La historia de Molly O'Day, la actriz condenada por Hollywood a los 18 años por unos kilos de más

Actress Molly O'Day (Photo by �� John Springer Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images)

Hollywood siempre tuvo predilección por el cuerpo perfecto. No es ninguna ciencia, lo sé. Es un hecho. No hay que ser muy avispado para hacer matemáticas y contar más diosas del Olimpo que mujeres voluptuosas desfilando en las alfombras rojas. Pero esta tendencia tan odiosa, contra la que muchas actrices han luchado y siguen haciéndolo, viene desde los días en que la industria era apenas un bebé. Y para ello paso a recordarles a Molly O’Day, una estrella emergente de los años 20s que sufrió el bullying de sus jefes y la prensa. Tanto que terminó sometiéndose a la primera liposucción de Hollywood cuando tenía tan solo 18 años.

Al pensar en actrices que se han enfrentado a la lucha constante por la perfección física en la industria del cine, recordé a Meryl Streep y a Judy Dench. Las dos fueron señaladas de “feas” por diferentes ejecutivos en sus inicios como actrices y demostraron al mundo que su belleza era mucho mayor de lo que unos pocos hombres con poder en Hollywood vieron en ellas. Pero Molly O’Day no tuvo esa suerte. Corrían otros tiempos, no había contención ni redes sociales donde destapar el acoso o bullying como ahora, y ni siquiera la prensa estaba del lado de ellas como ahora. Todo lo contrario. Había terminado la Primera Guerra Mundial y el público estaba sediento de historias y la prensa amarilla había encontrado un nicho perfecto explotando las miserias y escándalos de Hollywood. Y Molly fue la víctima perfecta.

circa 1923: Molly O'Day, the American actress who featured in First National Pictures. (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

¿Qué había de escandaloso en esta chica adolescente que obtuvo fama repentina con una película? Nada que hoy nos asombre. Pero entonces fue la cruz que condenó su carrera: en los meses siguientes al estreno había subido 9 kilos de más. Tenía 17 años. 9 kilos nada más. Y lo que sucedió a continuación fue un capítulo plagado de bullying en toda regla.

Conocí su historia a través de You must remember this, un podcast que sigo de forma religiosa, cuyos capítulos hablan sobre diferentes historias del pasado de Hollywood. La historia de Molly me llamó tanto la atención que me obsesioné (un poquito) intentando encontrar más información sobre ella. Y aquí la comparto con ustedes.

Molly nació como Suzanne Dobson Noonan un 16 de octubre de 1909 en Nueva Jersey. Era la menor de 11 hermanos, hijos de una cantante de ópera que canceló su contrato con la Ópera Metropolitana de Nueva York para casarse con su padre, un juez. Pero la muerte repentina de su progenitor, obligó a su madre a mudar a toda su prole a Los Angeles con el sueño de que uno de ellos lograra sacarlos de pobres en el soñado y ascendente mundo del cine. Cinco de sus hermanos lucharon en la Primera Guerra Mundial, una hermana fue enfermera de la Cruz Roja y otras tres probaron suerte en el cine. Una de ellas lo logró, Virginia -cuyo nombre artístico fue Sally O’Neal- consiguiendo un contrato con MGM para aparecer en una película con Joan Crawford en 1925.

Sally abrió el camino y Suzanne siguió sus pasos. Debutó a los 14 años antes de cambiarse el nombre a Molly O’Day, en un corto de ‘Laurel and Hardy’ (El Gordo y el Flaco) y a continuación apareció en varias series de Hal Roach. Pero fue a los 17 años cuando todo cambió. Cuenta la leyenda que superó a otras 2.000 contrincantes (aunque hay quien cree que fueron menos) haciéndose con el papel de heroína en The patent leather kid (titulado en España El mundo que nace), un drama silencioso de 1927 que fue un éxito de crítica y taquilla.

Su futuro era prometedor. Poco después era elegida entre las 13 actrices que cada año la Asociación de Publicistas de Cine nombraba como los nuevos rostros con cualidades para ser estrellas. Se conocían como los WAMPAS Baby Stars. Su hermana había sido seleccionada el año anterior. Es decir, Molly alcanzó el estrellato enseguida pero no tuvo mucho tiempo para disfrutarlo. El escrutinio mediático y de la industria pronto notaron su físico y los kilos que aparentemente la diferenciaban del ideal cinematográfico de la época, ensañándose con una malicia abrumadora. Es más, leyendo algunos recortes de periódicos de la época sobre ella no pude evitar recordar los malos años de Britney Spears, y otras figuras públicas, y la presión mediática de los tabloides. La diferencia es que el pecado de Molly había sido simplemente subir de peso.

Algunas de las frases y titulares sobre Molly O’Day son literalmente para hervirnos la sangre. “¿Alguna vez vieron una calabaza vestida de vestidos de noche de una dama?” escribió la revista Photoplay al describir su apariencia física. “Napoleón perdió su batalla pero el Waterloo de Molly es pura grasa” decía en otro artículo. Mientras que uno de sus titulares de 1928 escribieron: “Matándose de hambre por el estrellato”. Y así entramos en el siguiente capítulo de su historia.

Y es que la presión no era solo de la prensa. El estudio comenzó a amenazarla con dejarla sin contrato. Resulta que, y aquí viene lo que personalmente me dejó los ojos como platos, First National -el estudio que la tenía bajo contrato- estipulaba una cláusula que obligaba a sus actrices a mantener la figura deseada. La cláusula hacía referencia a que el estudio tenía el derecho de suspender 12 semanas de pago si la actriz incurría en “discapacidad o desfiguración del rostro o física”. Y olviden el talento, en esta época, los kilos de más entraban en esta categoría.

