Hugo Molina: el riesgo de una fama precoz que acabe en juguete roto

Hugo Molina durante una de sus actuaciones.

Hugo Molina ha cautivado a la audiencia española con tan solo tres años de edad y con dos virtudes en su haber: ser un chiquillo con gracia y contar con un gran talento como tamborilero. Gracias a eso, el niño se metió en el bolsillo a los corazones del jurado de Got Talent y a millones de espectadores que siguieron su aventura en el célebre programa televisivo. Es así como la vida de Molina quedará marcada de por vida por este evento, lo que no se sabe es si lo hará para bien, para mal, o como un mero recuerdo. 

Los riesgos de exponer a un crío de esa edad frente a una audiencia de más de tres millones de espectadores que le alabarán por la calle, le reconocerán en el cole y le reirán las gracias, son máximos. Cada quién toma las decisiones que crea oportunas para sí y para sus hijos, pero el precio que se puede pagar por una fama tan precoz podría ser infinitamente mayor que lo embolsado por ganar el concurso. 

Gestionar esta situación tan tempranera será una tarea que los padres del chiquillo deberán solventar con mucha inteligencia, porque ser un diamante en bruto no significa que su brillo sea eterno. Son demasiados los casos de niños que adquirieron una popularidad repentina de pequeños y que han acabado en los listados de artículos de prensa con titulares como “¿Qué fue de el niño de ‘El sexto sentido’?” Pues que al cumplir la mayoría de edad tenía sobrepeso, fue detenido por la policía por conducir ebrio, y le dio por consumir otro tipo de drogas algo más duras. 

Los peligros son muchos y tienen un origen específico: la gestión de las expectativas. Muchos rasgos importantes del carácter de los niños se suele formar en gran medida durante los cuatro primeros años de vida. Hugo se ha convertido en una estrella a los tres, y está por ver de qué manera moldea su personalidad. Si es para bien, genial; si es para mal, los que una vez le admiraron pegados al televisor no dudarán en juzgarle sin contemplaciones. Ni siquiera el canal televisivo que se encargó de elevarle a las máximas alturas movería un dedo por él. Así es el mundo de la fama de productos como Hugo, la vía que justifica los 3.1 millones de espectadores que presenciaron la gran final desde, un share del 18,1 por ciento, toda una victoria para continuar una temporada más, para seguir fabricando éxitos individuales con el fin de llenarse los bolsillos. 

Haley Joel Osment es el niño del ‘El sexto sentido’, y no es el único que tocó el cielo antes de caerse y convertirse en un juguete roto. Algo parecido sucedió en España con algunos de los actores de ‘Verano azul’. A nivel internacional, Macaulay Culkin es quizás uno de ls casos más sonados de niño que conquista los corazones de más de medio mundo con una carrera artística encumbrada con tan solo 10 años de edad gracias a la saga de ‘Solo en casa’. Su éxito comenzó a torcerse cuando tuvo que ir a los tribunales para ver qué pasaba con la fortuna que había recaudado. Desde entonces, a Culkin se le conoce más por sus escarceos con las drogas, sus detenciones, sus visitas a clubes de alterne y por ser protagonista de su propia película: la del fracaso, la de la perdida de identidad, la de haber crecido pensando que era alguien que no se corresponde con la realidad. Una cuestión de expectativa, al fin y al cabo. 

Macaulay Culkin. REUTERS/Mike Blake

Hay más casos, la actriz de la célebre serie de los años noventa, ‘Cosas de Casa’, Jaimee Foxworth, también ha tenido que acudir en numerosas ocasiones a clínicas de desintoxicación y acabó protagonizando películas pornográficas. Tracey Gold, de ‘Los problemas crecen’; Edward Furlong, el niño de Terminator 2… y otros casos del pasado como los de Judy Garland, Dorothy en el clásico del celuloide, ’El Mago de Oz’; Natalie Wood, de ‘Rebelde sin causa’. Algunos más dramáticos que otros, pero todos con un devenir que nada tenía que ver con la imagen que proyectaban de niños. 

Obviamente los hay muchos juguetes que nunca se rompieron en su transición a personas de carne y hueso, pero todo depende de muchos factores, y quizás el más importante sea el de cómo los padres gestionan la nueva realidad de los pequeños. El reciente éxito de Hugo hace que su futuro sea tan incierto como el de cualquier niño de tres años de edad. Ojalá que se convierta en un tamborilero o músico venerado y con los pies en el suelo, o que el curso de su vida sea el convencional de cualquier estudiante. Un porvenir en el que su paso por Got Talent y su salto a la fama le pase una una factura negativa debería plantear la pregunta a los padres de si de veras merece la pena exponer a sus hijos a este tipo de presión. 

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