Wesley Snipes, una promesa de gran estrella que no pudo ser

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Desde que saliera de prisión en 2013 tras cumplir condena por evasión de impuestos, Wesley Snipes no ha dejado de buscar el salvoconducto que lo lleve de regreso a las altas esferas hollywoodenses. Ha probado en cine y series, con cameos y personajes secundarios, incluso con ayuda de amigos como Sylvester Stallone y Eddie Murphy, pero a sus 59 años no termina por dar la estocada que tanto necesita para volver a la cima.

Su último intento es Una historia muy real, una miniserie nueva de Netflix donde incluso tiene vía libre para poner en práctica su gran pasión por el género dramático. Pero el intento se queda a medias por culpa de una historia previsible, carente de originalidad y donde Snipes tampoco consigue desempolvar su talento, dejando en evidencia que su promesa de gran estrella se quedó estancada en otra era.

Wesley Snipes como Carlton en 'Una historia muy real' (Cr. Adam Rose/Netflix © 2021)
Wesley Snipes como Carlton en 'Una historia muy real' (Cr. Adam Rose/Netflix © 2021)

Wesley Snipes nació un 31 de julio de 1962 en Orlando, Florida, comenzando un camino hacia el estrellato lento pero seguro tras descubierto por un agente a los 23 años. Hizo su debut un año después junto a Goldie Hawn en Gatos salvajes, la misma película que serviría de trampolín a Woody Harrelson, forjando una amistad que los llevó a rodar juntos la comedia Los blancos no la saben meter (1992) -cuyo título tuvo polémica en España, evidentemente-.

Su rostro comenzó a ser reconocido rapidísimo, pero no por la comedia con Goldie sino porque poco después interpretó al villano que se enfrentaba a Michael Jackson en el videoclip (o más bien cortometraje musical) de Bad que dirigió Martin Scorsese.

Corría el año 1987, en pleno bombazo de los videoclips musicales cuando el Rey del Pop fue de los pilares de aquel fenómeno. Gracias a este vídeo llamó la atención de diferentes estudios y cineastas, como Spike Lee, continuando con todo tipo de géneros, interpretando a héroes románticos (Fiebre salvaje), acompañando a Denzel Washington en drama (Mo’ Better Blues), dando vida a mafiosos (El rey de Nueva York) y narcotraficantes (New Jack City). En resumen, su ascenso era imparable.

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Ser experto en artes marciales lo hacían un candidato ideal para el cine de acción y a comienzos de los 90s fue compañero del gran Sean Connery en la dudosa adaptación de Sol naciente (1993) de Michael Crichton y fue el rival futurista de Stallone en Demolition Man (1994). Hasta dio vida a un drag queen en la comedia A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar junto a Patrick Swayze y, algo que pocos recuerdan, ganó el premio a mejor actor por Después de una noche en el Festival de Venecia en 1997.

Si bien pocos reconocieron su valía como artista, sobre todo la crítica, Wesley logró arrancar 1998 consagrado como estrella de blockbusteres gracias a Blade. La película fue un éxito comercial, el mayor en la carrera de Wesley Snipes como protagonista, y logró concederle algo que ahora es habitual cuando un proyecto tiene éxito: una trilogía. Las dos continuaciones también salieron airosas en taquilla -aunque no tanto del ataque de los especialistas- mientras que sin saberlo estaba creando cátedra sobre el futuro del género de superhéroes que décadas más tarde se atrevió con tonos más oscuros y adultos, como fue la trilogía de Batman de Christopher Nolan, Deadpool o Joker. Fue una saga que estuvo adelantada a su tiempo y pocos le han reconocido la originalidad que englobó su intento.

Viendo el éxito económico conseguido, varios estudios se interesaron en él y le dieron alas para que siguiera volando como estrella de acción, como fue el caso de Undisputed o Ladrones de mentes. Pero ninguna logró repetir la hazaña. Es más, a partir de 2004 muchas de sus producciones se estrenaban directamente en video. Resulta curioso ver cómo Wesley pasó de codearse ante las cámaras con Sylvester Stallone, Denzel Washington o Sean Connery, y de protagonizar sus propias producciones con alto presupuesto, para de repente pasar a un plano secundario y con películas menores.

Y así llegamos al motivo principal de su relevo. Wesley tenía un público fiel, aún había productoras que seguían apostando por él pero las majors le dieron la espalda. Y es que dos años después del estreno de Blade: Trinity, fue acusado de defraudar al gobierno con declaraciones de ingresos falsas y de no presentar sus impuestos entre 1999 y 2004. El caso era grave y, como suele suceder en Hollywood cuando hay escándalos de por medio, la industria marcó distancia. Entre 2006 y 2009, los años que estuvo activo el caso, solo hizo tres largometrajes y en 2008 fue declarado culpable por no presentar sus impuestos y sentenciado a cumplir 3 años de prisión.

