Los incendios europeos incrementan la huella de carbono del continente

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© Philippe Lopez, AFP

Los múltiples incendios que asolan Francia desde el inicio del verano han emitido cantidades récord de dióxido de carbono a la atmósfera, según datos satelitales. Los fuegos de España a mediados de julio también contribuyeron a aumentar las emisiones. El mismo cambio climático que desencadena estos incidentes se ve acelerado cuando los incendios reducen la cantidad de árboles capaces de absorber el carbono.

Eran 650 los bomberos que este martes 16 de agosto intentaban apagar varios puntos calientes que seguían ardiendo en el incendio de Landiras, en el sudoeste de Francia, que ya ha consumido 74 kilómetros cuadrados.

Pero en total son más de 600 kilómetros cuadrados de bosque los que han quedado destruidos en lo que va de año en Francia, más que cualquier otro año de la última década, según los datos del Sistema de Información Europeo de Incendios Forestales.

Además, el programa de observación ambiental de la Unión Europea Copernicus anunció el viernes pasado que Francia alcanzó su récord de emisiones de carbono por incendios desde que empezaron los registros en 2003.

"El calentamiento global facilita que los fuegos empiecen y se extiendan", explica Jean-Pascal van Ypersele, antiguo vicepresidente del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC). Añade que los fuegos se harán más frecuentes, por lo que "tendremos que prepararnos para tomar medidas que reduzcan el riesgo, gestionando los bosques y el agua de formas distintas, para que las consecuencias sobre los humanos y los ecosistemas no sean tan grandes".

"El cambio climático seguirá empeorando", sentencia van Ypersele, "si no logramos reducir las emisiones de dióxido de carbono".

Las emisiones de carbono empeoran la calidad del aire

Los incendios forestales emiten varios gases invernadero, especialmente dióxido de carbono, metano y óxido de nitrógeno, tóxicos para los humanos, además de partículas extra finas y alquitranes.

Al ser más y más intensos, los fuegos empeoran la calidad del aire que respiramos. Los incendios franceses emitieron entre junio y el 11 de agosto de este año casi un millón de toneladas de carbono, lo que equivale a las emisiones anuales de 790.000 automóviles. A este ritmo, el 2022 podría ser el peor año de emisiones por fuego desde que empezaron los registros en 2003.

En España, el récord ya se rompió durante la ola de calor de mediados de julio pasado, un periodo marcado por los violentos fuegos de Extremadura, en el sudoeste, y Galicia, en el noroeste. Los datos del Sistema Global de Asimilación de Fuego mostraron que el total estimado de emisiones de carbono por incendios en España entre el 1 de junio y el 17 de julio ya fue superior a la suma entre esos dos meses desde 2003 a 2021.

La ola de calor en la península Ibérica y el sudoeste francés "empeoró los fuegos", según Mark Parrington, científico del observatorio Copernicus. En total, quemaron más de 2.450 kilómetros cuadrados en España y más de 760 en Portugal.

Una vez se extinguen las llamas y el humo ya se ha disipado, se mide el impacto sobre el clima según cuántos árboles han quemado. Una vez se ha convertido en cenizas, la vegetación no puede ejercer su papel de "sumidero de carbono". La química atmosférica Sophie Szopa recordó recientemente que los bosques de Francia capturan aproximadamente el 25% de las emisiones de dióxido de carbono del país.

"Los sumideros de carbono en Francia llevan disminuyendo desde 1990, en parte por el crecimiento demográfico y por las sequías. Los incendios son una presión añadida", explica la especialista.

Un bosque quemado puede tardar 30 años en absorber la misma cantidad de carbono que se emitió durante su incendio.

La alta polución de ozono

Además de los incendios y las emisiones de carbono, cada pico de calor también conlleva un incremento de los niveles de ozono, según reportó Copernicus la semana pasada.

Este gas, incoloro y altamente irritante, se forma cuando el sol interactúa con emisiones de energía fósil y la polución provocada por los coches y las fábricas. Sucede de forma natural a gran altura, pero en un nivel más superficial este gas termina convirtiéndose en una niebla tóxica que daña los ecosistemas y la salud humana.

"Los impactos potenciales de esta polución por ozono en la salud son considerables, tanto en enfermedades respiratorias como cardiovasculares", explica Parrington en el informe de Copernicus. "Cifras altas pueden conllevar síntomas como dolores de garganta, tos, dolores de cabeza y un mayor riesgo de ataques de asma. La Alianza por el Aire Limpio estima que la contaminación de ozono causa aproximadamente un millón de muertes adicionales al año. Es por eso que es crucial monitorear los niveles superficiales de ozono".

Un estudio publicado por investigadores canadienses en la revista científica Science expone el impacto negativo del humo de los incendios forestales en la capa de ozono. Basándose en las consecuencias de los fuegos de 2019 y 2020 en Australia, los investigadores demuestran que el humo que llegó a la atmósfera provocó una caída en la concentración de ozono y un aumento en los gases clorinados. Concluyen que estas alteraciones crean "agujeros" en la capa de ozono, similares a los que se observaron en 1980.

Van Ypersele asegura que "estemos listos o no, nuestras sociedades se verán forzadas a reducir la huella de carbono si queremos dejarles a nuestros hijos y nietos un planeta habitable".

Si no, el mundo seguirá atravesando eventos incluso más "extremos como los que vemos ahora o los que hemos vivido en el pasado", agrega.

Aunque el antiguo funcionario del IPCC reconoce que la tecnología puede tener un papel importante en la lucha contra el cambio climático, también apunta que el problema de fondo es que el 80% de la energía global necesita energía fósil como el carbón, el petróleo y el gas, para funcionar.

"Si no hacemos un cambio fundamental en el sistema, que muchas veces se centra en el provecho a corto plazo sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo de las decisiones que tomamos, entonces desgraciadamente el clima se verá afectado", lamenta.

"Creo que, en términos generales, nunca hacemos suficiente para reducir la emisión de gases invernadero, porque mientras estas emisiones sean mayores a cero, teniendo en cuenta tanto lo que se libera como lo que absorbe la naturaleza, la alteración seguirá existiendo. Y estamos muy lejos de tener emisiones cero".

Según la perspectiva de van Ypersele, el objetivo europeo de llegar a estos niveles cero para 2050 está "muy lejos". "Tenemos todavía mucho más por hacer", concluye.

*Este artículo es una adaptación de su original en francés