Cuánto se tarda en reponerse de un ictus y qué secuelas deja

Mónica De Haro
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Parálisis facial, rostro caído y/o boca torcida son síntomas que podrían indicar un ictus o infarto cerebral. La pérdida de sensibilidad en una parte del rostro es otro signo reconocible. Estas serían las pistas para saber si has tenido un ictus o estás sufriéndolo. (Foto: Getty)
Parálisis facial, rostro caído y/o boca torcida son síntomas que podrían indicar un ictus o infarto cerebral. La pérdida de sensibilidad en una parte del rostro es otro signo reconocible. Estas serían las pistas para saber si has tenido un ictus o estás sufriéndolo. (Foto: Getty)

"Sigo de baja. Por desgracia, me cuesta hacer muchas cosas. Estoy recuperando la memoria, vocabulario. Todas las secuelas son del cerebro. Me cuesta hablar y las palabras se me traban. También se me olvidan cosas...". Con estas palabras José Campos hace balance de su vida actual y confiesa que a pesar de todo se siente afortunado porque "podría estar en una silla de ruedas".

El empresario cántabro ha querido contar como se encuentra tras el ictus que sufrió el pasado 17 de marzo para dar a conocer las dificultades a las que se enfrenta y cómo se vive después de un ictus. Y es que el ictus es una enfermedad más discapacitante que letal, considerándose la primera causa de discapacidad en el adulto, la segunda causa de muerte (primera en mujeres españolas) y segunda causa de demencia después de la enfermedad de Alzheimer.

Además, el ictus es la causa más frecuente de ingreso en los servicios de neurología y de prolongación de la estancia hospitalaria, según The Burden of Stroke in Europe. Actualmente, el ictus tiene una elevada incidencia, estimándose una media de 200-250 casos por cada100.000 habitantes y por año. En Europa, cada año mueren 650.000 personas por esta enfermedad, 40.000 de las cuales en España donde se detectan 120.000 nuevos casos anuales, según se recoge en el estudio Iberictus y del Atlas del Ictus de España.

Detectarlo a tiempo es fundamental para salvar la vida del paciente y reducir la probabilidad de secuelas posteriores

La buena noticia es que el 90 por ciento de los casos se pueden prevenir. El cuerpo avisa ante un posible ictus, y conocer esas señales es crucial, ya que se ha demostrado que en los pacientes tratados desde el primer momento se reduce la mortalidad y la discapacidad generada por las secuelas de la enfermedad.

Conocido como infarto cerebral, trombosis, embolia, derrame cerebral, apoplejía, etcétera, el ictus ocurre cuando se produce una rotura o bloqueo de un vaso sanguíneo que impide el correcto flujo sanguíneo hacia una parte determinada del cerebro.

El ictus de tipo isquémico es el más habitual en aproximadamente el 86 por ciento de los casos versus el ictus hemorrágico, que asciende a un 14 por ciento de los casos.

Después de un ictus hay muchas actividades cotidianas que cuesta realizar con normalidad, como llevarse un tenedor a la boca. En minutos, se puede destruir parte del cerebro y tener consecuencias permanentes si no se trata a tiempo. (Foto: Getty)
Después de un ictus hay muchas actividades cotidianas que cuesta realizar con normalidad, como llevarse un tenedor a la boca. En minutos, se puede destruir parte del cerebro y tener consecuencias permanentes si no se trata a tiempo. (Foto: Getty)

Contrariamente a lo que se piensa, el impacto en la salud femenina es mayor

Mucha gente sigue pensando que es una enfermedad propia de edades avanzadas, y aunque es cierto, el ictus también es muy frecuente en las personas jóvenes ya que el estrés puede ser uno de sus desencadenantes. El ictus puede afectar a cualquier persona de entre 20 y 64 años. En propio Campos cuenta que "Estoy con revisiones y haciéndome pruebas, porque todavía no saben el motivo. Yo me cuidaba, ni fumaba ni bebía".

Los principales factores de riesgo son la hipertensión, el colesterol alto, la obesidad, la diabetes, el sedentarismo y la fibrilación auricular (una arritmia cardiaca).

Además, el ictus también presenta algunas características especiales en las mujeres, "debido a las diferencias biológicas por la influencia hormonal durante la vida fértil y los cambios que se producen posteriormente en la menopausia. Esto condiciona un perfil de riesgo específico de la mujer”, explica la doctora María Alonso de Leciñana, coordinadora del grupo de estudio de enfermedades cerebrovasculares de la SEN. Es la razón por la que

Por otro lado, no conocer sus síntomas es en sí una causa de agravamiento, ya que la atención temprana es clave para atajar el daño cerebral. Según Freno al Ictus, aunque las mujeres tienen en general algo más de conocimientos previos sobre la enfermedad que los hombres, prestan menos atención a las señales de aviso y pasa más tiempo hasta que reciben atención urgente.

