La historia de la pintora Romaine Brooks (II)

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La historia de la pintora Romaine Brooks (II)Hulton Archive

Lo primero que hizo Romaine con el dinero heredado fue, para sorpresa de propios y ajenos, casarse. El elegido fue John Ellington Brooks, el amigo siempre enredado en sus proyectos de traducir grandes obras literarias al que había conocido en Capri. Por supuesto, era homosexual, como ella misma -aunque también tuvo relaciones con hombres; la definición de su sexualidad es compleja-. Según su biógrafa Diana Souhami , los motivos para el matrimonio pudieron haber sido compartir los intereses culturales comunes, alejar a la presencia masculina no deseada -como los hombres que la habían acosado cuando estudiaba en Roma- y también cambiar su apellido, Goddard, para romper de forma simbólica del todo con ese hermano y madre muertos que tanto la habían atormentado.

El matrimonio, celebrado el 13 de junio de 1903, enseguida hizo aguas; cuando Romaine se cortó el pelo y empezó a vestir con ropas masculinas, John le dijo que le avergonzaría ser visto en Inglaterra con ella luciendo esas pintas. También parecía tener mucho interés por disponer del dinero de ella como si fuera propio. En menos de un año, la pareja se disolvió. Durante el resto de su vida, John Ellington viviría en Capri, ayudado por la pensión anual que le pasaba Romaine, como uno más de los bohemios y malditos habitantes de la isla. Durante una temporada fue pareja del escritor E.F. Benson, pero su compañía más habitual hasta su muerte en 1929 fueron sus fox terrier.

Rica y separada, Romaine se esforzó por redondear su estilo pictórico mientras entraba en contacto con los círculos artísticos de Londres. Aquí la trama se complica porque, admiradora rendida del fallecido Oscar Wilde, hizo migas con Lord Alfred Douglas, “Bosie”, el amante que había llevado a Wilde a la perdición. Bosie estaba recién casado con Olive Custance, escritora que justo antes de casarse con él mantenía un romance con Natalie Clifford Barney, que acabaría siendo un personaje clave en la vida de Romaine. Pero eso sería años después. En 1905, Romaine hizo lo que todo pintor de su momento debía hacer si quería crecer como artista: mudarse a París. En la ciudad, consiguió destacar por fin como artista, además de pasar a formar parte del salón de Winnaretta Singer, la princesa Edmond de Polignac, de quién se enamoró. Pero el encuentro más importante que ocurrió en su etapa francesa fue el que tuvo con Gabriele d'Annunzio, el poeta italiano de controvertida personalidad. Se hicieron amantes en un breve y apasionado romance que dio pie a una larga amistad de décadas. En aquellos años, Romaine también tuvo un affaire con la bailarina Ida Rubinstein, estrella de los ballets rusos de Diaghilev. A ella la retrató cuando estalló la primera guerra mundial en un cuadro, “La cruz de Francia”, que le valió -junto a su trabajo como voluntaria conduciendo jeeps- la Legión de Honor francesa.

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Ida Lvovna RubinsteinHulton Archive

En 1915, en plena Gran Guerra, y tras romper con Ida, Romaine inició un romance con Natalie Clifford Barney. Escritora, poeta, y sobre todo imán social, Natalie era una conocida lesbiana que mantenía ya entonces a su vez un romance con la también escritora Elisabeth de Gramont. Como el poliamor no es ninguna contribución moderna, las tres vivieron un complejo ménage à trois que era, por supuesto, abierto, y mucho, desde luego por el lado de Natalie. Viajaron juntas, vivieron juntas -aunque cada una mantenía su casa- y cuidaron unas de las otras. Fue el período más creativo y productivo de su vida.

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Natalie Clifford Barney en su jardín en ParísPictorial Parade
elisabeth de gramont
Elisabeth de GramontApic

Pero los años fueron pasando de forma inexorable, y las cosas cambiaron. Durante la segunda guerra mundial, Romaine se trasladó a Italia, al pueblo de Fiesole. Su vinculación con el fascismo, vía amistad con D'Annunzio, es controvertida y todavía está por explicar, igual que las simpatías de Barney por el movimiento. Elisabeth, “Lily”, falleció en 1954; fue el fin de la familia armoniosa. Cuando Natalie inició un romance con Janine Lahovary en los 50, Romaine se fue alejando cada vez más progresivamente de ellas.

En 1967 cambió Italia por una villa en Niza. Pintó casi hasta el final de su vida, pero la paranoia, la desconfianza y la ansiedad fueron haciéndole mella. Cuando sufrió de cataratas, se negó a que los médicos de Natalie la visitasen, y ella misma se autodiagnosticó y trató. Sus últimos días los pasó como una reclusa, con la única compañía de una sirvienta. Murió en Niza, en 1970. Tenía 96 años. Natalie fallecería dos años después. Parecían reliquias de un tiempo que había quedado muy atrás.