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El impacto duro del coronavirus en la América rural y empobrecida

Varias personas colocan el ataúd de una persona fallecida por coronavirus en el coche fúnebre, en Dawson, Georgia (Estados Unidos). En el condado, un tercio de los fallecidos era afroamericano cuando la población negra solo representa un 14% del total. (AP Photo/Brynn Anderson)

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Nueva York, Madrid o Lombardía han sido algunas de las regiones del mundo más afectadas por el coronavirus. Sus amplias poblaciones han sufrido las duras consecuencias de la pandemia, pero más allá de ellas el COVID-19 también ha afectado mucho a lugares más pequeños y apartados.

Es por ejemplo el caso de la América rural. De los 10 condados estadounidenses con la tasa de mortalidad per cápita más alta por el coronavirus, 6 se encuentran en el suroeste del estado de Georgia. Se trata por lo general de una población muy empobrecida y vulnerable, una buena parte de ellos afroamericanos.

Durante años, las empresas han cerrado, los jóvenes se han ido yendo y el hospital más cercano queda a una hora de distancia en ambulancia. La situación ya era mala antes del coronavirus, con una esperanza seis años menor que en el resto del país, pero ahora ha empeorado.

Cada muerte en estas zonas poco pobladas, pero donde la epidemia se ceba con ferocidad, es dolorosa. Todos se conocen y lamentan la situación. Uno de los fallecimientos que más han impactado a la comunidad en la localidad de Dawson ha sido el de la pareja que formaban Benjamin Tolbert y Nellie Mae. Llevaban más de 30 años casados y el COVID-19 ha acabado con la vida de los dos, con solo dos días de diferencia.

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