Los indicios de la posible ruptura de Lola y Diego antes de que empezara el programa

Cine 54
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Por Valeria Martínez.- Cuando creíamos que nadie iba a igualar la intensidad vivida en la hoguera de confrontación de Melyssa y Tom del año pasado, La isla de las tentaciones 3 prendió el fuego de nuevo para convertirse en el escenario central de un reencuentro incendiario. Sin siquiera imaginárselo, Lola se ha visto en una tesitura que no le desearíamos ni a nuestro peor enemigo: ser ella misma la que confiesa a Diego sus juegos bajo las sábanas con Carlos cuando su novio, ingenuo de todo y convencido de que la chica estaba sufriendo por él, llegaba dispuesto a hacer las paces.

Una disparidad de emociones y realidades que quedó reflejada desde el comienzo de esta nueva edición del reality. Por un lado, con una Lola tan llena de dudas que se deja llevar con espontaneidad por cada momento y siempre midiendo tarde sus consecuencias, y a un Diego rencoroso que actúa, critica a su novia, besa a otra o reconoce su culpa, calculando sus pasos según actúe Lola.

En resumen, dos protagonistas de una ruptura anunciada…

Fuente: Twitter.com/islatentaciones/, Mediaset
Fuente: Twitter.com/islatentaciones/, Mediaset

Quizás no lo sabían, pero Lola y Diego forman una de las parejas más seguidas por los fieles seguidores de Mujeres y Hombres y Viceversa. Ese romance que surgió en el plató de Cuatro, donde el boxeador convertido en cantante era tronista, captó la atención del target más juvenil del programa, haciendo que ambos sumaran miles de seguidores en Instagram y tuvieran cuentas de fans dedicadas exclusivamente a ellos. Solían dar una imagen de tortolitos ideales, viviendo una vida tranquila en León pero juntos, románticos y felices con su perro Horus… pero qué diferente es la vida que muestran las redes sociales y la realidad que captan las cámaras.

Porque Lola y Diego no llegaron a La isla de las tentaciones 3 siendo esos tortolitos ideales de las redes. Todo lo contrario. Las tensiones, celos y disconformidad individual quedaron en evidencia desde los primeros días del programa. La posible ruptura de la pareja estaba a la vuelta de la esquina y poco a poco fuimos siendo testigos de los indicios.

Para empezar, Lola llegaba a la isla diciendo que era ella la que iba a poner a prueba a Diego después de sentirse traicionada por un videoclip que su novio grabó besándose con dos chicas sin advertirle primero. Y que, de superar la prueba, pues quería tener un hijo. Una revelación que ahora nos resulta insólita. Después de los primeros rifirrafes tras escoger sus primeras citas, con Simone y Carla, poco a poco fueron dejando entrever lo que cada uno llevaba dentro. No la imagen ideal de las redes, sino el verdadero estado de una relación que estaba más al borde de la crisis de lo que ellos quizás pensaban. Por su parte, Diego confesó a sus compañeros la desconfianza que sufría por parte de su pareja, que le había robado el móvil para leerle mensajes, que se había hecho pasar por él escribiéndole a sus amigos y hasta se creaba perfiles falsos para enviarle fotos de chicas y ver si lo pillaba en un intento de infidelidad. Y, entre medias, dejó caer que contestaba a algunas chicas de vez de cuando.

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Más tarde, y al ver que Lola empezaba a acercarse a Simone, soltó frases vengativas de soltero ligón, la criticó tachándola de vaga y de no tener dinero, asegurando que si tenían un hijo él no iba a ser el que pagara por todo para, acto seguido, besarse con Carla. Por parte de Diego, había indicios claros de que él no pensaba lo mejor de su pareja y que, en lugar de actuar por amor y el dolor que provocarían las imágenes a cualquiera, dejó que el rencor ganara la partida. Muy sano todo.

Y mientras tanto, esa supuesta obsesión tóxica de Lola contrastaba con la realidad que estaba viviendo en su villa. Y es que la chica no tardó en dejarse llevar, olvidar aquellos celos y arrimarse a Simone protagonizando momentos de tensión sexual que levantaron la temperatura de la piscina en más de una ocasión. Y en lugar de pensar en Diego, en cómo se sentiría al ver las imágenes y el futuro de su relación, su primer pensamiento fue qué pasaría con el perro en caso de ruptura. Horus, el Rottweiler que comparte la pareja, era su mayor preocupación inicial.

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Soy la primera que comprende el lugar que ocupan nuestros perros en casa y la vida familiar; pero plantearse el futuro de la pareja en base a la custodia del perro es otro cantar. “Que yo a Diego lo quiero mucho pero si yo lo dejo con él por 'x' razón, yo no me voy a morir porque sé tirar para delante sin un hombre, pero el perro…” decía llorando. Y es que Lola dijo que la naturalidad “rencorosa y vengativa” de su novio haría que le quitara al perro. En ese momento, Lola dejó claras sus prioridades. Diego, como novio, no lo era.

“Hombres hay muchos, pero el perro… solo es él” sentenciaba. “Perder a mi perro sería lo peor. Es que parece humano. No va a haber nunca un perro como él” añadía. Es decir, frases que no dijo nunca de su pareja hasta que empezó a arrepentirse días más tarde y, mientras tanto, seguía acercándose a Simone, bailando, abrazados y arrimándose al beso en la piscina.

Pero Lola también tuvo críticas sobre su relación, señalando a Diego como un “chico de rutina” que ella “acepta porque le quiere”, lo llamó frío y lo acusó de no darle el cariño que ella necesita. Incluso hubo otro indicio claro de ruptura cuando Lola le dijo a Sandra Barneda que se había dado cuenta que “el cuento de hadas” que era su relación “se perdió”.

Lola jugó tanto con fuego con el italiano que casi se termina quemando. Dijo que le atraía, que le “gustaría hacer de todo con él” y que “se volvía loca” cuando le besaba el cuello, mientras Diego se dejaba llevar en su villa también. Respeto y cariño, ese que sirve como fundamento de una relación, cero, nulo, inexistente.

Luego Lola entró en bucle, “arrepintiéndose”, rompiendo con Simone, llorando y proclamando su amor por Diego, para luego terminar cruzando los límites de su relación con Carlos bajo las sábanas. Un indicio más de una realidad de tonos grises, de disconformidad y dudas, que enfrío a Lola de golpe pero encendió el corazón de Diego, quien al verla “tan mal” por él, pidió esa hoguera de confrontación completamente ajeno al palo que le esperaba descubrir.

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Una relación donde el respeto y compromiso brilla por su ausencia. Las críticas mutuas, la falta de frenos de Lola, las venganzas de Diego, no son ejemplos de un amor con futuro a corto plazo. Quizás lo arreglen, con el tiempo, solo ellos sabrán. Pero lo que sí sabemos es que los indicios de posible ruptura estaban ahí, continuamente, frente a ellos y nosotros.

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Fuente de la imagen: Twitter.com/islatentaciones/, Mediaset