Hace tiempo que una historia real de Netflix no me petrificaba tanto como 'El timador de Tinder'

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Todos aquellos que alguna vez tuvimos citas a ciegas podríamos estar de acuerdo en describirlas como una especie de prueba de fe y confianza. Fe en el amor (sobre todo si hay varias decepciones en el camino) y confianza al darle una oportunidad a un completo desconocido. Más aún cuando ese extraño, del que no tenemos ninguna referencia tangible, aparece en nuestras vidas a través de una aplicación online como Tinder.

Pues un documental de Netflix apela a esa vulnerabilidad universal estremeciendo hasta dejarte petrificado. Porque El timador de Tinder parece un thriller de suspense salido de la escuela de El cabo del miedo o Misery, pero es una historia real para quedarse de piedra. ¿Por qué? Porque al final podría pasarle a cualquiera.

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Como amante de la crónica negra no tardé ni un día en darle al 'play' de esta nueva apuesta de los responsables de A los gatos ni tocarlos y El impostor, descubriendo uno de los mejores documentales que nos regala el comienzo del año. El timador de Tinder aterrizó en Netflix el miércoles 2 de febrero, dando voz a las víctimas de un estafador que relatan cronológicamente, al detalle y sin tapujos, el engaño que vivieron en manos de un soltero que decía ser multimillonario en Tinder.

Una joven llamada Cecilie Fjellhoy es la primera en entrar en escena, desnudando su romanticismo ante el espectador y su pericia como experta en citas online, mientras expone que en 2018 hizo ‘match’ con un multimillonario llamado Simon Leviev. La cita fue románticamente perfecta, con el hombre de 31 años actuando atento e interesado, llevándola a Bulgaria esa misma noche y en jet privado para continuar con la cita. Y es que Simon decía ser el ‘príncipe de los diamantes’, es decir, el hijo de Lev Leviev, un famoso oligarca de diamantes ruso-israelí. Por eso viajaba constantemente, aunque no solo por trabajo sino también porque sus “enemigos” estaban siempre al acecho. Al estar relacionado con una industria tan “peligrosa” como los diamantes, su vida estaba en peligro, acompañado continuamente por un socio y guardaespaldas. O esa es la historia que hizo creer a Cecilie.

Una historia que la joven no tenía motivos para no creer. Había visto cómo se manejaba en los hoteles y restaurantes de lujo donde lo trataban como cliente preferencial, había viajado en su jet privado, en sus coches costosos y hablado con su séquito. Había leído artículos sobre el hijo de dicha familia y su perfil de Instagram era de lo más auténtico con infinidad de fotografías por medio mundo. Y así, a lo largo de un mes mantuvieron una relación centrada en mensajes y llamadas diarias, enamorándola con dedicación constante pero viéndose pocas veces debido a su “apretada” agenda para entonces dar la estocada. Simon le hizo creer que su vida corría peligro al enviarle imágenes de un ataque sangriento sobre su guardaespaldas, contándole que sus enemigos habían dado con su paradero. Que no podía usar sus tarjetas por temor a que descubrieran su localización, y por eso necesitaba efectivo y Cecilie debía ayudarlo. Después de todo era su novia, la futura madre de sus hijos y él un millonario que pronto le devolvería el dinero ni bien pudiera viajar hasta un lugar seguro. Y tras un mes romántico tan intenso, con planes de futuro y sin dudar por un segundo la identidad de Simon, Cecilie pidió un préstamo. Luego otro, otro y más, hasta sumar una deuda de 250.000 dólares con nueve bancos distintos en Gran Bretaña.

Pero sin saber que no era la única mujer en su vida pasando por lo mismo. Al mismo tiempo que sufría por él y su seguridad y se endeudaba; él expandía sus redes con otras mujeres. Y todas cuentan su experiencia con lujo de detalles, haciendo de este documental una crónica tan intrigante como estremecedora.

Cecilie Fjellhoy en El timador de Tinder, cortesía de Netflix.
Cecilie Fjellhoy en El timador de Tinder, cortesía de Netflix.

