‘Skin’, la historia real de un ex neonazi que logró borrar la huellas del odio

PUNTUACIÓN DE LA PELÍCULA: 72/100

Pocas veces nos llega un largometraje en donde la historia del director es tan emotiva como la película en sí misma. Tanto que debe ser contada para que su obra tenga más peso sobre la emoción consciente del espectador. Es el caso de Skin, el debut norteamericano del israelí Guy Nattiv que nos cuenta la historia real de un neonazi reformado que se sometió a casi dos años de dolorosas cirugías láser para remover los tatuajes de su cuerpo y reinsertase en la sociedad.

Skin es una película que invita a reflexionar sobre el perdón a través de la historia de un (ex) skinhead y líder de un grupo de supremacistas blancos llamado Byron Widner que entró al programa de protección de testigos (donde aún pertenece) magistralmente interpretado por Jamie Bell (Billy Elliot). Y por esas ironías del destino, Nattiv se topó con su historia y la transformó en película, pero solo después de recibir la aprobación de su abuelo. Él es nieto de dos supervivientes del Holocausto.

Cortesía de Ver Cine

Los amantes del género documental probablemente conozcan la historia de Widner. Él mismo fue el protagonista de Erasing hate, un documental para la televisión de 2011 que retrata los 16 meses de 25 cirugías a las que tuvo que someterse para eliminar los tatuajes neonazis que rellenaban gran parte de su piel. Widner creció en el seno de una familia de skinheads. El odio y la violencia eran parte de su vida hasta que se enamoró y decidió dar la espalda al movimiento, viéndose obligado a entrar al programa de protección de testigos por la persecución y amenazas recibidas. Y Skin retrata su historia, haciendo hincapié en el odio de un personaje como modo de vida y la redención que solo el perdón otorga. Todo con una música inquietante que acompaña cada gesto y momento de una de las mejores interpretaciones de Jamie Bell.

Skin marca el debut norteamericano de este director israelí muy conocido en su tierra. Ya sumaba varios largometrajes y cortos en su filmografía cuando decidió dar el salto a Los Angeles para contar la historia de Byron Widner. Pero vayamos por el principio. Tal y como nos contó el propio Guy en una íntima charla que mantuvimos por el estreno de la película en España, supo de él a través de un artículo que leyó en un periódico de su país cuando estaba tomando un café en Tel Aviv. Corría el año 2012 y estaba buscando una idea para debutar con su primer largometraje en EEUU tras llevar una relación a distancia con su esposa. La historia de Byron le impactó enseguida debido al pasado de sus abuelos, sintiéndose “emocionado y conmovido por alguien que había dado un cambio tan enorme en su vida”.

A pesar de estar en el programa de protección de testigos, el director logró contactar con Widner a través de un email cedido por la productora del documental. Le contó toda su historia, la de sus abuelos y los motivos que le llevaban a querer contar su vida en la gran pantalla. Tuvo que armarse de paciencia y tres meses después Byron respondió. Siguiendo diferentes pautas de protección, mantuvieron una conferencia por Skype para asegurarse que el director era quien decía ser y luego se vieron en un café de Nuevo México. Aunque antes Widner condujo cuatro veces alrededor del café para asegurarse que no era un engaño del movimiento que todavía lo podría seguir buscando.

