Las historias reales de migración que inspiraron la película 'Adú'

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Tras la buena acogida de la película Bohemian Rhapsody el pasado domingo en prime time, fruto de la intensa campaña promocional de Telecinco, la cadena de Fuencarral repite jugada estrenando Adú. Por tanto, traslada Supervivientes: Conexión Honduras a la franja de máxima audiencia del lunes para torpedear la primera gala de la segunda edición de Mask Singer: adivina quién canta en Antena 3.

Adú se coronó como la segunda película española más vista de 2020 así que todo apunta a que, tras triunfar en los cines, esta enternecedora cinta también podría dar la campanada en televisión. Y es que el largometraje se estrena en plena crisis migratoria de Ceuta, una convulsa actualidad que me ha llevado a indagar en las diferentes historias de migración infantil que inspiraron la idea de este montaje protagonizado por Moustapha Oumarou, estrella debutante elegida tras arduos meses de casting en el continente africano. No cabe duda que descubrir que esta producción se origina a partir de varios casos reales hace mirar la trama con otros ojos.

Imagen promocional de Adú, archivo cortesia de Paramount Pictures
Imagen promocional de Adú, archivo cortesia de Paramount Pictures

Tras el anuncio a bombo y platillo del lanzamiento en abierto de Bohemian Rhapsody, Telecinco mantiene cine en domingo para competir con la serie turca Mi hija de Antena 3. Concretamente este 23 de mayo apuesta por Adú, la cinta que triunfó en los Premios Goya 2021 ganando cuatro galardones de sus trece nominaciones (mejor dirección para Salvador Calvo, mejor actor revelación para Adam Nourou, mejor dirección de producción y mejor sonido).

Hace unos meses compartía que me había quedado prendada de esta apuesta tras su incorporación al catálogo de Netflix. Y es que este montaje aborda el drama migratorio narrando el intento desesperado por alcanzar Europa de un niño camerunés de seis años -que da nombre a la película- y de su hermana mayor (Zayiddiya Dissou). Paralelamente la cinta nos presenta a un activista medioambiental (Luis Tosar) que lucha contra la caza furtiva, a la par que lidia con los problemas de su hija (Anna Castillo) recién llegada de España. A su vez el largometraje nos traslada a Melilla donde un grupo de guardias civiles se prepara para enfrentarse a cientos de subsaharianos saltando la valla. Es decir, el montaje aborda tres historias unidas por un tema central, cruzando los destinos de sus protagonistas.

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Recuerdo que el pasado 6 de marzo, en la ceremonia de la XXXV edición de los Premios Goya, Salvador Calvo quiso dedicar su galardón “a todos los Adús y Massars del mundo porque esos niños recorren el mundo aspirando a una vida mejor. Quiero decirles que el mundo no es nuestro, es de todos, y que de verdad lo pueden conseguir". Unas palabras sobre esta producción de Telecinco Cinema que ahora cobran un mayor sentido puesto que esta historia, enfocada en la odisea de un pequeño por alcanzar Europa, se estrena en medio de la crisis migratoria de Ceuta que nos ha dejado escenas dantescas de menores a la deriva como aquel bebé en el mar siendo rescatado por un guardia civil, así como la imagen viral de un joven migrante consolado por Luna Reyes, voluntaria de Cruz Roja que ha tenido que cerrar su cuenta de Twitter tras recibir mensajes de odio.

Que Adú, tras conseguir que la República de Benín acogiera por primera vez el rodaje de un largometraje internacional, represente el drama de muchos niños y jóvenes africanos (como estos días seguimos en el telediario) no resulta trivial. Porque detrás de este montaje se esconden varias historias reales muy dolorosas que inspiraron el argumento.

La idea de la cinta nace del caso del conocido como "niño de la maleta" cuya historia incluso se convirtió en un libro titulado Me llamo Adou (Editorial Planeta). Un suceso del que el proyecto audiovisual heredó el nombre (Adou se convirtió en Adú). Y es que el 7 de mayo de 2015 este pequeño de 8 años, originario de Costa de Marfil, fue descubierto por guardias civiles tras pasar un equipaje por el escáner de un puesto fronterizo del Tarajal (Ceuta). Iba descalzo y sin pantalones dentro de una maleta de ruedas, sin respiradero y acurrucado en posición fetal. Es decir, en condiciones inhumanas.