El timador de Tinder convierte a Simon Leviev en un villano implacable y aborrecible gracias a los testimonios pero sobre todo, a las pruebas que todas presentan y que apoyan la narración de la película. Así, el documental recurre a los videos, fotos, mensajes de texto y audio que guardan como prueba del engaño que las arruinó económicamente, derivando en la investigación que destapó al hombre ante el mundo. Y es que ante la falta de ayuda policial, Cecilie recurrió al mayor periódico noruego, que llevó a cabo su propia investigación, destapando una trama con un gran número de víctimas. Una estafa que él creó haciéndose pasar por agente infiltrado del Mossad, CEO de un fabricante de armas o empresario de un imperio de diamantes, y que alcanza los 10 millones de dólares. Así se descubrió también que este timador se llama en realidad Shimon Hayut: un israelí que cumplió dos años de prisión en Finlandia en 2015 por estafar a otras mujeres en el país y era prófugo de la justicia israelí desde 2011 por robo, falsificación y fraude.

Fue gracias a dicha publicación que el rostro de Simon quedó expuesto al mundo cortando sus alas. Al menos por un tiempo, porque parece que la justicia inicial ha servido de poco. Israel finalmente lo condenó a 15 meses de cárcel en 2019 tras cogerlo viajando con un pasaporte falso, pero solo cumplió cinco meses por buena conducta. Actualmente el hombre sigue desfilando lujos por sus redes sociales sin haber pagado por sus estafas, mientras las mujeres que confiaron en su amor siguen endeudadas.

En pocas palabras, los episodios de Catfish del programa de MTV o la trama de A los gatos ni tocarlos no son nada comparados con El timador de Tinder. Y después de varios meses sin recibir un true crime en condiciones, esta película consigue que el género infalible de Netflix vuelva a dar la nota con una historia impactante y ejecución impecable.

Porque en esa dupla se encuentra la fórmula que logró dejarme petrificada. Oír la voz de Simon en sus audios amorosos y verlo enviar los mismos vídeos a diferentes mujeres, elevan el testimonio de sus víctimas dejando en evidencia un juego donde la manipulación emocional es su baza principal. Una manipulación que, como apuntaba al comienzo, podría pasarle a cualquiera.

Después de todo no podemos negar que encontrar el amor por Tinder u otras aplicaciones es una práctica impregnada en la rutina social, que incluso me atrevería a sentenciar que es la manera más habitual o recurrente para tener una cita (hasta las celebrities lo usan). Sino, quien no la haya usado estando soltero en los últimos diez años (los que lleva Tinder en el mercado), tire la primera piedra.

El documental expone una estafa que remueve las entrañas de esa vulnerabilidad a la que nos exponemos al ir a una cita con un completo desconocido, absorbiendo su historia de vida como la pura verdad sin prueba alguna de su veracidad. Una vulnerabilidad que está más presente en los inicios de una posible relación, sin saber si las intenciones del otro son reales, y las dudas ante una personalidad que debemos ir descubriendo poco a poco sin consejos de conocidos, sin haberlo visto con amigos, en el trabajo o en familia, guiándonos solamente por lo que ese otro nos cuenta, lo que exponen sus redes sociales y poco más. No voy a negar que yo misma lo viví en el pasado, así como muchos amigos y conocidos, derivando en anécdotas de todo tipo.

Ayleen Charlotte, otra de las mujeres estafadas que estuvo 14 meses con Simon Leviev, cortesía de Netflix
Ayleen Charlotte, otra de las mujeres estafadas que estuvo 14 meses con Simon Leviev, cortesía de Netflix

Esa cercanía con una práctica habitual erige a El timador de Tinder como un documental que petrifica más que ningún otro true crime reciente, pero también por la estrategia a la hora de narrar la historia a ritmo de thriller, creando intriga y suspense.

Si bien es cierto que pedir préstamos por cientos de miles de dólares para un novio de Tinder no es algo que haríamos todos, la ingenuidad de sus víctimas -que fue muy criticada cuando la historia salió a la luz en prensa- sirve de ejemplo para demostrar esa vulnerabilidad emocional que se esconde en el amor nacido en redes. Donde la confianza juega un papel fundamental, pero también los perfiles de Instagram, las conversaciones por mensajes y las promesas rápidas vestidas con la ilusión del romance inicial.

Con todo esto, El timador de Tinder hace hincapié en la entrega que existe en la búsqueda del amor moderno, pero exponiendo una historia real que hará que más de uno aplique un poco más de desconfianza la próxima vez que deslice a la derecha.

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