La inspiración real que esconde ‘El proyecto de la bruja de Blair’

Hace poco más de 20 años, El proyecto de la bruja de Blair fue el tema de conversación más candente entre miles de espectadores. “¿Es una historia real o no?” nos preguntamos al principio más de uno. Hoy en día sería difícil que una campaña como aquella, que jugó tanto al despiste, funcione de la misma manera. Pero básicamente, con la información aun limitada en la red y sin más datos que aquellos que la distribuidora quiso divulgar, la película fue un fenómeno para el género de terror gracias a vender las imágenes como un documental editado a partir de imágenes encontradas en un bosque.

Y dos décadas después volvemos a preguntarnos ¿había alguna inspiración real en toda su historia? Pues ¿saben qué? La respuesta es que sí. Un poquito.

© 1999 Artisan Entertainment

Corría el año 1999, y aun recuerdo el día que la vi. Era el primer sábado después del estreno, ningún amigo o familiar se atrevía a verla conmigo -culpa de esa campaña que la convirtió en éxito del boca a boca- y fui sola a una proyección que había en un cine a las 14:00. Lo recuerdo porque era invierno y oscurecía temprano, y había calculado que de esa manera saldría de la película cuando todavía había un poco de luz. En caso de que me aterrara más de la cuenta. Recuerdo también que me pareció la película de terror más boba jamás hecha hasta que llegó la secuencia de los niños atacando la tienda de campaña, corriendo con los protagonistas en mi imaginación, siguiéndolos en la oscuridad mientras huían por el bosque. Y en ese momento cambié de idea y agradecí no salir de noche de la sala.

El proyecto de la Bruja de Blair se hizo con un presupuesto de apenas 54.000 euros ($60.000) y cosechó nada menos que 221€ millones ($248 millones) en todo el mundo, dejando huella en el calendario de estrenos de 1999 (uno de los mejores años para el cine) e impulsando el subgénero del found footage (ese mismo que utiliza la saga Paranomal Activity, REC o Monstruoso) con una campaña de marketing que daba por desaparecidos a sus tres protagonistas y que muchos se creyeron.

Daniel Myrick y Eduardo Sánchez eran estudiantes de la Universidad de Florida Central cuando se les ocurrió el proyecto en 1993 al darse cuenta que les provocaban más miedo los documentales sobre fenómenos paranormales que las películas de ficción de terror. Y así, decidieron crear un largometraje que combinara los dos. Fundaron una compañía productora, escribieron un guion de 35 páginas cuyo diálogo iba a ser improvisado, pusieron un anuncio buscando actores en una revista y en 1997 la rodaron en ocho días.

La película giraba en torno a las grabaciones encontradas de un grupo de estudiantes que se disponían a rodar un documental sobre una bruja legendaria de Maryland conocida como Elly Kedward, y un ermitaño llamado Rustin Parr que en los años 40s había secuestrado a siete niños, asesinándolos por órdenes de la bruja. Y así, tras entrevistar a varios personajes locales, se adentraban en el bosque de Burkittsville en búsca de respuestas, solo para encontrar más leyendas en el camino de muertes y desapariciones misteriosas a lo largo de los siglos, y finalmente terminar siendo acechados en la oscuridad, compartiendo el mismo destino que los niños de la leyenda.

Entonces ¿qué había de real en todo esto?

El diseñador de producción de la película, Ben Rock -que había estudiado en la misma clase con los directores- era un fanático de lo paranormal y se encargó de crear toda la mitología que rodea la historia. Con su visión rodaron un mockumentary estrenado en televisión previamente en el canal SciFi y lanzaron una web que explicaba la leyenda ficticia de la película (y que todavía está activa). Y aunque todo era inventado, tanto la bruja como el secuestrador de la leyenda estaban inspirados en dos nombres de la vida real. El asesino Rustin Parr es un anagrama que hace referencia a Rasputín, el curandero, ocultista y figura política histórica de Rusia; pero el nombre de la bruja parte de una figura aun más interesante.

En la película, la leyenda dice que la bruja es el fantasma de Elly Kedward, una mujer sentenciada a morir por brujería en el pueblo de Blair en 1785. Pues bien, Elly Kedward es otro anagrama. En este caso de Edward Kelley, un médium del siglo XVI que decía traer muertos de vuelta a la vida. Y así, Rock plasmó su obsesión por lo paranormal de forma más que personal.

