El síndrome del joven que impresiona en redes sociales con el control muscular de su abdomen

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Esta habilidad especial para contorsionarse y retorcer diferentes partes del cuerpo se conoce como hiperlaxitud articular o 'Síndrome de Hipermovilidad Benigno' (SHA), se caracteriza por un rango de movimiento que excede lo considerado normal para un individuo y se atribuye a una variante del colágeno, la proteína presente en los huesos, cartílagos, tendones y también, en los vasos sanguíneos.

Resulta sorprendente observar lo que son capaces de hacer algunas personas que tienen esta habilidad. Como este joven bailarín venezolano que asombra al mundo cada vez que publica un video en redes donde muestra sus increíbles dotes de contorsionista. Las articulaciones de las personas hiperlaxas se pueden luxar y volver a su estado original sin que haya lesión. Pero, en ocasiones, tener una mayor flexibilidad en las articulaciones, músculos, cartílago y tendones puede convertirse en un problema.

"La frecuencia del síndrome (hiperlaxitud+síntomas) no está bien establecida; la mayoría de las personas hiperlaxas (muy elásticas) no tienen síntomas por su mayor elasticidad, pero un 5-15 por ciento sufren algún tipo de problema", explican desde la Fundación Española de Reumatología (SER). Y es que el síndrome no es tan benigno como su nombre indica. En realidad, estamos hablando de una enfermedad sistémica rara que afecta al tejido conjuntivo y es de origen genético.

Este trastorno fue descrito por vez primera en 1957 (Rotés-Querol) al relacionar la hiperlaxitud con diversos trastornos del aparato locomotor. En la literatura médica anglosajona este síndrome es conocido como 'síndrome de hipermovilidad benigno', pues resulta importante diferenciarlo de otras enfermedades congénitas del tejido conectivo, como por ejemplo los síndromes de Ehlers-Danlos, en el que las articulaciones están extremadamente sueltas o laxas así como la piel muy elástica, o Marfan, que es hereditaria y que produce afectación a nivel esqueletico así como de la aorta y los ojos. Ambas patologías pueden cursar con hipermovilidad articular, pero también con otras manifestaciones potencialmente graves como trastornos vasculares (aneurismas, roturas de vasos) u oculares (luxación del cristalino).

Cuáles con las causas

La hiperlaxitud se produce por un exceso de elastina en los ligamentos y por una alteración genética del colágeno tipo I. Estas dos proteínas -la elastina y el colágeno- forman nuestros tejidos y son las encargadas de aportar dos propiedades fundamentales a nuestros músculos, tendones y ligamentos: la elasticidad y la plasticidad.

La primera hace que podamos estirar ciertas partes del cuerpo y que después vuelvan a su forma inicial, mientras que la segunda nos confiere la capacidad de 'deformar' algunas articulaciones para que adopten una forma nueva. Cuando existe más elastina que colágeno, los ligamentos, tendones y músculos se vuelven más elásticos.

"La hiperlaxitud es como la fiebre, cuenta en El País el reumatólogo Jaime Bravo Silva, está indicando que algo anda mal: los tejidos son frágiles debido a una falta hereditaria de colágeno".

Su incidencia es mayor en mujeres y en niños y según las investigaciones, existe una incidencia familiar aumentada, sugiriendo un patrón de herencia. “Cuando la hiperlaxitud va acompañada por dolores articulares pasamos a hablar de Síndrome de Hiperlaxitud Articular y de allí, según el grado de carencia del colágeno, puede haber un montón de síntomas que indican que el colágeno no solo falta en las articulaciones sino en más partes: reglas muy dolorosas, reflujo gástrico, colon irritable, dolor, ansiedad, fatiga, insomnio, estrés, falta de calcio y osteoporosis, comenta la doctora Judith Sánchez Raya, médica especializada en medicina física y rehabilitación del Hospital de la Vall d’Hebron de Barcelona e hiperlaxa del tipo hipermóvil. Muchas personas acuden al médico por cada una de esas dolencias, sin saber que esas enfermedades se deben a una misma carencia, y a menudo, aunque cada día menos, no les encuentran nada”.

Cómo puedes saber si tus hijos o tú sois hiperlaxos

Los síntomas que producen síndromes de hiperlaxitud pueden ser de lo más variado, pero los más comunes son dolor en músculos y articulaciones, y crepitaciones o crujidos. Su aparición, con frecuencia, está relacionada con las sobrecargas repetidas sobre alguna articulación.

Los dolores pueden comenzar durante la infancia o la adolescencia y persistir, a temporadas, durante toda la vida. Sería conveniente consultar al especialista si, por ejemplo, tu hijo siente dolor o dificultad a la hora de sostener un lápiz y escribir durante un tiempo prolongado, o si presenta problemas en las caderas, rodillas o pies planos.

Además es frecuente que se produzca:

  1. Bruxismo o problemas en la mandíbula.

  2. Tendinitis o lesiones recurrentes.

  3. Y pueden manifestar cansancio o debilidad.

En ocasiones se llegan a producir derrames articulares debido a un esfuerzo o sobrecarga de la articulación, sobre todo en las rodillas. A veces se pueden escuchar “chasquidos articulares” que no tienen importancia pero que resultan desconcertantes y alarmantes para quien los percibe.

