Sessue Hayakawa, el sex-symbol olvidado de Hollywood que terminó su vida como maestro zen

Años antes que Gary Cooper o Clark Gable dejaran su huella como los ‘sex-symbol’ más clásicos de la meca del cine, hubo otro actor que pasó a la historia por ser de los primeros en coronarse con este término entre 1910 y 1920. Sin embargo, a pesar de haber protagonizado más de 120 películas, hoy en día muy pocos lo recuerdan. Hablo de Sessue Hayakawa, un japonés que por entonces hacía suspirar a los espectadores con cada una de sus películas. Y en una era de sentimientos políticos candentes consiguió algo histórico al rivalizar en popularidad con figuras legendarias como Charles Chaplin y John Barrymore.  

Su historia es verdaderamente de película, y es una pena que su nombre no se recuerde como a otras leyendas del cine. Tenía una mansión que semejaba a un castillo, daba las fiestas más salvajes de Hollywood y fue el primer actor masculino asiático en estar nominado al Óscar. Sin embargo, hoy en día, la mayoría de sus películas se han desvanecido.

Imagen promocional de 1918 (Fred Hartsook, CC, Dominio Público)

Sessue Hayakawa llegó al cine por pura casualidad, y debido al racismo imperante de la era se convirtió en el villano guaperas del cine mudo. Seguramente, los amantes del cine clásico recuerden su nombre por su papel del Coronel Saito en la inolvidable El puente sobre el río Kwai (1957) -el mismo que le valió su nominación a mejor actor secundario- sin embargo, su historia en Hollywood databa de varias décadas con una popularidad asombrosa. Como les digo, fue de los primeros sex-symbols masculinos de la historia del cine, recordado junto al italiano Rudolph Valentino o el mexicano Ramon Novarro -el mismo que puso de moda por primera vez el mote de Latin Lover-. Los tres fueron súper estrellas extranjeras del cine mudo de la época.

Hayakawa alcanzó el éxito gracias a la imagen de ser un fruto prohibido. ¿Qué significa esto? Pues, básicamente, EEUU todavía vivía bajos sus leyes de antimestizaje (y lo hizo hasta 1967) que en muchos estados prohibía las relaciones y matrimonios interraciales. Por eso, Sessue saltó al estrellato como el amante prohibido, el villano irresistible que se podía ver pero no tocar convirtiéndose en una de las estrellas mejor pagadas de la época, cobrando $5.000 a la semana en 1915 -una barbaridad por entonces- y amasando una fortuna de $2 millones al año con su propia productora en los años 20s. La descripción más conocida sobre él lo define como un actor “melancólicamente guapo” y, para miles de espectadores, él fue el primer rostro japonés que vieron en sus vidas.

Pero ¿cómo llegó hasta allí? Sigue leyendo porque su historia no tiene desperdicio. Nacido un 10 de junio de 1886 en Japón, era uno de los seis hijos del jefe del sindicato local de pescadores. Su familia, que sumaba una pequeña fortuna, tenía su futuro decidido esperando que se convirtiera en oficial de la Armada Imperial Japonesa. Pero tras romperse el tímpano cuando nadaba al fondo de un lago, no logró pasar la prueba, siendo la vergüenza de su familia. Esto hizo que se distanciara de su padre, intentando suicidarse recurriendo al haraquiri -el código ético samurái de apuñalarse a uno mismo-. Gracias a su perro que alertó con los ladridos que algo estaba sucediendo, sus padres lograron detenerlo a tiempo y salvarle la vida.

Hayakawa vestido de príncipe para una imagen promocional de la peícula The Beggar Prince de 1920 (Wisconsin Center for Film and Theater Research, CC, Dominio Público)

Una vez recuperado, y siguiendo los deseos de sus padres de que se convirtiera en banquero, se marchó a EEUU a estudiar ciencias políticas en la Universidad de Chicago en 1909. Y aquí las historias difieren. Hay historiadores que dicen que se graduó y otros que dicen que no. Pero sea como fuere, llegó a Los Angeles y se enamoró del teatro japonés de Little Tokyo, y decidido quedarse para probar suerte como actor. Se casó en 1914 con la también actriz Tsura Aoki y ese mismo año comenzó su ascenso meteórico.

Su belleza natural y sus intensas expresiones gestuales lo hacían perfecto para el cine mudo y tras varios cortometrajes, causó tal sensación interpretando a un diplomático japonés en la película The Typhoon que enseguida consiguió un contrato con Famous Players-Lasky, que luego de convertiría en Paramount Pictures. Entre 1914 y 1915 hizo decenas de trabajos cinematográficos, coronándose como ‘sex-symbol’ romántico con su papel en La marca del fuego (The Cheat, 1915) dirigida por el legendario Cecil B. DeMille. Esta historia de traición y deseos prohibidos lo puso en el mapa definitivo de las adolescentes convirtiéndose en un ídolo de masas de la noche a la mañana. Sessue representaba la manzana prohibida ante un público oprimido por leyes racistas. Él representaba los tabús del sexo y la raza y eso mismo lo convirtió en estrella de cine. Patético para la cultura, e irónico para la política ¿verdad?

