Elizabeth Taylor y Debbie Reynolds, un marido y el affaire que se convirtió en una lección de amistad femenina

Valeria Martínez
·12 min de lectura

Esta es la historia de dos amigas, un hombre y el triángulo amoroso más escandaloso de Hollywood. Corría el año 1958 cuando Debbie Reynolds vivía la doble traición que la puso en la mira de los tabloides de la época. Su marido y su mejor amiga comenzaban un affaire a sus espaldas. Él era el ídolo de masas Eddie Fisher, y ella la mujer más bella del planeta, Elizabeth Taylor.

De forma instantánea el mundo se dividió señalando a Liz como una femme fatale rompe hogares y a Debbie como la víctima inocente de dos adultos pecadores. Sin embargo, la lección de perdón, amistad y unión femenina que protagonizaron ambas merece ser recordada.

Elizabeth Taylor, Eddie Fisher y Debbie Reynolds en Tropicana el 19 de junio de 1958 en Las Vegas (AP Photo, GTRES)
Elizabeth Taylor, Eddie Fisher y Debbie Reynolds en Tropicana el 19 de junio de 1958 en Las Vegas (AP Photo, GTRES)

En 1955, Eddie Fisher y Debbie Reynolds eran los tortolitos más adorables de Hollywood. Durante cuatro años de matrimonio, la estrella de cine y el ídolo musical formaban una familia de sonrisas perfectas junto a dos pequeñitos que completaban las fotos de una familia ideal. Carrie Fisher era uno de ellos. Debbie había crecido en el seno de una familia tradicional, se casó virgen (lo contó ella misma años más tarde) y la traición no entraba en su vocabulario. Ni se imaginaba que Eddie podía serle infiel, incluso cuando Frank Sinatra le había advertido que no se casara con él cuando le dijo eso de “que los músicos somos infieles”.

Ella misma despertó a su marido en la noche de un 22 de marzo de 1958 para darle la noticia de que su mejor amigo y marido de Liz, Mike Todd, había muerto en un accidente aéreo. Se marcharon corriendo a casa de Elizabeth llegando justo cuando la estrella del celuloide gritaba sollozante, y al ser testigo del tremendo dolor que sufría, Debbie actuó rápido y pidió a su esposo que se quedara ayudando a Liz mientras ella se llevaba a los niños. Los de ella y los tres de su amiga. Liz era la mujer más bella del mundo, pero sobre todo era su amiga, y en ese momento los necesitaba. Poco imaginaba Debbie que Eddie pasaría rápidamente de prestarle el hombro a acomodarse físicamente de otras maneras.

Hasta ese momento Debbie y Eddie eran la imagen de una pareja tradicional que había logrado triunfar en un Hollywood infestado de escándalos y malas lenguas. Por tanto, cuando se supo que el marido de la sonrisa perfecta había dejado a su esposa y sus pequeños para comenzar una nueva vida con Elizabeth Taylor, la historia alcanzó la estratosfera.

Debbie siempre había adorado a Elizabeth desde que se habían conocido en la escuela de los estudios MGM a los 17 años. Eran las únicas dos estudiantes en clase y aunque Liz era apenas un mes mayor que Debbie, su experiencia en Hollywood era la de una súper estrella. Cuando Debbie recién comenzaba su contrato con los estudios, Liz había alcanzado el estrellato tiempo atrás con Fuego de juventud (1944) cuando tenía tan solo 12 años. Es más, ella mismo dijo en una ocasión que no podía recordar una época en que no hubiera sido famosa. La fama llegó muy pronto a su vida pero en su caso no fue solo por sus películas, sino también por sus amistades, enfermedades, tragedias, romances, bodas, divorcios e infidelidades. La vida de Liz era el plato perfecto que, muchas veces sin quererlo, alimentaba el hambre voraz de los tabloides. Y el triángulo amoroso que vivió con Debbie y Eddie fue mucho más grande que el que vivimos hace unos años con Brad Pitt, Angelina Jolie y Jennifer Aniston. Vamos, muchísimo más grande.

Bien es sabido que Elizabeth Taylor tuvo dos grandes amores en su vida. El más recordado es el que vivió con Richard Burton, a quien conoció en el set de Cleopatra (1963) donde ella era la reina del Nilo y él su Marco Antonio, y no solo por ser el romance más largo de los dos, sino por la fuerza que tuvo entre los medios y el público. Juntos fueron un torbellino que arrasaba a su paso, víctimas de un amor tan pasional que fue tremendamente tempestuoso, rellenando titulares de forma periódica con peleas, reconciliaciones, rumores dos bodas y dos divorcios. Pero volvamos a la línea temporal de la anécdota. Su primer gran amor fue con el productor y empresario Mike Todd -a pesar de ser su tercer esposo- con quien contrajo matrimonio un mes después de divorciarse del segundo, el actor británico Michael Wilding y padre de sus dos primeros hijos. Se casaron en febrero de 1957 y tuvieron a Liza Todd en agosto de ese mismo año (adoptada por Burton años más tarde).

