Los niños actores de Hollywood y el daño de tener padres que viven sus sueños a través de ellos

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Aunque el éxito y la fama de películas, series o alfombras rojas nos hagan pensar lo contrario, ser un niño prodigio en Hollywood está lejos de ser una profesión de ensueño, especialmente cuando detrás hay padres que solo miran por su propio beneficio y no por el de sus hijos. Esto es un caso mucho más común de lo que solemos percibir, y así nos lo ha hecho ver una de las actrices de la serie iCarly de Nickelodeon en un libro contando su experiencia tras su trabajo tras las cámaras.

Se trata de Jennette McCurdy, quien interpretó al personaje de Sam Puckett, la mejor amiga de la protagonista, en esta sitcom juvenil. La actriz ha publicado un libro titulado “I’m Glad My Mom Died” (Me alegro de que mi madre muriera), y aunque el nombre suene fuerte, es muy descriptivo del infierno que vivió por la presión que su progenitora le impuso de cara a abrirse un hueco en la industria del entretenimiento, hablando de ella como una persona manipuladora y controladora que la generó problemas emocionales y de autoestima.

La actriz Jennette McCurdy en la premiere de 'iCarly' en Los Ángeles en 2011(Foto: Michael Buckner/Getty Images for Nickelodeon)
La actriz Jennette McCurdy en la premiere de 'iCarly' en Los Ángeles en 2011(Foto: Michael Buckner/Getty Images for Nickelodeon)

McCurdy lo ejemplifica remitiendo a una prueba de casting donde las cosas no salieron todo lo bien que habría querido. Las instrucciones le requerían ponerse a llorar, pero en aquel momento su mente no podía abordar la tristeza que realmente llevaba por dentro y no pudo interpretar el papel tal y como se lo habían indicado.

“Estoy sentada en la sala de espera reuniendo toda mi tristeza cuando algo cambia en mí. Se siente extraño”, escribió McCurdy en su libro sobre esta audición en un fragmento recogido por Entertainment Weekly. “Esto nunca había sucedido antes, pero está ocurriendo ahora y me está asustando. Una parte de mí se resiste a que mi mente se imponga a sí misma este trauma emocional. Una parte de mí dice: 'No. Es demasiado doloroso. No voy a hacer esto', continuó. “Esa parte de mí es tonta. Esa parte de mí no se da cuenta de que esta es mi habilidad especial, que es bueno para mí, para mi familia, para mamá”.

En ese momento sintió que no quería seguir actuando, que el ser actriz requería de situaciones que no se sentía capaz de sobrellevar. Pero su madre, empeñada en llevar a su hija al estrellato, se interpuso a su decisión. Según sus palabras, después de la prueba fallida del casting mantuvieron una discusión en el coche de camino a casa. Trató de hacerla ver cómo se sentía y que el mundo de la interpretación no era para ella, pero, lejos de mostrarse comprensiva, su madre estalló con una actitud nada pacífica.

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“Ella golpea el volante y accidentalmente toca la bocina. El rímel se escurre por sus mejillas. Está histérica, como yo en la audición de 'Homicidios de Hollywood'. Su histeria me asusta y exige que me cuide”, escribió McCurdy. Y la situación le afectó hasta tal punto que, al día siguiente de que la confirmaran su fichaje para iCarly, ella se alegró por una razón muy diferente a la que cabría esperar. Mientras que su madre celebraba la obtención del papel, McCurdy lo hizo por creer que así se terminaría la tortura, que su madre se calmaría viendo que por fin lo había conseguido.

Pero el asunto no terminó ahí, porque cuenta que la presión le generó desórdenes alimenticios y adicciones que se alargaron a lo largo de los años y empeoraron en 2013, cuando su madre murió a causa de un cáncer. En entrevistas previas, como una concedida a People en 2021, contó que no se sintió plenamente recuperada hasta 2018, después de someterse a una terapia intensa.

En dicha intervención tampoco fue nada benevolente con su progenitora, señalando que desde que era pequeña siempre había experimentado “pesadez y caos”, que era habitual ser testigo de continuas pelas físicas entre sus padres y que su obsesión malsana por convertirla en una estrella pasó de los límites aceptables, decolorándola el pelo, blanqueándola los dientes e insistiendo con controlar sus calorías.  "Las emociones de mi mamá eran tan erráticas que era como caminar sobre la cuerda floja todos los días. Las fluctuaciones de humor eran diarias", afirmaba.

