Los Hombres de Musgo reconquistan Béjar en su fiesta más internacional

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Béjar (Salamanca), 19 jun (EFE).- Cinco hombres y una mujer vestidos de musgo han regresado a Béjar (Salamanca), tras dos años sin salir por la pandemia, en una tradición que rememora la reconquista, hace ahora 755 años, de la ciudad bejarana de la dominación árabe.

Seis bejaranos -cinco de nacimiento y uno de sentimiento- han participado este domingo, junto a la procesión del Corpus Christi, en Béjar, al sur de Salamanca, en una fiesta que por primera vez puede presumir de ser Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Tras dos años sin poder vestirse de musgo, después de que la pandemia lo impidiera, la "emoción" ha vuelto a notarse no solo entre los elegidos para vestir este traje vegetal, sino también entre los miles de bejaranos y de turistas que han acompañado esta fiesta, que va entre lo pagano y lo religioso.

Después de esperar entre siete y trece años, los elegidos en esta edición, desde las ocho de la mañana cuando han empezado a llegar al Convento de San Francisco para ser vestidos de la mano de verdaderos sastres del musgo, mostraban nervios iniciales, tensión, dudas por el peso que tenían que soportar o por el tiempo en el que iban a estar vestidos de musgo.

Julián García, que coloca el musgo, y Alejandro Romero, que lo ata, en una actividad que ya heredó de su padre, son los sastres -junto a otros dos ayudantes- que poco a poco y en trozos de vegetal, lo colocan, con tiento y calma, sobre el Hombre (o Mujer) de Musgo

Los dos primeros en vestirse han sido Roberto Mannini, de 26 años, y José Ángel Cardoso, de 69, quienes han reconocido sentirse "muy ilusionados" por "cumplir con una tradición" de Béjar, que "debería mantenerse como sea", según ha afirmado a Efe Cardoso, que aunque no es bejarano lleva viviendo en la ciudad doce años.

César González Martín, de 43 años, se apuntó hace siete años para formar parte de un Hombre de Musgo y ahora ha logrado salir en la procesión, un hecho que le permite sentirse "orgulloso, por ser bejarano y por seguir con esta tradición".

Todos ellos ya cargan con 12 kilos de peso del musgo sobre su piel, cubierta por un mono de obra para evitar las molestias del vegetal, un peso que puede aumentar con el paso de la procesión ya que se humedece para evitar que se seque.

El siguiente en vestirse ha sido Daniel Velasco, de 47 años y 10 esperando esta oportunidad, un bejarano acompañado por su hijo -que no paraba de grabarle con el teléfono- al que le preguntaba cómo le quedaba el traje.

"Este año es muy especial, por poder salir tras dos años de pandemia, y por ser la primera vez que se sale siendo una Fiesta de Interés Turístico Internacional", ha explicado Daniel mientras iba buscando situarse para ser fotografiado por diversos medios de comunicación, nacionales e internacionales.

Antonio Gómez, de 47 años y siete de espera, y Pilar Callejas, de 50 y 13 de espera, han sido los últimos en ser vestidos de musgo.

Los dos bejaranos, los dos residentes fuera de su tierra, en Talavera de la Reina (Toledo) y Valladolid, y los dos con la misma ilusión por salir vestidos de musgo, "por mantener una tradición tan propia de nuestra tierra".

A las 11 de la mañana salían del Convento de San Francisco en dirección a la Plaza Mayor de Béjar, donde comenzaba el desfile hacia la iglesia de Santa María, donde ha empezado la procesión religiosa, presidida por la custodia del Santísimo, que se procesiona en el Corpus, en la que iban, junto a las autoridades eclesiásticas bajo palio, los niños y niñas que han tomado la Comunión durante este año.

El alcalde de Béjar, Antonio Cámara, ha reconocido a Efe tener "una sensación de estar abrumado, por los dos años sin poder salir y por ver que, a pesar de ello, todo sigue y nada se para", gracias, en opinión del regidor, "al trabajo de la ciudadanía que ha hecho posible que esta fiesta sea de Interés Turístico Internacional".

Poco a poco, y parando en cada altar colocados en diferentes calles de Béjar, la procesión ha recorrido la ciudad, pisando y oliendo las ramas de tomillo que desde primeras horas de la mañana eran esparcidas por las calles por donde transcurría el desfile.

El centro de Béjar ha sido un hervidero de turistas y bejaranos, que han disfrutado de varias calles con alfombras de sal coloreada y bajo el olor del tomillo mezclado con el del incienso.

Justino Sanchón

(c) Agencia EFE

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