Liz comenzaba aquel 1957 embarazada, con un nuevo amor y habiendo superado los escándalos que señalaban que Wilding llevaba prostitutas a la casa familiar cuando ella no estaba. Además de haber superado el shock de la terrible tragedia de su gran amigo Montgomery Clift, a quien salvó la vida en una noche de mayo de 1956 cuando el actor tuvo un accidente de coche al marcharse de una cena en su casa, abriéndole la boca para quitarle los dientes que lo estaban atragantando. La ambulancia tardó casi una hora en llegar y si no hubiera sido por ella, su amigo no habría sobrevivido. Pero la vida le sonreía y, por fin, Liz volvía a ser feliz. Mike Todd y Eddie Fisher eran amigos, mientras Liz y Debbie lo eran desde años atrás, y los cuatro compartieron muchos momentos juntos. Es más, Debbie fue su dama de honor, la ayudó a vestirse, le lavó el cabello y la peinó para su boda.

Pero la tragedia tocó a su puerta cuando trece meses después de la boda, Mike sufrió un accidente de avión que lo mató en el acto (por esas casualidades odiosas del destino, la avioneta que lo llevaba se llamaba ‘The lucky Liz’, algo así como ‘la afortunada Liz’). Debbie y Eddie corrieron a consolarla, llegando justo cuando el médico le daba la noticia, encontrándola, gritando y devastada (Robert Osborne, 2002), y fue la propia madre de Carrie Fisher quien actuó llevándose a los niños para protegerlos de la prensa que comenzaba a agolparse fuera de la casa de Taylor y su marido se quedaría ayudando a su amiga en este momento tan difícil. Pero en cuestión de poco tiempo pasó lo inimaginable: Eddie y Liz estaban manteniendo un affaire mientras Debbie lo esperaba en casa.

A lo largo de su vida, y una vez superado el escándalo marital que vivió con apenas 24 años delante de los ojos y la opinión de todo el mundo, Debbie contó la historia en muchas ocasiones y hasta se convirtió en una anécdota que incluía en su monólogo cómico. Aunque por entonces no le hizo ni pizca de gracia.

En diferentes entrevistas reveló que la noticia la dejó petrificada pero que no quiso divorciarse enseguida porque estaba convencida de dos cosas: una, que sería mejor esperar porque no quería romper la familia; y dos, porque ella conocía a Liz y le dijo bien clarito a Eddie que el idilio le duraría año y medio, lo que Liz quisiera hasta que encontrara otro. Dicho y hecho, así fue.

Ante el aluvión de titulares escandalosos vertidos por la prensa del corazón y las acusaciones del público, Eddie Fisher intentó limpiar su imagen diciendo en un comunicado que su matrimonio con Debbie Reynolds “era miserable desde hacía años”, algo que ella siempre negó. Hasta Elizabeth también lo hizo escribiendo su versión: “Eddie no está enamorado de Debbie ni nunca lo estuvo. No se puede romper un matrimonio feliz. El de Debbie y Eddie nunca lo fue”. Tremenda puñalada para la pobre Debbie.

Taylor y Fisher se casaron en mayo de 1959, catorce meses después de la muerte de Mike Todd y estuvieron juntos hasta 1962, cuando Liz comenzó su affaire con Richard Burton en el set de Cleopatra en Italia. Los dos estaban casados y el rumor del romance circuló como la pólvora en los tabloides, llegando a ser condenados por el Vaticano por mostrar lo que ellos denominaron como “vagancia erótica”. Taylor logró divorciarse de Fisher en 1964 y 10 días después se casaba con Burton. El primer matrimonio duró diez años, hasta 1974; casándose de nuevo en 1975 pero divorciándose otra vez menos de un año después. Aun así, ella siempre dijo que Burton fue el último gran amor de su vida. “Después de Richard, los hombres de mi vida estaban ahí para sostenerme el abrigo, abrirme la puerta. Todos los hombres después de Richard fueron mera compañía” [Kashner, Sam; Schoenberger, Nancy (2010). Furious Love: Elizabeth Taylor, Richard Burton, and the Marriage of the Century.]