Fui el primer judío israelí que conoció en su vida” me contó Nattiv. “Y él es el primer ex neonazi skinhead que yo conocí. Al principio pensaba que era extraño, pero fue una reunión magnífica con una persona muy humana que pasó mucho en su vida”. Congeniaron y el director pasó los siguientes tres años escribiendo el guion. Una vez terminado ya corría 2015/2016 y unos 50 productores rechazaron el proyecto. ¿La excusa? “Tenemos a Obama, Hilary Clinton está a punto de ser presidente, no entusiasma a la gente del medio oeste ¿por qué hacerla?” Con su manager intentó explicar la investigación que habían hecho, que el movimiento neonazi seguía activo y era enorme. “Nadie nos creyó” cuenta el director. Ante la negativa decidió hacer un cortometraje, también titulado Skin, con el que ganó el Óscar al mejor cortometraje de acción real en 2018 (es una historia diferente pero también retrata la discriminación y odio del movimiento y funciona a la perfección como visionado doble). Escribió el guion en un fin de semana y financió el proyecto con todos sus ahorros. Lo rodó en 4 días y los mismos productores reaccionaron diferente. Todo había cambiado. La realidad había sacudido a EEUU. Donald Trump era presidente desde enero de 2017 y los disturbios de Charlottesville por las manifestaciones de supremacistas y ultranacionalistas blancos sacudieron al país en agosto de aquel año. De repente todo había cambiado y sus ideas cobraban relevancia. Y así, poco después, conseguía la financiación para el largometraje. “Cuando los americanos hicieron películas sobre la Guerra de Vietnam ya habían pasado  10 años porque entonces la gente tenía las agallas para verlas. Los americanos tienen problemas para ver la realidad en su cara. Esto [el movimiento neonazi] es parte de América y es difícil para ellos de digerir. Quieren escapismo y les resulta difícil ver esta película” nos contaba tras las reacciones recibidas antes y después de la película.

Cortesía de Ver Cine

Pero antes, mucho antes, había recibido la aprobación que para él era la más importante. La de su abuelo. “Mis superhéroes de niño no eran Superman o Spider-Man. Eran mis abuelos, héroes que regresaron del horror y así crecí, rodeado de sus historias increíbles”, cuenta Nattiv sobre esos familiares que volvieron con vida del Holocausto. Cuando leyó la historia de Byron en aquel periódico, su abuelo aun estaba con vida y fue a pedirle su consejo y aprobación antes de lanzarse a la aventura. Mira, te enseñé que la habilidad de aceptar a alguien que solía ser una mala persona pero quiere ser mejor es más difícil que luchar contra el racismo” le recordó su abuelo como dándole la aprobación que Nattiv necesitaba.

Una de las lecciones que me dieron mis abuelos fue la importancia del diálogo. Sin él, no hay paz, no hay nada” recalca. Mi abuelo me influyó muchísimo”. Y así, con su bendición, se lanzó a la aventura de plasmar la redención de un hombre que había crecido en la ideología de odiarle.

Por tratarse de una historia tan arraigada a su pasado que muestra la crudeza interna que existe en el movimiento, entre ellos mismos y con el prójimo, nos cuenta que le resultó muy difícil rodar las escenas que retratan la violencia del neonazismo. “Fue difícil física y emocionalmente”.

Al director le llamó la atención que Byron Widner le confesara que no entendía por qué solía odiar los judíos, sino que le habían enseñado a odiarlos. Y es una de las ideas de las que parte la historia. Skin muestra cómo el odio se enseña, que hay quienes son víctimas de aquellos que lo imparten como forma de vida a través de la manipulación. Y resulta impactante verlo y sentirlo a través de la transformación de Jamie Bell, desde el joven skinhead convencido de su creencia a sus dudas y decisión final. El actor, que se inspiró en Taxi driver para su interpretación, se tomó un tiempo para decidir si aceptaba el proyecto debido a la crudeza de la historia. Pero lo hizo y lo dio todo. “Subió de peso, se fue a vivir con Byron Widner, se metió profundo en el personaje y al final necesitó de varios meses para curarse del papel y volver a ser él mismo. Poco después obtuvo el rol en Rocketman, que me dijo que le ayudó a desligarse de la carga de esta historia. No fue fácil para él” cuenta sobre el trabajo de su protagonista. Y realmente resulta increíble ver su capacidad de transformación en dos películas tan dispares en un año. En Skin, este joven británico saca un lado que no habíamos visto hasta ahora en donde desnuda el odio a través de una actuación entregada, mientras en Rocketman su personaje era pura comprensión y compasión. Una maravilla.

