¿Qué necesitaría España para adaptarse a los horarios europeos y la jornada continua?

Entrar a las 8 o 9 y salir a las 17 o las 18 habiendo comido y con toda la tarde por delante para disfrutar de la familia, la pareja, los amigos, las mascotas o de la soledad. En resumen, del tiempo libre. Suena bien, ¿verdad? El de la racionalización de los horarios o la adopción del horario europeo es un tema recurrente en España, pero ¿es viable? Sí, nada no lo es de entrada. El problema reside en su dificultad. Para poder hacerlo no solo se necesita que se regulen los horarios de apertura y cierre de los negocios o de las empresas, también se necesita mucho de solidaridad con el prójimo y de un cambio radical en la mentalidad.

busy office staff in business time working hours concept.

En España hay quien lucha por concienciar tanto a los políticos como los ciudadanos de a pie de los beneficios de convertir la jornada laboral en continua y no estirarla de manera innecesaria dando a los empleados dos y hasta tres horas para comer haciendo que su hora de salida se prolongue hasta las 20 o las 21 de la tarde/noche.

Esta es la batalla en la que lleva inmersa desde 2003 ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, una entidad sin ánimo de lucro que cuando comenzó su andadura se marcó como objetivos “fomentar el aumento y la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía, así como la conciliación de la vida personal y profesional, la igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres y el acceso a las mismas oportunidades, la mejora de la productividad y eficiencia de las empresas y del trabajo en general”.

Quienes defienden la jornada intensiva y una racionalización de los horarios recurren a los numerosos estudios que defienden que mejora la productividad, el estado de ánimo de los trabajadores y reduce el absentismo y los accidentes laborales.

Estar más horas en el puesto de trabajo no implica una mayor productividad. Es algo que demuestran los datos de la OCDE recogidos por El País según los cuales en España se trabajan hasta 280 horas más que en otros países europeos como Alemania. Sin embargo, la productividad es mucho menor y los trabajadores españoles son los primeros por abajo en ese apartado. Una investigación realizada por la Universidad de Zaragoza y citada también por el mencionado medio concluyó que la productividad se incrementa un 6% con la jornada continua.

Entonces, si es tan buena, ¿por que no se adopta en España? Básicamente porque son muchos los implicados en esta ecuación necesaria para el cambio y no todos reman en la misma dirección. Para empezar deben ponerse a ello los políticos -para legislar y acabar con la liberalización de horarios, por ejemplo-, pero también los empresarios. Algunas empresas sí ofrecen a sus trabajadores la posibilidad de la jornada continua, pero no todas.

Los de arriba no son los únicos que deben cambiar su mentalidad. Porque, si a un trabajador se le pregunta si le gustaría salir del trabajo a las cinco o las seis de la tarde, lo más razonable sería que responda que sí. Pero, ¿qué pasa si le pregunta qué le parece que cuando salga de trabajar no encuentre supermercados abiertos para hacer la compra o que estos cierren también los fines de semana? Quizá la respuesta no sea tan a favor.

No solo eso, adoptar el horario europeo implica mucho más que cambiar los horarios de apertura y cierre de cualquier tipo de negocio. Se trata de un cambio a gran escala que debería afectar también a las televisiones, por ejemplo. Nada de telediarios a las 21 de la noche y de que lo que llaman prime time comience casi a las once de la noche. En España, si se quiere ver una serie en su emisión en lineal en abierto hay que mantenerse despierto hasta pasadas las doce de la noche. ¿Cómo se pueden dormir así las 7 u 8 horas recomendadas si hay que levantarse mínimo a las siete para ir al colegio o al trabajo?

Como puede verse, posible es, pero se requiere un acuerdo entre todas las partes implicadas y un cambio de mentalidad a gran escala en una sociedad que está acostumbrada a otro tipo y ritmo de vida. Otro debate al margen, aunque relacionado, es el hecho de la imposibilidad de que esos horarios lleguen a algunos sectores como el de servicios públicos. El horario del transporte se puede ajustar, pero no el de hospitales, parques de bomberos, cuarteles o comisarías.

Hay profesiones en las que siempre debe haber alguien de guardia o en turno de noche con lo que eso implica para la conciliación. Y no solo en el ámbito público. Basta con pararse un poco a pensar para encontrarse con otras profesiones en las que un horario de 9 a 17 no está al alcance de todos los que la practican: informáticos, abogados, operadores de las compañías de seguros, periodistas, academias de idiomas, pescadores, agricultores, ganaderos…

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