Pero volvamos a Eddie y Debbie. El ser calificada como destructora de hogares le costó caro a Elizabeth Taylor. Las malas lenguas siempre dijeron que su primer Óscar por Una mujer marcada lo ganó porque los académicos sintieron pena por ella. La habían nominada otras dos veces en medio del escándalo por trabajos que lo merecían mucho más, pero no se lo dieron, dándoselo al final por lástima cuando la retorica cambió al sentir pena por ella tras haber sufrido una traqueotomía por culpa de una neumonía en pleno rodaje de Cleopatra. Ella misma dijo tiempo después que odiaba aquella película porque era una burla a todo lo que había estado viviendo con la prensa, y porque también creía que lo había ganado con votos de pura lástima.

El tiempo pasó y Debbie se casó de nuevo poco después en 1960 con su segundo marido, Harry Karl. El escándalo las distanció, y aunque Eddie mantuvo su rencor durante décadas tras el abandono de Liz, las mujeres encontraron el camino para perdonar y seguir adelante.

Fue en 1966 cuando coincidieron en el crucero Queen Elizabeth durante una travesía que zarpaba hacia Europa. Tras saber que las dos estaban a bordo, cada una envió una nota a la otra, y a sabiendas que había gente escondida esperando sacarles fotos decidieron enterrar el asunto y cenar juntas. ¿Por qué una amistad así tenía que romperse por culpa de un hombre que al final no era importante?” explicó Debbie en su paso por The View en 2011. En la cena, Elizabeth le pidió perdón y retomaron aquella amistad que las mantuvo unidas hasta los últimas días de vida de la actriz, fallecida a los 79 años un 23 de marzo de 2011.

Una de las anécdotas más memorables que vivieron juntas en esos últimos años la compartió el hijo de Debbie, Todd Fisher, en el libro My girls: a lifetime with Carrie and Debbie (vía Good House Keeping) donde escribió un homenaje a su madre y su hermana Carrie Fisher, ambas fallecidas en 2016 con un día de diferencia. Resulta que las dos estaban en Nueva York el 11 de septiembre de 2011 tras haber asistido por separado a un concierto de Michael Jackson la noche anterior. Debbie estaba sola en su habitación de hotel cuando en las primeras horas de la mañana sintió el olor de un incendio y fue al ver las noticias que supo lo que estaba sucediendo: las Torres Gemelas habían sido atacadas y estaban colapsando al vacío. En ese momento de desesperación, recibió una llamada inesperada. Era el asistente de Elizabeth quien le había enviado un coche a recogerla para estar juntas en ese momento. Se abrazaron y lloraron mientras veían la tragedia juntas. Debbie pasó los siguientes días allí junto a su amiga quien sirvió otra vez como ángel de la guarda. Debbie tenía uno de sus espectáculos previstos en San Diego ese viernes, pero la falta de vuelos la obligaban a tener que cancelarlo al no poder llegar a tiempo. Estaba desconsolada. ¿Y qué hizo Liz? Llamó a su exmarido (el sexto), el senador de Virginia John Warner, que le dispuso un avión privado para llevarla de regreso a casa. Debbie llegó al teatro 25 minutos antes de levantar el telón.

Es más, en el año 2001 hicieron su última película juntas: These old broads, una tv-movie escrita por la propia Carrie Fisher en donde se burlaban de la debacle de años pasados cuando sus personajes ridiculizaban al exmarido que compartían llamado “Freddie”.

Curiosamente, Carrie Fisher también tuvo una estrecha relación con la amiga de su madre, a pesar de haber sido la mujer que formó parte en el abandono del hogar de su padre. La estrella de Star Wars la llamó madastra” al entregarle el premio GLAAD Vanguard y fue la encargada de llamarla para contarle que Eddie había muerto en septiembre de 2010, sorprendiéndose con las lágrimas de Liz. Incluso Carrie contó a CNN que le preguntó a Elizabeth si había amado a su padre, confesándole que estuvo con él por dolor, porque juntos “mantenían a Mike Todd con vida”.

A diferencia del perdón de Debbie, Liz y Eddie no hablaron durante cuarenta años. “Sé lo que mi padre pensaba de ella. La amaba” contó Carrie. “Estaba hablando con él una de las últimas veces que lo vi y me dijo que Liz era una fuente tremenda de vitalidad”. Mientras que Debbie siempre habló maravillas de su amiga, aplaudiendo su labor humanitaria y riéndose de lo vivido en sus monólogos con su inolvidable buen humor. Estuvieron juntas hasta el final, despidiéndose por teléfono dos semanas antes de la muerte de Liz.

Con esta historia ambas dejaron una lección maravillosa de dos mujeres que supieron comprender, perdonar y seguir adelante sin rencor. Eddie no era el hombre de sus vidas, las dos perdieron a su manera pero al final dejaron que aquella amistad sea la gran vencedora de esta historia.

Si tu marido va a dejarte por alguien, mas vale que sea con Elizabeth Taylor” bromeó Debbie años más tarde.

Más historias que te pueden interesar:

Fuentes: You must remember this; Biography; recopilación de entrevistas