De esta manera, el joven cineasta que hacía sus pinitos en la industria con esta película rindió su propio homenaje a esta figura legendaria en la historia de la alquimia de su época. A diferencia de la bruja de la película, Edward Kelly fue un ocultista inglés que vivió entre 1555 y 1597. Si bien la historia lo tacha de charlatán, Kelley era uno de los médiums más famosos de su era que dedicó varios años de su vida a viajar y experimentar con la alquimia junto a John Dee, el legendario astrónomo, ocultista y consejero de la mismísima reina Isabel I.

Según la historia, Kelley era un médium exitoso que decía tener la habilidad de comunicarse con los ángeles. ¿Su truco? Era ventrílocuo y, básicamente, engañaba a sus clientes haciendo brotar voces de la bola de cristal con su “magia”. Comenzó sus andanzas profesionales falsificando documentos y, con su fama de alquimista asentada, viajó por Europa con John Dee haciendo creer a muchos que habían descubierto el elixir de la vida eterna y la piedra filosofal. Lo cierto es que sirvió bajo el rey Rodolfo II de Praga pasando un examen en el que supuestamente logró convertir en oro medio kilo de mercurio, llamando la atención de la reina Isabel I que lo convocó en la corte de forma inmediata. Si un súbdito suyo era capaz de crear oro, ella lo quería a su lado.

Pero, al enterarse, el rey Rodolfo II lo arrojó a las mazmorras de su castillo (algunos dicen que por estafa, otros porque se negaba a confesar el secreto de su alquimia). Kelley nunca llegó a servir a su reina porque murió en 1597/98 al intentar escapar de prisión. Y así pasó a la historia como uno de los alquimistas y médiums más famosos del folclore histórico. Incluo su historia está retratada con gran protagonismo en el Museo de los alquimistas y magos de la antigua Praga.

Y así, casi en secreto, los responsables de El proyecto de la bruja de Blair se inspiraron en su nombre para crear a la famosa bruja de la leyenda, aunque la inspiración en general para toda la mitología inventada también incluyó la idea de las desapariciones misteriosas del Triángulo de las Bermudas, la obra de Arthur Miller de 1953, Las brujas de Salem (o El crisol) y los casos reales de aquella persecución de brujas de Massachussets en 1692, retratando temas de injusticia impartidos sobre aquellos que fueron acusados de brujería siglos atrás y desapariciones misteriosas.

Es decir, no hubo ninguna Bruja de Blair, ni existe el pueblo antiguo de Blair en Maryland sino que se inspiraron en figuras de la historia en general, desarrollaron personajes y una mitología que se expandió en dos secuelas, novelas, comic book, videojuegos y un documental. Y lo que lograron fue único en la historia del cine, tanto que cientos de curiosos viajaron hasta la localización donde se rodó la película después del estreno con la esperanza de conocer más sobre la leyenda. Muchos se creyeron que la mitología inventada era real, haciendo que historiadores y residentes de la zona de Burkittsville criticaran la película por provocar un frenesí incontrolable por su, una vez, apacible poblado.

Cuentan los vecinos que los curiosos iban al cementerio con velas a hacer vigilia por los niños secuestrados creyéndose la historia de la película, mientras otros acosaban a los residentes con preguntas constantes sobre “la leyenda”. El hartazgo los persiguió durante tanto tiempo que el pueblo borró toda huella de la película en 2016, buscando desligarse por completo de la secuela más reciente, Blair Witch.

Sin embargo, si hay una historia real y terrorífica de toda esta experiencia cinematográfica es la que vivieron sus protagonistas. Heather Donahue, Michael Williams y Josh Leonard no solo pasaron miedo y hambre en el rodaje, sino que hoy en día la sombra de la película todavía les persigue. Solo Leonard siguió trabajando como actor, mientras Heather se quedó encasillada en aquella película y terminó escribiendo un libro explicando su profesión como granjera de plantación de marihuana medicinal; y Michael se dedica a dar clases de actuación mientras trabaja como consejero escolar.

Los padres de los tres pasaron muchos años recibiendo condolencias creyendo la historia de que sus hijos habían muerto como muestra la película, y hasta recibieron amenazas de algunos espectadores que se sintieron engañados al conocer que estaban con vida. Fue la campaña que demostró a Hollywood el poder de internet y lo viral.

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Fuentes: Wikipedia, Thrillist, Vice, Dread Central (archivo)