A pesar de probar diferentes dietas, no lograba bajar de peso. Molly intentó esconder su figura con corsés , pero solo conseguía llamar más la atención de los tabloides y después de hacer unas cuatro películas más, First National le dio un ultimátum: tenía 90 días para bajar esos 9 kilos con ayuda de un dietista. El mensaje era que debía perder peso o despedirse de su corta carrera. Le dijeron que debía bajar a los 49 kilos (109 libras) y que la prueba de fuego sería demostrar a los ejecutivos que podía meterse en el vestuario de The patent leather kid. Una ropa que vistió a los 17. Ahora tenía el cuerpo de una mujercita de casi 19.

Imagínense qué bochorno. Que presión. Y más siendo tan joven y en un mundo en donde la mujer estaba lejos de conseguir todos sus derechos igualitarios. Apenas 8 años atrás recién habían logrado el voto en EEUU. Hizo una dieta que la obligaba a darse baños calientes mañana y noche, y comer espinaca, chuletas de cordero y piña tres veces al día. Pues bien, no logró perder ni un gramo y, encima, perdió el papel protagonista en una película.

Los titulares se llenaron con historias centrándose en sus kilos de más, burlándose de su peso y mofándose de su figura con descripciones horribles. Esos kilos de más se convirtieron en el mayor obstáculo para su ascenso y, al final, terminó sucumbiendo al bullying y la presión, sometiéndose a la primera cirugía para perder peso de Hollywood. Les recuerdo: tenía casi 19 años. No fue tan lejos como Barbara La Marr, la actriz que en la misma época fue víctima de los tabloides por el rumor que afirmó que se había tragado la cabeza de una lombriz solitaria para perder peso, pero casi. Fue en septiembre de 1928 y ella misma definió más tarde la experiencia como “ser arrastrada a la guillotina como María Antonieta”.

Pero veamos ¿eran las liposucciones seguras en 1928? Pues no tanto. La primera se hizo en 1921 por un cirujano francés llamado Charles Dujarier, que pretendió eliminar la grasa acumulada en los tobillos y rodillas de una bailarina, pero la cirugía fue una verdadera carnicería. Resultó en amputación y en la primera demanda en la historia de la cirugía cosmética. Los procedimientos de eliminación de grasa habían avanzado en esos años, pero poco. En aquel entonces, para eliminar grasa de piernas y caderas, los doctores hacían varias incisiones para quitar la grasa más evidente y luego derretían el resto dejándola drenar a través de los cortes. Para cuando Molly se sometió a la suya, la técnica llevaba tan solo 2 años siendo aplicada.

Según las noticias de la época, el doctor Robert B. Griffith -que acumulaba varias demandas por negligencia médica- le quitó de 2 a 5 kilos haciendo cortes en piernas y caderas. Los tabloides se hicieron eco enseguida de la operación, reportando a diario su recuperación. Incluso publicando fotos de Molly en la cama del hospital. Lo triste de la historia -sí, hay más- es que después de semejante cirugía y un postoperatorio que para la época debe haber sido muy doloroso, el estudio dio de baja su contrato en diciembre del mismo año. Apenas tres meses después. El sacrificio tuvo un efecto contrario y el estudio ni siquiera explicó por qué.

Tenía 19 años, se había sometido a la cirugía por presión y estaba sin trabajo. A esto se sumaron otros escándalos personales, como que declaró la bancarrota con su hermana o que uno de sus hermanos era un criminal que había escapado de prisión. Todos sus esfuerzos fueron en vano. Incluso un ex suyo, el actor George Raft, dijo más tarde a su biógrafo Lewis Yablonsky: “Le iba bastante bien en las películas, pero le encantaba comer en exceso y ese peso resultó ser su perdición. Intentó una cirugía plástica extraña, donde le pagó a los curanderos una fortuna por una operación en la que intentaron cortar grasa de su cuerpo. Cuando la cosieron, tenía cicatrices en las costuras que recorrían los costados de su cuerpo anteriormente hermoso. La operación arruinó su salud, su carrera y casi la mató”.

Molly siguió apareciendo en algunas películas con papeles menores, incluso logró bajar 13 kilos durante una estadía en Florida poco después, colmando los tabloides hollywoodenses a su regreso con su cambio. Pero el daño ya estaba hecho. Y solo por tener 9 kilos más de lo que exigía el estudio. En 1935 hizo su última película acompañando a Rin Tin Tin Jr. … Si, el perro. Ella era secundaria. El perro protagonista. Y así, a los 24 años su carrera se había terminado.

Sin más remedio, Molly se alejó del cine, se casó y fue madre ese mismo año. Tuvo cuatro hijos con su primer marido pero se divorció en 1951 y contrajo matrimonio un año más tarde con James Kenaston, divorciándose cuatro años después acusándolo de violencia doméstica. Recibió una importante suma de dinero del divorcio, pero murió a los 88 años en 1998. A pesar del talento que muchos aplaudieron en sus inicios, la industria del cine terminó recordándola por sus “problemas con el peso”. Ya nadie la definía como actriz en los artículos sobre ella.

Sin embargo, Molly recibió una estrella en el Paseo de la Fama en 1960 y dedicó los últimos años de su vida a ayudar a personas sin hogar de su comunidad. Así que con este artículo, te reivindico Molly donde sea que estés.

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Fuentes: You Must Remember This; fotos y recortes de Silence is platinum; recortes de PhotoPlay; Virtual-History; Wikipedia; Los Angeles Times; The Independent; NCBI