'Independence Day' casi comete un error imperdonable con Will Smith

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La gran mayoría de intérpretes famosos, por no decir todos, suelen tener una película o personaje al que deben el ascenso radical a la cima de Hollywood. O su declive precipitado. Y en el caso de algunos, la relación es evidente. Por ejemplo, ¿qué habría sido de la carrera de Will Smith sin Independence Day? El actor oriundo de Filadelfia se había encumbrado en televisión con El príncipe de Bel-Air entre 1990 y 1996, aunque el éxito cinematográfico se le resistía… hasta que llegó Roland Emmerich y su invasión alienígena.

Aquella película clave en la definición del término blockbuster revolucionó el verano de 1996 con una taquilla espectacular alrededor del planeta, e hizo que Will Smith se convirtiera en estrella en alza de la noche a la mañana. Sin embargo, hoy en día no recordaríamos ni hablaríamos de Independence Day con el mismo cariño cinéfilo, si la producción hubiera optado por el camino racista que estuvo a punto de tomar.

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El desarrollo de Independence Day fue fugaz. A Roland Emmerich se le ocurrió la idea durante una entrevista promocional de Stargate en 1995, cuando un periodista le preguntó por qué hacía una película que hablaba de extraterrestres cuando personalmente no creía en su existencia. En aquel momento respondió que imaginara cómo sería despertarse una mañana con naves alienígenas ocupando el cielo de las ciudades más grandes del mundo. En ese instante se dio la vuelta y confesó a su socio Dean Devlin que ya tenía la idea para su próxima película. Escribieron el guion en un mes y lo enviaron a 20th Century Fox, que no tardó en darle luz verde, dando el pistoletazo de salida a una superproducción a gran escala que logró terminarse en menos de un año.

Y si bien resulta imposible imaginar a otro actor en la piel del piloto Steven Hiller, la producción estuvo a punto de tomar otro camino. Roland Emmerich había visionado el personaje como un hombre afroamericano y tenía en mente el fichaje de Will Smith tras quedarse prendado de su actuación en Seis grados de separación (1993). Sin embargo, el estudio no quería saber nada de la idea. Según confesó recientemente Roland Emmerich a The Hollywood Reporter, el estudio les dijo “No, no nos gusta Will Smith. No ha sido probado. No hace trabajo internacional”, para luego justificar el rechazo por ser negro.

Dijeron, ‘si escoges a un actor negro en este papel, matarás el [mercado] extranjero’añadió el guionista y productor Dean Devlin ante el 25 aniversario del estreno el pasado 4 de julio. “Nuestro argumento era que la película es sobre alienígenas del espacio. Le va a ir bien en el extranjero. Fue una guerra enorme y Roland se mantuvo firme [por Smith], y finalmente ganamos la guerra”.

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Curiosamente, y en caso que no pudieran asegurar el contrato de Will Smith, el director había pensado en Ethan Hawke, pero le parecía que era demasiado joven y su presencia podría ser una combinación de dos personajes en uno -el de Steven Hiller y el experto en satélites David Levinson (Jeff Goldblum)-. El problema es que la “guerra” por fichar a Smith fue tan larga que cuando estaban preparados para comenzar el rodaje todavía no tenían ni al actor protagonista ni a Jeff.

Dicha guerra terminó gracias a la negociación arriesgada que hizo Emmerich. Según contó a THR, dijo a 20th Century Fox que la competencia, Universal Studios, lo estaba llamando cada día así que “denme esos dos actores o me mudo allí”. “No creo que hubiera sido una posibilidad pero fue una buena amenaza” confiesa ahora, 25 años después.

Pero el riesgo dio sus frutos. La película se convirtió en tal fenómeno de taquilla que a pesar de las malas críticas fue la cinta con mayor recaudación de 1996, por encima de Misión Imposible, con $817.4 millones (millones de euros). Y, por supuesto, catapultó a Will Smith hacia el estrellato definitivo. De los 2 millones que cobró de salario por Bad Boys un año atrás, en 1996 pasó a cobrar $5 millones por película para alcanzar los $14 millones poco después por Enemigo Público (1998). (iMDB

De todos modos, si el ejecutivo de 20th Century Fox que presuntamente se negaba al fichaje de Will Smith hubiera conseguido salirse con la suya, hoy Independence Day se enfrentaría a un grave contraataque mediático. Si la historia hubiera salido a la luz tras ser protagonizada por un actor caucásico, tanto la película como el estudio estarían en graves aprietos por haber temido la repercusión en la taquilla internacional solo porque el actor era negro. La anécdota se hubiera convertido en un ejemplo de crítica y apoyo para movimientos como #OscarsSoWhite -que criticó la falta de igualdad y oportunidades a la comunidad negra en Hollywood-, así como para las diferentes campañas en la lucha contra el racismo, los prejuicios y la desigualdad, siendo una excusa que la película misma y la historia reciente del cine han demostrado que, cuando se trata del público y su elección, no existe racismo alguno.

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