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Skin recurre al proceso de eliminación de los tatuajes como base para la historia, enseñando el dolor y sufrimiento tras el proceso en diferentes secuencias. De esta manera, hace hincapié en la imagen física transmitiendo al espectador el desprendimiento real del movimiento en su psique como metáfora a cómo fue borrando las huellas del odio. Es por eso que los tatuajes cumplen una función especial en la historia con el especialista en maquillaje Stephen Bettles haciendo el arduo trabajo de imitar cada uno de los tatuajes reales de Widner. Los volvían a colocar todos los días durante 5 horas, haciendo que Jamie Bell se levantara a las 4 de la madrugada para poder estar preparado a la hora de comenzar el día. Y no se los quitaba. El maquillaje permitía que los tatuajes no se borraran con el agua así que se los dejaba puestos para experimentar la reacción de la gente en las calles, supermercados y lugares públicos.

Aunque es inevitable que el mundo la compare, Guy Nattiv quiere que el espectador sepa que su película no está inspirada ni tiene relación con American History X, aquel clásico de 1998 sobre dos hermanos skinheads que aún pervive en la memoria colectiva de los espectadores. “Aquella era una película de los 90s, completamente diferente a lo que sucede hoy en día. En la actualidad, los neonazis son más brutales… es como una organización terrorista. Cuando la veo ahora me parece una película ingenua”. Quiere dejar claro que aquella producción protagonizada por Edward Norton y Edward Furlong no fue su inspiración para esta película, sino que recurrió a su memoria cinéfila con clásicos de “realidad política y social” como Taxi Driver (1976) y Toro Salvaje (1980), Bronson (2008) con Tom Hardy o Chopper (2000) con Eric Bana. “Películas con personajes de masculinidad jodida”, como las describe él.

En resumen, Skin quiere demostrar que el odio se inculca, no se nace con él, y que el perdón y la redención son posibles cuando hay voluntad y amor de por medio. Y que el diálogo, como le enseñó su abuelo, es el camino hacia la paz y el entendimiento. Prueba de ello es que Byron Widner, un ex skinhead al que enseñaron a odiar a judíos, inmigrantes y afroamericanos, mantiene una estrecha amistad con el activista afroamericano que le ayudó a salir del movimiento, Daryle Jenkins (interpretado por Mike Colter). Juntos estuvieron en el rodaje y hoy en día siguen siendo amigos con el director de la película.

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Skin es una película rodada hace 3 años pero que no podía ser más acertada en su estreno. Y recuerden lo que les digo, Guy Nattiv es un director al que seguirle la pista. Con este largometraje logra transmitirnos la empatía por el cambio de un personaje que sería fácil de rechazar para el público en general. Su película profundiza en la figura de Byron y su transformación, y aunque podría haber indagado más en el resto de personajes de la familia skinhead debido a las interesantes interpretaciones de su reparto (sobre todo de Vera Farmiga), Skin funciona como un drama casi intimista que busca la reflexión más allá del impacto sociopolítico. Y su siguiente película no podía sonar más interesante. Una vez más, esos superhéroes personales, sus abuelos, volverán a ser fuente de inspiración. En este caso, su abuela. La película ya cuenta con financiación y contará su increíble historia. Tal y como nos contó Nattiv, tras regresar del horror del Holocausto, la depresión y los pensamientos de suicidio se asentaron en la vida de esta mujer hasta que conoció a una joven “hermosa, odalisca y parecida a Sofia Loren que le prometió que la haría feliz”. La familia comenzó a ver que la amistad funcionaba, pero “no sabíamos que, en realidad, esta mujer era líder de una secta. Tenía 35 mujeres a su alrededor y mi abuela fue sumándose hasta que entró al culto” nos revela casi en secreto.

La abuela dejó a su abuelo “tras lo vivido juntos como supervivientes polacos del Holocausto” para seguir a esta mujer misteriosa. “Le dio todo el dinero alemán recibido como compensación, cortó todo contacto con nosotros y se mudó a Jerusalén y más tarde a Virginia”. Harmonia, la película, se rodará a finales de este año y será sobre “el post-trauma, la sensación de pertenencia, familia, búsqueda de la felicidad y muchas cosas más”.

Skin aterriza en las salas de cine el 6 de marzo con una historia real que nos invita a reflexionar sobre la capacidad de cambio del ser humano pero, sobre todo, del perdón hacia el prójimo. Y todo con el sello de un director que se atreve a dejar su huella más personal en una historia que lo toca en las entrañas.

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