Wesley desapareció de nuestro radar en diciembre de 2010 cuando entró en un correccional de Pensilvania, siendo liberado en abril de 2013 mientras completaba su condena con arresto domiciliario tres meses más. Pero él quería volver a trabajar. Y seguro lo necesitaba. Ese actor que llegó a cobrar salarios de siete y ocho cifras por sus películas (por Blade cobró $8 millones y por la tercera parte, $13 millones) llevaba mucho tiempo sin ingresos y el primero en darle una oportunidad fue su excompañero de reparto, Sylvester Stallone, que lo convocó para su baño de testosterona en Los mercenarios 3, la saga que reúne a viejas glorias del género de acción. Allí estaban Bruce Willis, Arnold Schwarzenneger, Jet Li, Dolph Lundgren y hasta Harrison Ford y Mel Gibson con cameos especiales. Su participación fue mínima pero recuerdo entrevistarlo cuando visitó España por el estreno de la película, y se mostró encantado con la oportunidad, muy cercano con la prensa (al menos en mi entrevista) y feliz de estar de regreso.

Sin embargo, el éxito de aquella entrega no sirvió como lanzadera para el come back que tanto deseaba sino que desde entonces su presencia en pantalla ha pasado muy desapercibida. Su regreso triunfal se quedó estancado en Los mercenarios 3 y sus siguientes proyectos fueron películas directas al vídeo o cameos que no terminaron de dejar huella, como fue el caso de su paso por Yo soy Dolemite, El rey de Zamunda (ambas películas de su amigo Eddie Murphy) o un capítulo de Lo que hacemos en las sombras. Incluso sacó una novela que coescribió con Ray Norman en 2017 que se titula Talon of God, sobre la batalla entre el bien y mal, pero que no tuvo repercusión alguna.

Curiosamente, y creo que pocos lo saben, Wesley es un apasionado del arte dramático. Un tipo creativo que se ve a sí mismo como artista ante todo y de los pocos actores que alcanzaron el éxito en la industria estadounidense con un título de la escuela de teatro de la Universidad de Nueva York. "No entré en el negocio para ser una estrella de cine, sino porque era un artista con habilidades y entrenamiento declaró en una entrevista de 2015. “Haría cualquier cosa que me pidieran, era mi alegría y sigue siéndolo. Ya sea en este escenario u otro, encontraré la manera de ser feliz y creativo" dijo, y por eso Una historia muy real llamó mi atención tras aterrizar en el catálogo de Netflix el 24 de noviembre, porque no solo supone su primer papel de peso en ocho años sino porque le permite dar rienda suelta a esa vena dramática que tanto anheló demostrar en Hollywood. Pero el intento se queda a medias.

Kevin Hart interpreta a una estrella de cine de la talla de Dwayne Johnson (adorado por el público y codiciado por la industria) que se reencuentra con su hermano, interpretado por Wesley Snipes, que siempre suele meterlo en problemas. En esta ocasión la reunión se complica cuando el personaje de Hart, Kid, descubre que la chica que pasó la noche a su lado está muerta en su cama por una sobredosis, derivando en una trama inverosímil donde el hermano -Carlton- le ayuda a deshacerse del cuerpo contratando a un amigo criminal que se dedica a ello. De esta manera, Una historia muy real se convierte en una serie demasiado pretenciosa para la trama que aporta, queriendo servir de análisis para las presiones de la industria pero desembocando en una historia con un giro final más que previsible y un Wesley Snipes que no termina de estar a la altura. Por momentos incluso da la sensación que su anhelo por ser un actor “serio” es tan grande que no controla los niveles de dramatismo, derivando en secuencias sin emoción alguna o una escena de embriaguez tan sobreactuada que provoca tanta sorpresa como risa.

Wesley Snipes como Carlton y Kevin Hart como Kid en 'Una historia muy real' (Cr. Adam Rose/Netflix © 2021)
Wesley Snipes como Carlton y Kevin Hart como Kid en 'Una historia muy real' (Cr. Adam Rose/Netflix © 2021)

Es decir, que en lugar de servir como el peldaño que tanto necesita para recuperar su lugar en el radar de la industra, Una historia muy real se corona como una serie que probablemente pase sin hacer mucho ruido por la plataforma, convirtiéndose en una oportunidad perdida para Wesley Snipes.

Una oportunidad que, al final, necesitaba. Por un lado porque a pesar de pedir durante varios años una nueva oportunidad con Blade, Marvel lo ha dejado fuera del reboot fichando a un actor en alza como Mahershala Ali (con un remake que promete colocar al superhéroe vampiro en un lugar más alto al introducirlo al universo de Marvel y con un director innovador como Bassam Tariq), y porque a sus 59 años, Wesley Snipes está muy lejos del alcance profesional que tuvieron sus rivales en el género a finales de los 90s y principios de siglo. Su estrella brilló durante muy poquito y ahora apenas parpadea a lo lejos.

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