Sin duda, una historia dura que incluso derivó a que McCurdy no haya vuelto a actuar desde su recuperación en 2018. Pero como la de ella ha habido muchos casos similares que nos hacen percatarnos del lado oscuro que puede existir tras la fama infantil. Por ejemplo, bien es conocido por todos el caso de Macaulay Culkin, la estrella de Solo en casa cuyo padre -que también es actor- controló cada detalle de su carrera hasta el punto de obligarle a pasarse noches despierto aprendiéndose guiones o incluso caer en el abuso físico, como bien contó en una entrevista al podcast WTF de Marc Maron en 2018.

Culkin aseguró en el pasado que sentía que su padre estaba celoso, porque "todo lo que trató de hacer en su vida lo conseguí antes de que tuviera 10 años" (Esquire). El actor incluso llevó a sus padres a los tribunales para impedir que controlaran su fondo fiduciario.

Una historia similar es la de Wil Wheaton, intérprete de Cuenta conmigo y de Star Trek: La nueva generación cuyos padres se mostraron abusivos con él. El propio actor lo denunció en el documental de HBO Max, Los niños de Hollywood, así como en su página web en un artículo que tituló “Sí, me obligaron a ser una estrella infantil. nunca fue mi sueño o mi idea” y entrevistas con medios como Acess Hollywood. Tal y como relata, la ambición de su progenitores de llevarle a la fama y acceder a altas remuneraciones se tradujo en años yendo de audición en audición bajo una presión terrorífica y un ambiente familiar tenso y tóxico.

“Me robó mi infancia, para poder sentirse popular”, afirmaba sobre su madre que insistió en su carrera como actor de manera incansable, siendo su manager incluso cuando él no quería. “Para ser honesto, me alivia que se sienta avergonzada y tal vez incluso con un poco de vergüenza, porque al menos eso significa que, en algún lugar de su cerebro alcohólico, ella sabe lo que me hizo. Ella sabe que soporté todo eso, en silencio y solo, durante toda mi vida. Y cuando no pude soportarlo más, cuando traté lo más que pude de resolver todo esto con ella y mi papá, todo lo que tenían eran excusas, desviaciones, acusaciones y absolutamente ningún interés en participar en mi recuperación”, concluía el actor, que reenfocó su carrera profesional a terrenos como las competiciones de póquer a la gestión de comunidades en internet.

"La actuación fue algo forzado en mí. Tengo recuerdos muy nítidos de decir una y otra vez 'no quiero hacer esto, dejame ser un niño'. Aprendí de pequeño que si voy a hacer feliz, si voy a recibir atención y aprobación de mis padres -que todos los niños merecen incondicionalmente- tengo que hacer lo que dice mamá. Y quizás así, de algún modo mi papá me querrá" dijo en la entrevista.

Otro caso más reciente puede ser el de Ariel Winter, actriz conocida por su papel como Alex Dunphy en Modern Family que desde muy pequeña empezó a actuar en películas como Kiss Kiss Bang Bang o a prestar su voz a cintas infantiles como Bambi 2 o Ice Age: El deshielo. Al igual que la actriz de iCarly, ella denunció que la actuación siempre fue una imposición de su madre y que lidió con abusos y explotación laboral. En una entrevista con The Hollywood Reporter contó que la puso en una dieta estricta, que controlaba su vestuario y que siempre se empeñaba en sexualizar su aspecto. “La gente pensaba que tenía 24 años cuando tenía 12. Si iba a haber una escena de desnudo cuando tenía esa edad, mi madre habría dicho que sí en un mil por ciento”, afirmaba.

Al final, por mucho que hayamos podido disfrutar de sus trabajos en pantalla, escuchar estas historias deja una sensación devastadora, porque básicamente son víctimas de padres que viven la fama a costa de destrozar la infancia de sus hijos. Y aunque el trabajar en películas y series les de notoriedad y les pueda abrir muchas puertas en un futuro, bien es sabido que todos estos niños prodigio difícilmente han podido salir adelante en la industria. Y no por falta de talento, sino por una salud mental incapaz de asumir los abusos y presión de una infancia traumática. Y si a eso le sumamos lo duro que es el mundo de Hollywood y la necesidad de adaptarse a nuevos retos, al final queda claro que los únicos beneficiados aquí son unos padres que solo miran por su propio beneficio y no por el bienestar de sus hijos. Lo que es sin duda duro de asumir.

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