El padre del menor, Alí, había llegado a España en patera y, una vez que tuvo todos sus papeles en regla -tres años más tarde-, inició la reagrupación familiar trayendo primero a su mujer, Lucie, y luego a su hija Mariam de 9 años. Pero faltaba su hijo que se había quedado solo en Marruecos tras la muerte de su abuela. Después de fracasar por la vía legal (quiso traer al pequeño de forma regular pero por 56 euros no pudo puesto que se le exigía una determinada nómina que no se cumplía por esa pequeña diferencia de dinero), el progenitor de Adou recurrió a unos traficantes a los que pagó 5.000 euros para que introdujesen al crío en nuestro país. Tras el suceso, el niño fue trasladado a un centro de menores de la ciudad autónoma y Alí pasó 32 días en la cárcel Botafuegos de Algeciras (Cádiz).

A partir de ahí, comenzamos a diseñar el proyecto, partiendo de la historia de un niño que viaja junto a su hermana desde el corazón de África hasta Europa y entrelazándola con otras dos tramas: la de un grupo de guardias civiles que custodian la frontera sur de Europa y la de un activista occidental que acaba de recuperar a su conflictiva hija de 18 años”, explicó Álvaro Augustin a Mediaset en 2019.

Lo cierto es que entre la historia real y la producida en la gran pantalla solo hay un ligero parecido y es porque el caso de Adou no es el único que motivó la puesta en marcha de la película. Salvador Calvo estaba concienciado con este drama humanitario debido a que su pareja trabajaba de voluntario en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. “Mi pareja estaba trabajando como voluntario en un centro de acogida de CEAR mientras yo hacía la peli. Llegaban continuamente pateras. Todos los días nos iba contando historias absolutamente alucinantes, espeluznantes, dramáticas y algunas apasionantes”, relató el director en la web de esta ONG española fundada en 1979.

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Precisamente, cuando Salvador Calvo rodaba 1898: Los últimos de Filipinas, acudió a un centro de CEAR en el municipio de Vecindario (Gran Canaria) donde descubrió el trágico caso de otro menor. Un pequeño de 6 años llamado Nassis tomó tierra tras una travesía en patera como parte de una red de tráfico de órganos. "Llegó con su madre y sus dos hermanas en la patera", comentó el director a SensaCine el pasado año a la par que agregó cómo "descubrieron que el niño no era hijo suyo y que ella lo traía para desguazarlo, para venderlo como órganos para una red de tráficos de órganos que tiene su entrada en Canarias y luego se distribuye por toda Europa".

Pero hay otra historia real que inspiró a Salvador Calvo a hacer Adú y que también me encoge el corazón. Y es que la cinta tuvo en consideración el caso de un chico somalí de 15 años llamado Yean que, huyendo de las violaciones de su tío y sus amigos, cruzó solo todo el Desierto del Sahara. Terminó en Libia como esclavo, permaneciendo durante dos meses allí, y al final se escapó. En su huida, el adolescente tuvo que prostituirse a fin de conseguir el dinero para pagar la patera y llegar a la costa de Marruecos.

“El pobre chico terminó recaudando el dinero a base de prostituirse para la patera, 3.500 euros, que es una barbaridad. Al final aquel chico llegó a España y a las dos semanas murió de Sida. El chaval nos contaba en el hospital que no podía creer que la vida fuera tan cabrona para que ahora que comenzaba a vivir tuviera que morirse”, explicó en 2020 a El Cultural el propio director. Un caso real que inevitablemente asociamos al de Massar en la película y a su devolución en caliente sin importar nada más. Un joven enfermo de Sida que necesita asistencia médica urgente, después de ser rescatado tras su peligroso cruce a nado a Melilla con Adú, que acaba de vuelta a la frontera siendo entregado por un agente español a las autoridades marroquíes.

En conclusión, Adú resulta todavía más conmovedora si tenemos en cuenta que es una película inspirada en varios hechos reales, todos ellos con el drama humanitario como telón de fondo. De modo que sabiendo estos detalles la cinta consigue poner rostro y nombre a esos niños y jóvenes supervivientes que aspiran a una vida mejor, digna y segura.

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Imagen: ©Manolo Pavón/Cortesía de Mediaset