Por qué no descansaré hasta que Hugh Jackman tenga su Óscar

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A Hugh Jackman se le vincula sobre todo con Lobezno, pero el actor australiano es mucho más que el famoso mutante de Marvel. Sí, gracias a X-Men su popularidad se disparó en todo el mundo y pasó a obtener el estatus de icono del cine de superhéroes, pero ya tenía a sus espaldas una carrera muy prometedora en cine y teatro, una trayectoria más que digna que habla por sí sola y que ha seguido evolucionando muy favorablemente.

Desde que lució las garras de adamantium por primera vez en el año 2000, Jackman no ha dejado de demostrar su enorme versatilidad como actor y como artista en general, llegando a ser nominado a su primer Óscar en 2012 por Los miserables. Sin embargo, el premio se le resiste, quizá por los proyectos que elige o quizá porque la Academia (que confió en él para presentar la gala) no lo tiene tan en cuenta como a otros intérpretes. Con 52 años recién cumplidos, Jackman parece más empeñado que nunca en demostrar que merece el Óscar. Y yo no descansaré hasta que se lo den.

(Abraham Caro Marin; Gtres)
(Abraham Caro Marin; Gtres)

De Australia han salido muchos de los actores y actrices más queridos de Hollywood en la actualidad: Nicole Kidman, Cate Blanchett, Chris Hemsworth, Rose Byrne, Margot Robbie, Toni Collette… Algo tiene este país que no deja de exportar talento que no solo triunfa en pantalla, sino que además cae bien fuera de ella y levanta pasiones entre los cinéfilos. Y precisamente Jackman es el ejemplo paradigmático de australiano que es buen actor y además, por lo que parece, también buena persona.

Pero remontémonos al comienzo. Jackman nació el 12 de octubre de 1968 en Sídney, de padres británicos que inmigraron a Australia un año antes de su nacimiento -de ahí que tenga la doble nacionalidad australiana y británica. Él es el segundo de cinco hermanos. Sus padres se divorciaron cuando tenía solo 8 años y él se quedó en Australia con su padre y dos de sus hermanos. Sin embargo, desde pequeño, Hugh soñaba con ver el mundo. En la escuela encontró la pasión que más adelante le ayudaría a cumplir este sueño: la interpretación. Pero no fue hasta la universidad, donde estudió para ser periodista, cuando se dio cuenta de que quería probar suerte como actor.

Jackman cuenta que la vez que se sintió más vivo en los tres años de carrera fue interpretando al protagonista de El Memorándum del checo Václav Havel en un curso de teatro al que se apuntó solo para conseguir créditos extra. En ese momento fue cuando tomó la decisión de intentarlo en el mundo de la interpretación. “Cuando me gradué dije ‘le doy cinco años de prueba y vuelvo al periodismo’”, contó a Xtra en 2011, pero esos cinco años se convirtieron en diez, luego en quince… y el resto es historia.

Todavía sin la idea de ganarse la vida como actor en la cabeza, Jackman estudió interpretación en Sídney y no tardó en recibir sus primeras ofertas. Recién salido de la universidad, le ofrecieron un papel en la longeva telenovela australiana Neighbors (cantera de actores en la que dieron sus primeros pasos Russell Crowe, Guy Pearce y los hermanos Hemsworth entre muchos otros), pero lo rechazó para seguir estudiando en un arrebato de perfeccionismo y ambición. Si se iba a dedicar a esto, tenía que ser el mejor.

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O incrível Hugh Jackman completa hoje 52 anos 🥳

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Su carrera profesional despegó en la televisión a mediados de los 90 con un papel fijo en la serie Correlli, donde conoció a su futura esposa, Deborra-Lee Furness, con la que lleva desde entonces. La serie duró solo una temporada, pero le dio al amor de su vida. Paralelamente, Jackman empezó a desarrollar su pasión por los escenarios en teatros australianos. Interpretó a Gastón en La Bella y la Bestia, a Joe Gillis en El crepúsculo de los dioses, hizo musicales, cabaret, presentó espectáculos… Y de ahí dio el salto al West End de Londres, donde empezó a llamar la atención a finales de los 90 interpretando al protagonista de Oklahoma!, trabajo que le valió una nominación al prestigioso Olivier Award a mejor actor de musical. Ese fue el comienzo de una carrera ascendente en la que el teatro ha jugado un papel esencial en su evolución como actor.