Las personas con hiperlaxitud pueden hacer movimientos imposibles para la mayoría, como acercar el dedo pulgar al antebrazo o flexionar algunos dedos casi 90 grados en sentido opuesto al habitual. (Foto: Getty)
Las personas con hiperlaxitud pueden hacer movimientos imposibles para la mayoría, como acercar el dedo pulgar al antebrazo o flexionar algunos dedos casi 90 grados en sentido opuesto al habitual. (Foto: Getty)

Las complicaciones o lesiones más frecuentes asociadas a la hiperlaxitud articular

Como apuntábamos al principio, el síndrome no es tan benigno como su nombre lo indica ya que puede causar lesión sistémica con repercusión musculoesquelética lo que conlleva dolores y/o lesiones articulares y periarticulares crónicos, con frecuencia invalidantes. A veces provoca también lesión visceral (cutánea, oftálmica, vascular, etc.) y psicológica (ansiedad, depresión, alteración de la calidad de vida).

"Pueden presentarse determinadas enfermedades de los tejidos blandos como tendinitis o capsulitis. También podrían ser más frecuentes las torceduras de tobillo, las tortícolis de repetición, las dislocaciones articulares, las lumbalgias, las escoliosis o desviaciones de columna y los pies planos. Y se han publicado estudios que asocian la hiperlaxitud ligamentosa de la rodilla a una mayor predisposición para padecer artrosis de la misma", apuntan los reumatólogos.

Por otro lado, existen manifestaciones fuera de las articulaciones como el aumento de la elasticidad de la piel y una mayor facilidad para la aparición de moratones y hematomas (equimosis) sin recordar ningún golpe o con traumatismos mínimos. Igualmente ha sido descrita una mayor predisposición a padecer varices y hernias.

Afecta al estado de ánimo y puede llegar a causar

Por otro lado, se ha constatado la relación entre la laxitud articular y los trastornos de ansiedad. De hecho, más del 70 por ciento de las personas con hiperalaxitud articular sufre ansiedad. Varias características justifican el solapamiento de ambas patologías. Como la excesiva reactividad del sistema nervioso autónomo (SNA), que regula las respuestas de lucha y huida, en las personas con hiperlaxitud articular, que se traduce en síntomas como palpitaciones, malestar torácico, sudoración, peor tolerancia al calor, etcétera, habituales también en la ansiedad.

Además, estas personas son muy hábiles en detectar cambios en las sensaciones que provienen del interior del organismo, en especial, los latidos del corazón, que pueden interpretarse como un peligro potencial y disparar ataque de pánico.

También en el cerebro de las personas con laxitud articular hay diferencias en la activación de regiones implicadas con el procesamiento emocional, como la corteza prefrontal, o la ínsula. Esta última estructura interviene en la empatía (muy relacionada con la fobia social) y también controla el sistema nervioso autónomo, precisamente el que produce los síntomas físicos asociados a la ansiedad: palpitaciones, sudoración, respiración acelerada, o sensación de mareo. Para las personas con ansiedad, saber que lo que sienten tiene una base fisiológica, debido a su constitución peculiar por tener una variante diferente a la mayoría del colágeno, puede ayudar a disminuir la angustia que sienten.

Su detección y tratamiento precoz deberían mejorar el pronóstico

Para el diagnóstico de 'síndrome de hiperlaxitud articular' se usa el sistema de clasificación de Brighton en el cual se comprueban 5 posiciones donde las articulaciones de ambos miembros se llevan al límite de rango. Se considera que una persona tiene hiperlaxitud articular si suma más de 4 puntos en una escala de 0 a 9.

Los pacientes agradecerán saber que padecen un trastorno benigno y habitualmente no invalidante, puesto que muchos de ellos han sido previamente diagnosticados de diversas enfermedades reumáticas, e incluso han estado en tratamiento con antiinflamatorios, analgésicos y, en ocasiones, con otros tipos de fármacos. Muchos de ellos llevan años con sus molestias y tienen la sensación de no ser “comprendidos” por su médico, e incluso por sus familiares.

Las lesiones se suelen tratar con terapias locales, como por ejemplo férulas (muñequeras, coderas, tobilleras, etc.), infiltraciones, fisioterapia, electroterapia y masaje decontracturante de la musculatura.

Los analgésicos y los antiinflamatorios no esteroideos, durante cortos periodos de tiempo, también pueden ser eficaces en el tratamiento de esta sintomatología.

El calor si hay contractura muscular, o el frío en caso de lesiones agudas y recientes pueden aliviar los síntomas. Deberá evitarse la sobrecarga de las articulaciones (obesidad, cargar pesos, etc.) que pueda agravar los síntomas y modificar en lo posible el estilo de vida si no es el idóneo. La práctica regular de ejercicios de fortalecimiento y estiramiento muscular también será beneficioso. Los deportes que no requieran esfuerzos importantes, como la natación, son los más recomendables, así como el yoga y otras técnicas de relajación.

Los afectados deben aprender a convivir, en cierta medida, con alguna molestia y acudir a su médico de cabecera o al reumatólogo si observan una agudización o aumento de sus síntomas. En muchos casos, el dolor puede disminuir progresivamente con el paso del tiempo.

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