Ian Gillan (Deep Purple): "Si cerramos los ojos, la música lo es todo"

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Alberto Santacruz

Mérida, 20 sep (EFE).- Escuchar a Deep Purple fue, es y seguirá siendo una de las experiencias musicales más absolutas, más aún si es en directo; es como poner acordes y letras a una introspección previa para que el público la haga suya en su ADN. "Si cerramos los ojos, la música lo es todo", afirma su cantante, Ian Gillan, en una entrevista concedida a EFE.

No importa la edad, ni el tiempo trascurrido... es como un reloj de arena al que nadie da la vuelta, pero que curiosamente siempre está lleno en su parte alta. Deep Purple sigue siendo Deep Purple, a pesar de sus casi 55 años como grupo y los diversos cambios que ha registrado a lo largo de este tiempo entre sus integrantes.

"Dios mío, me hacen sentir viejo", afirma Gillan (1945) cuando se le exponen como si fuera un abanico algunas cifras: sus 77 años de edad, los casi 55 como grupo, el 50 aniversario de la icónica "Smoke on the water" y los más de XX siglos del Teatro Romano de Mérida, donde este viernes ofrecen un concierto en el marco del Stone Music Festival y con el que inician su nueva gira europea.

Tras un descanso de algunos meses, "nos sentimos llenos de energía y la vamos a llevar a Mérida -Sevilla al día siguiente- y lo vamos a dar todo", asevera Gillan, quien mantiene su eterna filosofía de que lo importante de un concierto es que "el público sienta la música y, especialmente, se involucre con ella".

El grupo, una de las referencias sin equívocos del hard rock y sus derivados posteriores, ha diseñado una lista de canciones para este concierto con "la que estamos felices". Sin adelantar títulos para "no arruinar la sorpresa", Gillan sí apunta que habrá canciones muy conocidas, algunos temas relativamente nuevos y otros que al inicio no serán rápidamente reconocidos, pero en su desarrollo sí.

"Es un sendero musical interconectado de forma fluida, algo que uno debe hacer cuando ya son muchos años". Es un compendio de "viejo, nuevo e improvisación".

No faltará "Smoke and the water", cuyos acordes han escuchado, tarareado o interpretado millones de personas desde que saliera a la luz casi por casualidad en 1972. "El éxito de la canción no lo esperaba. Fue una añadido no contemplado" al disco "Machine Head", el sexto álbum de estudio del grupo.

"De verdad, ni siquiera estaba pensada inicialmente para incluirla en el disco", remarca Gillan. "Un día antes de terminar de grabar ese disco" en Montreux (Suiza), "el ingeniero de grabación nos dijo que faltaban siete minutos para completar una cara" del vinilo.

Como no había tiempo para escribir algo nuevo, el grupo optó por poner letra a unos acordes musicales "que ya teníamos -los conocidos por todos- y así fue". La letra hace referencia al incendio del casino de esta ciudad suiza en 1971 durante un concierto y la contemplación del humo sobre el lago Lemán.

"Cuanto la tocamos por primera vez en directo -apunta- sentimos que el público la acogió con mucha satisfacción. Su duración fue reducida a 3'15" y se grabó un single".

El éxito comercial fue "una auténtica sorpresa. Fue un shock, ya que nosotros no teníamos un molde comercial como banda, no nos sentíamos una banda comercial", reconoce y reitera Gillan.

"El rock vive en el corazón y en el alma. Si una persona sigue con los valores del rock, este sigue vivo y está sano", responde el cantante al ser preguntado por unas declaraciones del bajista de KISS, Gene Simmons, quien dijo que el rock había muerto, a la vez que hablaba de las repercusiones negativas que suponen las descargas gratuitas y su distribución.

Aunque Gillan huye de la palabra "pirateo", sí considera que esta práctica es algo desafortunada, "un poco preocupante", pero más por la calidad y la cantidad que por el hecho económico, con especial énfasis en las grabaciones que el público realiza de los conciertos a través de sus móviles.

"A mí no me gusta, y creo que al resto del grupo tampoco, el hecho de grabar y distribuir un material de baja calidad. No es nada bueno para los seguidores" de la banda. Lejos de ser más crítico, Gillan considera que en "la vida hay un montón de cosas malas, pero hay que seguir y convivir con ello".

Remarca que "la única manera de disfrutar un directo es estar presente con los cinco sentidos y sin distracciones; vivir la experiencia". Tampoco hace leña -ni la da- al hablar de las denominadas 'bandas tributos'.

A su juicio, "no hay seguidores de bandas tributo. Es un público que oye canciones que otros crearon". "Quienes van a escuchar a estas bandas quieren oír canciones que no son de ellos, sino canciones que crearon otras bandas", remarca el cantante, quien considera, no obstante, que en el mundo de la música "hay un sitio" para todos.

De hecho, merced a ese amplio espacio que ofrece la música a través de sus distintos géneros, estilos e interpretes es lo que, a su vez, enriquece la música. "La multiculturalidad y la sinergia de estilos es un elemento incontestable", asevera.

Su concepción musical, al margen de la banda, comenzó con la ópera, "de la que me quedé profundamente impresionado". A ello se sumó el piano de su padre. "Él tocaba 'boogie-woogie' -un estilo muy rápido- y esa sensación entró en mi alma y en mis venas" para siempre.

Luego llegaron los sonidos de Elvis Presley, Little Richard, Bob Marley, el funk, la música folclórica y otros estilos. Gillan siempre ha buceado en todos los mares musicales. "¡Dónde estaríamos sin ellos, sin la contribución de estas personas a la música!", exclama.

(c) Agencia EFE