Y entonces llegó Lobezno (o Wolverine, como prefieran). En 2000, Jackman se convirtió en el icónico personaje de Marvel a las órdenes de Bryan Singer en X-Men, una de las películas que inaugurarían la etapa moderna del cine de superhéroes. El personaje fue originalmente escrito para Russell Crowe (compatriota y buen amigo cuyos caminos se han cruzado constantemente), pero finalmente fue a parar a Jackman, a pesar de que su mujer le aconsejó no aceptarlo porque sonaba “ridículo”. Fue el propio Crowe quien lo sugirió al estudio y convenció al actor después de él mismo rechazar el papel porque acababa de filmar otra superproducción, Gladiator (Digital Spy) -y no sería la primera vez que ocurriría algo así, como veremos ahora.

Es decir, se puede decir que Jackman debe su fama a Crowe...

A pesar de que con su 1,90m de altura Jackman le saca 30 centímetros al personaje original en los cómics, el actor consiguió hacer suyo el personaje, conquistó al público y se convirtió en la principal atracción de la saga mutante, donde interpretó a Lobezno en un total de nueve películas que culminaron en la aclamada Logan, donde se despidió para siempre del personaje que le había cambiado la vida y el físico. En 2017 recibió el Récord Guinness a la carrera más longeva como superhéroe de Marvel en el cine, honor que comparte con Sir Patrick Stewart, que interpreta al Profesor Charles Xavier en la misma franquicia.

Pero como decía al comenzar este texto, Jackman es mucho más que Lobezno. En 2001 recibió su primera nominación al Globo de Oro por Kate & Leopold, comedia romántica coprotagonizada por Meg Ryan y dirigida por James Mangold, que años después volvería a dirigirlo en Lobezno inmortal y Logan. Y mientras la saga X-Men se expandía, lo vimos en toda suerte de proyectos: Operación Swordfish, Van Helsing, Scoop, La fuente de la vida, El truco final (El prestigio) o Australia -en esta última sustituyendo una vez más a Russell Crowe-, poniéndose a las órdenes de cineastas tan diferentes como Darren Aronofsky, Christopher Nolan, Baz Luhrmann o Woody Allen y demostrando así su versatilidad. Jackman vale para drama, comedia, romance, fantasía, acción… y lo que le echen.

Después de coronarse como icono de Marvel y héroe de acción, en 2012 llegaría el papel por el que la Academia por fin reconocía su talento con una nominación a mejor actor, el de Jean Valjean en Los miserables, de Tom Hooper (con la que por fin coincidía en gran pantalla con... lo han adivinado, Russell Crowe). Jackman volcaba en el film su pasión por el teatro musical en una interpretación desgarradora donde se dejó la piel (y unos cuantos kilos de músculo), realizando una transformación física y psicológica que impresionó a medio mundo y le dio su primer Globo de Oro. El Óscar se lo llevó Daniel Day-Lewis por Lincoln, pero la nominación valió para subrayar a Jackman como serio candidato al premio en el futuro.

Rozar la estatuilla dorada reenfocó su carrera hacia papeles aparentemente más diseñados para la temporada de premios. Aunque no han faltado los traspiés en su recorrido (Movie 43 o Pan: Viaje a Nunca Jamás fueron algunos de sus momentos comerciales más bajos), Jackman ha desplegado su talento, carisma y magnetismo en cintas como Prisioneros, Eddie el Águila, El candidato y La estafa (Bad Education), su último trabajo hasta la fecha, película de HBO inspirada en una historia real por la que ha recibido críticas excelentes y su quinta nominación al Emmy, a mejor actor protagonista en una serie limitada o TV Movie. 

