la moda de ver series más solos que la una

Los tiempos han cambiado y, con ellos, la televisión ha evolucionado. Aunque la nostalgia todavía invada a muchos, atrás quedaron aquellos años en los que toda una familia, pareja o grupo de amigos se reunía a una determinada hora en torno al televisor para disfrutar de la serie de turno.

Aquí en España era la época en la que títulos como Los Serrano en Telecinco o Aquí no hay quien viva en Antena 3 (si apuramos también tiempos de Farmacia de guardia en la misma cadena) hacían en pleno prime time las delicias de los espectadores, quienes no se marchaban a la cama sin comentar in situ la trama que acababan de visionar.

(©Gtres)

Sin embargo, esta tendencia ha quedado anticuada y la moda vira más hacia disfrutar de las series en solitario. Y es que la irrupción de las plataformas de streaming ha propiciado este contraste. Es decir, que los títulos que antaño veíamos acompañados ahora sigamos más solos que la una en los diversos dispositivos disponibles, desde la televisión convencional, el ordenador, la tablet o el propio teléfono móvil.

LOS ESTUDIOS HABLAN POR SÍ SOLOS

Pero, ¿esta moda es realmente antisocial? Para tener nuestra propia respuesta al respecto primeramente deberíamos atender a los resultados que se desprenden de distintos estudios, como el segundo informe anual de este año conocido como El observatorio de las series que analiza los usos y actitudes del consumidor de ficciones para saber qué hay detrás de ellos. Una de las conclusiones que aquí se exponen es que uno de cada tres espectadores consume atracones de series de más de seis horas. Según se explica, el perfil de este tipo de consumidor sería el de una mujer sin hijos.

En esta misma línea, y para rizar más el rizo, cabe mencionar otro estudio publicado en The Wall Street Journal que destaca cómo en los últimos tres años los espectadores han experimentando una disminución de la actividad sexual y un aumento equivalente del consumo de Netflix.

Cabe destacar además que, en 2015, otro estudio de la universidad de Texas relacionaba los atracones de series con problemas de socialización, recalcando que hay una estrecha relación entre la frecuencia con la que los espectadores sufrían sentimientos de soledad y depresión con la asiduidad de maratonear títulos televisivos.

LAS CONSECUENCIAS DE ESTE CAMBIO DE TENDENCIA

Este cambio tan manifiesto ha traído consigo que los espectadores compartan opiniones de sus series predilectas en redes sociales, en otras palabras, que se abren al mundo antes que a aquellos con quienes viven y que, posiblemente, también estén disfrutando de la misma experiencia audiovisual, pero a su ritmo. Una lástima si tenemos en cuenta que la verdadera gracia de la series no es tanto verlas sino comentarlas, como sucedió con la octava y última temporada de Juego de Tronos que se ha convertido en el auténtico macroevento televisivo de este 2019.

Pero además de asumir la circunstancia de que hemos pasado de lo comunitario a lo individualista hay que destacar que los propios guionistas son conscientes y se esmeran en crear productos audiovisuales que no responden ya tanto a una temática familiar, en la que primaban las escenas entre padres, hijos y abuelos, sino (por decirlo de una manera fina) que están dirigidos a paladares más selectos. Y aunque actualmente en la ficción española siempre hay excepciones, ya que el tirón histórico-nostálgico de Cuéntame cómo pasó sigue funcionando a las mil maravillas después de veinte temporadas ininterrumpidas en Televisión Española, las reglas del juego han cambiado como también ha sucedido a nivel internacional donde las sitcoms tienen sus propios títulos competidores.

Así, el público ahora devora títulos muy concretos de la plataforma liderada por Reed Hastings como Paquita Salas, protagonizada por Brays Efe quien ha conseguido ganarse un lugar en el imaginario colectivo al calor de la creciente popularidad de los creadores, Javier Calvo y Javier Ambrossi. La casa de papel también se ha convertido en la nueva adicción de aquellos espectadores ávidos de títulos para maratonear, esos que posiblemente apenas repararon en esta historia cuando formaba parte del catálogo de Antena 3.

Netflix

Ahora que, para aquellos con menores a su cargo que acaben viendo lo mismo de siempre, hemos de destacar que Netflix, al igual que otros muchos servicios de streaming, también tiene su propia selección, plagada de aventuras, fantasía y animación, para que se recupere esa tendencia de disfrutar de series acompañados de los más pequeños de la casa. Sirvan de ejemplo El bebé jefazo: Vuelta al curro, basada en la película homónima de 2017, o El hotel Furchester que recupera la esencia de Barrio Sésamo. También cabe destacar otros títulos como la serie educativa Pregunta a los StoryBots o Madres forzosas que regresa con las aventuras de los Tanner, la emblemática familia protagonista de Padres forzosos emitida en los noventa.

Ahora que Netflix, expectante ante la llegada de nuevas plataformas como Disney+ y Apple TV+, no ha sido la única que ha conseguido su gran porción de un pastel que tiempo atrás era exclusividad de las cadenas generalistas. En nuestro país, Movistar+ también ha calado hondo ya que siempre tiene una buena historia esperando al público más selecto. Así, mientras prepara nuevas entregas de La Peste y Vergüenza, sorprende con otras tramas como la que centra En el corredor de la muerte.

A punto de afrontar el cambio de década, los espectadores (muchos que por cierto hasta hace unos años les daba verguenza hasta acudir sin acompañantes al cine) parecen dispuestos a perpetuar esta moda de ver las series en solitario sin posiblemente reparar en lo que ello significa, como favorecer el individualismo, el enganche y, en definitiva, el aislamiento de los individuos preocupados únicamente por no comerse spoilers. En otro contexto, es como aquellos niños de los ochenta y noventa que poco o nada tienen que ver con los actuales pues los primeros se criaron en las calles con balones y bicicletas en la calle mientras que para los segundos, la generación T (táctil), sus horas de juego se reducen a las nuevas tecnologías.

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