Es hora de darle su lugar a 'Saw', la película que ayudó al renacer del cine de terror

Cine 54
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Por Alberto Cano.- Tras el resurgimiento del slasher juvenil y el inicio de la pasión por el J-Horror a finales de los 90 con Scream, Sé lo que hiciste el último verano o The Ring (El círculo), el género de terror llegó a la década de los 2000 dispuesto a volver a abrirse camino entre las audiencias. Surgían así nuevas tendencias que pasaban por reformular clásicos con infinidad de remakes, reutilizar las fórmulas reenfocadas hacia un nuevo público o una nueva estilización hacia un toque más sangriento y brutal que dio lugar a innovadores y rompedoras propuestas.

Y es que el cine de terror comercial de los 2000 estuvo marcado por un toque de brutalidad que no había sido tan explorado hasta ese momento a nivel comercial. Las atmósferas opresivas o el terror psicológico dejaban paso a propuestas más gore, montajes más dinámicos o una cinematografía más sucia en busca de un mayor impacto. Quedó claro con los remakes de La matanza de Texas, La casa de cera, Las colinas tienen ojos o el Halloween de Rob Zombie, pero sobre todo con el surgimiento de nuevas sagas como Saw.

Saw, Lionsgate
Saw, Lionsgate

Estas nuevas inclinaciones dieron rienda suelta a la exploración del gore de la manera más extrema posible. Así, en 2002, unos debutantes James Wan y Leigh Whannell se unieron para un proyecto que reformulaba las historias de asesinos en serie mediante un conjunto de juegos macabros con tanta originalidad como violencia extrema. Sus primeros intentos de sacarlo adelante cayeron en saco roto, por lo que decidieron juntar todos sus ahorros, grabar un cortometraje de 10 minutos con una de las escenas del guion y tratar de dar a entender a algún estudio que su idea era rompedora (lo puedes ver en YouTube).

Así consiguieron que la productora Evolution Entertaiment se asociara con Twisted Pictures en 2003 para financiarles la película por un millón de dólares. La intención era lanzarla directamente al mercado doméstico, pero su buena acogida en el Festival de Sundance de 2004 hizo que Lionsgate se hiciera con ella para distribuirla en cines. Tal movimiento se saldó con más de 100 millones de dólares en taquilla y con el nacimiento de una de las sagas de terror más prolíferas de todos los tiempos.

Y este es el origen de Saw. ¿Pero qué fue exactamente lo que hizo especial a esta franquicia? Siempre que se habla de la saga se recalca el gore, sus explícitas muertes o su falta de límites a la hora de mostrar violencia en pantalla, pero no es frecuente leer una reivindicación de Saw como una franquicia con hueco propio en la historia del cine.

Sí, Saw es un producto gore no apto para todos los paladares que ha ido perdiendo su chispa a lo largo de los años, pero en sus inicios fue una película revolucionaria dentro del terror que aportó ideas a un género que las pedía a gritos y que sorprendió con sus giros locos de guion. Además, lanzó a uno de los cineastas más prolíferos de Hollywood de los últimos años. Por si no lo sabían, James Wan luego fue el padre de sagas exitosas como Expediente Warren e Insidious, pasando luego al blockbuster con Fast & Furious 7 y Aquaman.

En mi caso vi Saw siendo muy joven (por cosas de la vida acabé aficionándome al terror cuando apenas era un crío). En ese momento esperaba ver un slasher cargado de sustos, pero nada más lejos de la realidad, porque lo que me encontré fue esta película sobre dos personas que debían enfrentarse a una macabra escape room (años antes de que estas se pusieran de moda) mientras se intentaba dar caza al asesino en serie detrás de su secuestro.

Quedé prendido por la originalidad y el extremismo de sus juegos siniestros, por cómo superaba todos los extremos posibles para impactar con su violencia, por lo intrigante de su trama,… pero sobre todo por ese giro final al que sigo considerando como uno de los más impactantes que jamás he visto en una pantalla. Era una película comercial de terror, pero repleta de buenas ideas por todos los costados y con un innegable talento tras su dirección y guion.

En 2005 llegó su secuela. Y sí, era imposible superar los giros y el final de la primera película, por lo que decidieron centrarse de lleno en el gore y llevar los juegos mortales a un nivel mucho más violento. Y el resultado fue excelente al elevar la tensión y mantener al espectador con un nivel de nervios y desesperación como pocas veces se ha visto en el género. Y el público respondió mucho mejor que con la primera película, puesto que en taquilla superó sus datos con 147,7 millones de dólares.

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Sus siguientes entregas siguieron la misma línea. Cada año Saw seguía poniendo al límite los nervios y aguante de los espectadores con muertes, torturas y sangre por doquier mientras estos seguían llenando los cines. James Wan se desentendió de la saga tras la primera Saw, pero el guionista Leigh Whannell (quien hoy en día también arrasa junto Blumhouse con películas como Upgrade o El hombre invisible) se mantuvo hasta la tercera entrega, cuando se podría decir que la franquicia comenzó a ir cuesta abajo.

A partir de la cuarta película, con el asesino en serie Jigsaw bien muerto y enterrado, Saw cayó en la monotonía. Apenas tenía nada nuevo que ofrecer, aunque reconozco que seguí disfrutando de todas sus secuelas porque de vez en cuando volvía a mostrar algún punto de lucidez con sus giros retorcidos. Pero sobre todo porque ningún otro producto de terror era capaz de ofrecerme algo similar. Me vienen a la mente otras películas de la época como Hostel, cuya violencia explícita era demasiado gratuita como para lograr sorprender. Y es que Saw, con sus rebuscadas pruebas y con sus giros de guion, tenía ese “algo más” que le hacía diferente al resto y que le llevó a volver a levantar pasión por el género a mediados de los 2000.

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Pero aunque hoy hablemos de ella como una de las más prolíferas sagas de terror y tengamos clavadas en nuestras mentes muchas de sus muertes y sorpresas, antaño la industria y la crítica la recibieron con mucha frialdad. Su primera película, la más aclamada de toda la franquicia, tan solo tiene un 49% de críticas positivas en Rotten Tomatoes (que también reúne reseñas de su estreno), mientras que el resto de entregas apenas rozan el 40% o 30%.

Actualmente, con la nueva ola de cine de terror liderada por el mismísimo James Wan o por estudios como Blumhouse, si un producto como Saw irrumpiera por primera vez en el audiovisual creo que no faltarían voces reclamando incluso su nominación a los Óscar en categorías como Mejor Guion. Pero en su estreno en 2004 el terror no estaba lo suficientemente valorado por la industria ni esta estaba aún preparada para valorar ideas de este calibre. De hecho, aunque en los últimos años hayamos visto propuestas como Déjame salir nominada a los Óscar y la crítica se rindiera ante películas como Hereditary y Midsommar, sigue siendo latente que a nivel académico el cine de género no termina por colarse del todo en la temporada de premios.

Aunque el legado de Saw es innegable. Ya son ocho las películas de la saga que han llegado a nuestras pantallas y este 2021 (si la pandemia lo permite) veremos Spiral: Saw, un reboot protagonizado por Chris Rock y Samuel L. Jackson que pretende volver a aportar un soplo de aire fresco. Y la verdad, me encantaría que esta nueva película pueda volver a dotar a la franquicia de sus virtudes de antaño y que, en este panorama actual donde el terror está siendo más reivindicado, sean muchas las voces que salgan a reclamar el lugar que la saga merece.

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