En menos de lo que canta un gallo cobraba una fortuna a la semana y en 1917 se construyó su propia mansión. Una casona con forma de castillo que fue legendaria en la época por las fiestas que daba y más tarde como parada obligada en los tours por las calles de Hollywood, hasta que fue destruida en 1956. Es más, sus fiestas eran aun más famosas porque poseía grandes cantidades de licor adquiridas antes de la Prohibición.

Tras aquella película, Hayakawa disfrutaba del rol de protagonista y héroe romántico de sus películas, aunque la segregación hacía que estuviera encasillado en papeles de villanos exagerados -por el estereotipo asiático de Hollywood- o siendo el fruto prohibido constante. Harto de hacer siempre lo mismo, abrió su propia productora e hizo unas 23 películas en tres años, ganando $2 millones en el primer año. Él mismo protagonizaba, producía y participaba en la escritura, diseño, edición y dirección de cada una de ellas.

Lamentablemente no podía compartir su éxito con su familia. Pasaron varios años hasta que les contó a qué se dedicaba dado que, para ellos, actuar era de un estatus inferior.

Un buen día, y a pesar del éxito descomunal, en 1922 abandonó Hollywood. El motivo exacto se desconoce. Hay quien dice que se cansó del sentimiento antijaponés que se respiraba en EEUU; otros que fue por dificultades financieras o familiares. Lo cierto es que se marchó y los siguientes años los dedicó a hacer obras de teatro y películas en Europa y Japón. Tanto que fue sensación en Francia, Alemania y Rusia, siendo recordado como el primer actor no-caucásico en conseguir popularidad de estrella a nivel internacional. Su riqueza era tal que en 1926 perdió $965.000 en una noche en un casino de Monte Carlo.

De todos modos, tuvo suerte al volver a Japón en esta época y no en los inicios de su éxito. Básicamente porque Hayakawa no era tan popular en su país al principio ya que lo veían como un traidor que aceptaba representar a su cultura bajo los estereotipos estadounidenses de villanos sádicos y crueles. Sin embargo, al convertirse en súper estrella, el sentimiento nacional cambió, aplaudiendo sus logros.

Intentó probar suerte de nuevo en Hollywood en los años 30, pero la llegada del sonido lo había cambiado todo. Su acento no gustaba a los estudios, y para colmo, había entrado en efecto el Código de Producción que prohibía la representación de parejas interraciales en el cine. Fue un código popularizado como el Código Hays -por estar relacionado con William H. Hays, el censor más recordado de Hollywood- y estuvo activo entre 1934 y 1954. Es decir que sus opciones se limitaban a esos estereotipos de los que ya había intentado huir en el pasado. Ante tantos tapujos, siguió viajando con Tsuru Aoki y sus tres hijos (un niño que él había tenido con otra mujer tiempo atrás y dos niñas adoptadas), pero en 1940 se quedó atrapado en Francia durante la ocupación nazi.

Durante aquellos años sobrevivió vendiendo sus pinturas mientras ayudaba a la comunidad japonesa durante la guerra. No hizo ninguna película entre 1938 y 1942, y mantuvo su vida nómada hasta entrados los años 50s. En esos años trabajó con Humphrey Bogart en el film-noir Secuestro (Tokyo Joe, 1949) y en otras producciones, hasta que llegó al pináculo de su carrera con la nominación al Óscar y el Globo de Oro con El puente sobre el río Kwai. Hizo varias películas más, pero casi todas  como personaje invitado, exceptuando Tú, Kimi y yo (1958) con Jerry Lewis.

Y así en 1966 hizo su última película prestando su voz a la cinta animada El soñador aventurero.

Hayakawa se retiró del cine para volver a su ciudad natal, jugar golf y dedicarse de lleno al budismo tras la muerte de su esposa en 1961. Se ordenó como Maestro Zen ante una corte de seis maestros en donde tuvo que pasar una prueba en forma de acertijo. Además, trabajó como entrenador actoral privado y escribió su propia biografía. “El destino me ha dado mucho. Ha sido amable. Pero se me ha permitido modelar la perspicacia de los hechos en el patrón que el destino ha trazado, para resolver el gran acertijo de la vida por mí mismo” escribió en su libro de 1960.

Murió en Tokio en noviembre de 1973 de una trombosis cerebral, complicada por una neumonía. Lamentablemente, muchas de sus películas se han perdido con el paso del tiempo, aunque todavía se puede encontrar su estrella en el Paseo de la Fama en 1645 Vine Street de Hollywood.

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Fuentes: Goldsea, Wikipedia, The New York Times

Imágenes: Imagen promocional de 1918 (Fred Hartsook, CC, Dominio Público); Hayakawa vestido de príncipe para una imagen promocional de la peícula The Beggar Prince de 1920 (Wisconsin Center for Film and Theater Research, CC, Dominio Público)