"A hundred flowers", el alzheimer llega al festival de la manera más poética

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San Sebastián, 20 sep (EFE).- El escritor, guionista y cineasta japonés, Genki Kawamura, ha convertido la historia de su abuela, que murió de alzheimer hace unos años, en la poética "A hundred flowers", una delicadísima y hermosa cinta que se presenta en el Festival de cine de San Sebastián protagonizada por la carismática Mieko Harada, actriz que trabajó en dos películas de Akira Kurosawa.

La película, que adapta una novela del propio Kawamura, narra la evolución hacia el olvido del cerebro de una mujer que guarda muchos secretos; a través de pequeños "flashback" que poco a poco van incorporando a su vez momentos del pasado de los protagonistas, el director logra transmitir los saltos que la mente de esta mujer, pero también la de su hijo, viven en el día a día cotidiano.

Director y actriz, que ofrecieron hoy una rueda de prensa, saludaron en español, él, con un simple "hola", pero ella armó una frase completa: "Estoy deseando ver cómo se recibe esta película en el mejor festival del mundo", una inquietud que resolverá esta noche en su pase oficial al que piensa acudir vestida con el kimono tradicional japonés, según han contado a Efe fuentes de su entorno.

"Utilicé como modelo a mi propia abuela, que murió de alzheimer hace siete años, y cuando dejó de reconocerme, me di cuenta de que a pesar de que había olvidado muchas cosas, las flores que veía en distintos sitios le traían recuerdos. Por eso el título", comenta. "A hundred flowers" significa "cientos de flores".

La cámara sigue, casi siempre en plano secuencia, a una mujer mayor, no muy anciana, que repite en bucle una frase: "quiero ir a ver los fuegos artificiales a la mitad", aparentemente incoherente -es una de las claves de su secreto-, sentada en un columpio en un parque. Se ha perdido y su hijo Izumi (Masaki Suda) la está buscando. Es Nochevieja y también su cumpleaños.

Según se va confirmando el deterioro cognitivo de Yuriko, Kawamura va desvelando que abandonó al niño cuando era pequeño; la culpa y el arrepentimiento de ella -siempre en expresiones muy contenidas, aunque evidentes para la cultura japonesa- chocan con la frialdad del hijo, que no puede perdonar lo que no comprende.

"Mi abuela se escapó de casa con un hombre que le gustaba dejando atrás a sus hijos, y aunque ella era incapaz de hablarlo con sus hijos o aparentar culpa antes ellos delante de mi sí lo hacía, ante mi que era el nieto", señala.

El director supo entonces que "esos sentimientos no se olvidan y al final, cuando llegan algún momento de tu vida, se abren todos a la vez, como si fueran flores"

Harada ha compartido que también su madre tuvo alzheimer y pudo incorporar a su interpretación infinidad de detalles que fue almacenando durante su enfermedad, incluso llegó a grabar algunos momentos con ella que compartió con el director. "Me inspiré en ella", ha dicho.

La legendaria actriz se quejó someramente de que "había sido duro" rodar todo el rato en plano secuencia porque "le tuve que dedicar mucha energía a interpretar". Ella da vida a la misma mujer en los dos momentos claves de la vida del hijo, cuando tiene ocho años y le abandona, y la madre adulta y enferma.

Harada ha recordado cómo fue rodar con Kurosawa: "En aquel momento la impresión que más era la sensación de tensión continua, te sentías muy presionado, por eso quizá, aunque hayan paso 30 años, lo recuerdo claramente. Pero aprendí, y no he olvidado, que con el esfuerzo de todos se puede lograr un buen producto".

La película une y mezcla constantemente recuerdos y presente, sueños y realidad, pensamientos de la mujer que huyó y de la madre y casi abuela que es hoy Yuriko.

"En Cannes ya presenté un corto sobre cómo funciona nuestro cerebro, ahora, por ejemplo, mientras estoy aquí nervioso por la rueda de prensa me vienen imágenes del jamón que me comí anoche. Mi cerebro no diferencia", ha dicho.

A la actriz le costó un poquito entender las intenciones del director; "cuando empezamos a filmar, me sentí intranquila, yo creía que había quedado bien y el decía 'no'. Le daba mas importancia al trasfondo de la escena que a la escena misma".

Kawamura reconoce que llevar al cine su propia novela le pareció la mejor forma para acercarse a su abuela, "que ella lo comprendería mejor convirtiéndolo en imágenes".

"Como espectadora, creo que el cine debe tener pocos diálogos, es bueno ver en imágenes cosas que no podemos expresar con palabras. Tenemos dentro muchas mas cosas, el cine debe centrarse en expresar eso, quizá por eso el cine japonés les gusta tanto a los occidentales", ha dicho Harada.

(c) Agencia EFE