Mención aparte merece la película que se convirtió en el éxito sorpresa de las navidades de 2017, El gran showman, espectáculo familiar en el que Jackman volvía a fusionar su pasión por el cine y el teatro musical interpretando al empresario circense P.T. Barnum. El film se estrenó en la taquilla con cifras decepcionantes, pero el boca-oreja obró el milagro y le llevó a recaudar un total de €371 millones en todo el mundo (BoxOfficeMojo), hazaña aun más impresionante si tenemos en cuenta que competía con las nuevas entrega de Star Wars y Jumanji. El fenómeno de El gran showman sirvió entre otras cosas para confirmarnos algo que muchos ya sabíamos: efectivamente, Hugh Jackman ES el gran showman. Aunque hace un tiempo él mismo nos llevó la contraria durante una de nuestras entrevistas. Entre risas y con buen humor, como siempre:

Y es que su dedicación al espectáculo teatral y musical es digna de admiración. Jackman se ha labrado un nombre propio en los escenarios de todo el mundo, de Australia al West End pasando por supuesto por Broadway. El papel que lo catapultó a la gloria escénica fue el de Peter Allen en el primer musical australiano en estrenarse en Broadway, The Boy from Oz, basado en la vida del cantante y compositor LGBTQ+ que murió de SIDA en los 90; trabajo por el que recibió su primer premio Tony en 2004. En años posteriores ha recuperado al personaje como homenaje en diversas producciones alrededor de su figura como entertainer.

Al más puro estilo Judy Garland, Jackman protagonizó en 2011 un one man show en San Francisco, que poco después llevó a Broadway, en el que interpretaba una selección de números de su carrera en el cine y el teatro junto a una orquesta en directo, incluyendo canciones de Oklahoma! y The Boy from Oz, entrelazadas con historias personales y momentos de interacción con el público. En 2019 se embarcó en una gira mundial llamada The Man. The Music. The Show. en la que actualizaba aquel espectáculo con los temas de El gran showman, realizando un total de 90 conciertos en Europa, América y Oceanía. El mundo ya lo había visto varias veces sobre el escenario conduciendo un programa de variedades con absoluto dominio, como presentador de tres galas de los Tony y en su triunfal labor como anfitrión de los Oscar en 2014; pero el éxito de sus giras teatrales lo reafirmó como uno de los hombres más polifacéticos y talentosos del mundo del espectáculo.

Yo mismo fui uno de los afortunados que pudieron disfrutar de su fuerza, carisma y presencia en el escenario durante su one man show en Broadway. Fue en 2011, durante mi primer (y por ahora único) viaje a Nueva York, que coincidió con la presencia en cartel de Hugh Jackman: Back on Broadway. Una oportunidad para ver en persona a uno de mis actores favoritos que por nada del mundo podía desaprovechar. El espectáculo en directo fue todo lo que esperaba y más. Jackman es un torbellino de energía y habilidad, no solo un gran intérprete, cantante y bailarín, sino también un hombre cercano y encantador. Era imposible apartar la vista del escenario y dejar de mirar a ese animal escénico al que, por aquel entonces, yo conocía sobre todo como héroe de acción y galán de Hollywood.

Ver a Hugh Jackman sobre el escenario (y más tarde en la puerta trasera del teatro donde me firmó el programa con la simpatía y amabilidad que le caracteriza) hizo que mi admiración por él creciera exponencialmente. Desde ese momento he seguido su carrera más de cerca, viendo cómo se entrega en cada papel que acomete y cómo sus trabajos interpretativos son cada vez más impecables, sean de la naturaleza que sean. Su buena labor no ha pasado desapercibida. Además del favor del público y un puñado de éxitos de taquilla, acumula cinco nominaciones al Emmy (ganó el primero como presentador de la gala de los Tony en 2004) y un Globo de Oro de tres candidaturas. Pero solo ha sido nominado una vez al Oscar.