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La actividad física y el ejercicio después del accidente cerebrovascular pueden mejorar la condición cardiovascular, la capacidad de caminar y la fuerza del brazo. (Foto: Getty)

Claves para identificar si nos está pasando o si alguien a nuestro alrededor lo está sufriendo

  • Dolor de cabeza muy intenso, diferente a cualquier otro tipo de cefalea.

  • Pérdida repentina y brusca de fuerza en la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.

  • Sensación de hormigueo en la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.

  • Pérdida súbita de visión, parcial o total, en uno o ambos ojos.

  • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse.

  • Sensación de vértigo intenso, inestabilidad o desequilibrio.

“Uno solo es suficiente para actuar. Una atención temprana reduce secuelas y facilita la reincorporación social y laboral”, recuerda la asociación.

Máxima capacidad de recuperación en los primeros meses

Una de las razones por las que es fundamental evaluar cualquier señal de un ictus es que el daño cerebral empeorar durante las primeras 24 horas. Por eso es tan importante iniciar la rehabilitación en los primeros sesenta días tras el ictus y aprovechar la 'neuroplasticidad' con el fin de 'revertir' el daño cerebral.

Durante los primeros meses después de un ictus es cuando la recuperación funcional es mayor. El grado de recuperación dependerá, entre otros factores, de la severidad de la lesión, de la capacidad de cada persona para afrontar la rehabilitación y del tipo de rehabilitación (si esta es intensiva, engloba todas las áreas afectadas o solo algunas).

Las secuelas de un ictus varían en función de la persona, de la zona del cerebro afectada, del tipo de ictus y de los factores de riesgo en general. Normalmente, las consecuencias de se ven reflejadas en la parte del cuerpo contraria a la zona del cerebro donde se haya interrumpido el flujo sanguíneo.

Por eso, cuando se produce un ictus es preciso hospitalizar al afectado para determinar la causa y el tipo de ictus sufrido y prevenir posibles complicaciones.

Los datos generales indican que alrededor de un 85 por ciento de las personas que han sufrido un infarto cerebral presentan un déficit en las extremidades superiores y que meses mas tarde persisten problemas en el 55-75 por ciento de los pacientes.

Por otro lado, las secuelas del cerebro (memoria, habla, vocabulario...) también son muy comunes. En concreto, la afectación del lenguaje en mayor o menor grado es frecuente en los ictus que afectan al hemisferio izquierdo del cerebro. En estos casos es importante que se haga una rehabilitación logopédica para mejorar la comprensión y la expresión, que debe comenzar cuando el paciente se encuentra estable a nivel clínico.

Infografía de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN) que resume las características principales del ictus.
Infografía de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN) que resume las características principales del ictus.

Después de sufrir un ictus, el cerebro intenta recuperar las funciones perdidas de forma espontánea reestructurando el tejido sano. Con la rehabilitación lo que se consigue es potenciar exponencialmente y guiar la reestructuración en el tejido cerebral sano que se va a producir durante los próximos meses

Pero es importante señalar que la rehabilitación no consigue eliminar el daño cerebral producido por el ictus, sino que se orienta a minimizarlo y a mejorar la adaptación del paciente al día a día. Puede requerir que éste tenga que volver a educarse en aspectos básicos como la movilidad, el equilibrio, la percepción espacial y corporal, el control del esfínter, el lenguaje y darle nuevos métodos de adaptación psicológica y emocional.

El tratamiento exige la coordinación y colaboración de profesionales como neurólogos, rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, psicólogos, etc.

El tiempo que dure la rehabilitación dependerá de los déficits que el afectado presente. Gran parte de los avances ocurren en las primeras semanas o meses posteriores al ictus. A partir de ese momento, podrá seguir haciendo progresos, pero a un ritmo más lento.

Las principales dificultades de los pacientes tras sufrir un ictus son, por este orden: andar deprisa, realizar tareas domésticas, subir escaleras, llevar objetos pesados, ir de compras, caminar, aguantar la orina y vestirse.

Por ejemplo, "muchas veces en la evolución tras una lesión cerebral se observa que el paciente a pesar de recuperar movilidad en la mano y en el brazo afectados, tiende a no utilizarlos en tareas cotidianas (vestirse, asearse, comer …) De alguna forma el cerebro “aprende a no utilizar” el lado que no funciona bien", explica el doctor Juan Marín, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de la Red Menni de Daño Cerebral.

La recomendación general es que los supervivientes de ictus hagan ejercicio al menos tres días a la semana durante entre 20 y 60 minutos, dependiendo de su capacidad funcional individual. Hay programas de rehabilitación basados en fomentar la actividad del lado afectado, restringiendo la movilidad del lado sano; son efectivos para paliar este problema. La terapia se llama CIMT (Constraint Induced Movement Therapy), consiste en restringir la movilidad de la parte sana (con un cabestrillo o férula) para forzar la actividad del lado afecto durante varias horas al día.

"Cualquier cosa es mejor que sentarse en el sofá", concluye el experto que asegura que el ejercicio puede mejorar los síntomas depresivos, la función cognitiva, la memoria y la calidad de vida después del accidente cerebrovascular.

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