Personalmente, creo que Jackman ha realizado más interpretaciones dignas al menos de una nominación. Aunque ya sabemos cómo funcionan estas cosas. En El candidato da una auténtica lección interpretativa, pero casi nadie vio esa película y no entró en el radar de la Academia. En el caso de El gran showman, él elevaba por completo la película, pero a pesar de su éxito de público, la crítica no la respaldó y Jackman se quedó fuera de la criba final. En el caso de Logan se puede escribir una extensa disertación sobre por qué Jackman debería haber sido nominado, pero con alguna excepción, ya sabemos que la Academia se resiste a nominar al cine de superhéroes en categorías principales.

En cualquier caso, si algo demuestra esto es que Jackman suele ser lo mejor de las películas en las que participa. Ya sea una cinta para toda la familia, un drama biográfico o una de acción, él pone toda la carne en el asador. Hay estrellas de Hollywood y hay grandes actores, y Hugh Jackman resulta ser las dos cosas.

Que Hugh Jackman es bueno en lo que hace es indudable, pero es que además tiene una imagen personal intachable, lo cual sin duda influye en la percepción tan positiva que se tiene de él. Pocos actores hay con una reputación tan prístina. No solo es un hombre elegante, atractivo (People lo nombró el hombre más sexy del mundo en 2008) y tiene una carrera envidiable, sino que también es solidario, filántropo y cae genial. Su relación con Deborra-Lee Furness, con quien está felizmente casado desde 1996, desafía los estereotipos de Hollywood y despierta admiración. Se lleva bien con todos sus compañeros de reparto (su amistad con Ryan Reynolds es especialmente divertida como hemos visto muchas veces en entrevistas y redes sociales, donde Hugh también es muy activo y se debe a sus fans). No se oye una sola historia negativa sobre él y los periodistas lo suelen citar como una de las estrellas más amables y agradecidas. Mantener una fachada así sin fisuras sería muy difícil, por lo que algo nos dice que Jackman es en realidad tan honesto y con los pies en la tierra como parece.

Cuando en 2013 anunció que sufría de cáncer de piel y había sido intervenido para retirarle un carcinoma de la nariz (operación a la que ha tenido que someterse varias veces más en los siguientes años; La Vanguardia), Internet entero se volcó en darle ánimos demostrándole su cariño y apoyo. Cuando se retiró como Lobezno después de Logan, el público le hizo llegar su agradecimiento masivamente, algo que sigue ocurriendo tres años después. Y sin ir más lejos, esta semana en el día de su 52º cumpleaños, las redes sociales se llenaron de felicitaciones y mensajes que certificaban su estatus como uno de los actores más queridos del mundo. Unos días después de aparecer desnudo en un anuncio de zapatos que también fue un éxito en la red.

Hugh Jackman es un actor consumado y celebrado, pero el Óscar se le resiste. Con una sola nominación en toda su carrera, ya va siendo hora de que la Academia le dé lo que es suyo. Ciertamente, él parece dispuesto a seguir intentándolo con sus próximos proyectos cinematográficos, entre los que se incluye Enzo Ferrari, biopic sobre el famoso piloto y empresario italiano que dirige Michael Mann. Y ya sabemos que si hay algo que le gusta a los académicos es un buen biopic. Por otro lado, Jackman sigue muy involucrado en el teatro y si el Covid-19 lo permite, tiene planeado un revival de The Music Man en Broadway, cuya premiere se ha aplazado hasta 2022 (Deadline).

Habiendo ganado un Emmy, un Grammy (como productor por la BSO de El gran showman) y dos Tony, solo le falta el Óscar para conseguir el codiciado EGOT (hazaña en la que una sola persona acumula al menos uno de cada de esos cuatro galardones). Puede que el Óscar esté a la vuelta de la esquina, pero si se sigue haciendo de rogar, tampoco podrá quejarse porque no le faltará el cariño de los fans, el reconocimiento de la industria y el éxito dentro y fuera de la pantalla que lo han consagrado a lo largo de los años como el gran showman que es.

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