Contrae el virus del herpes simple por un beso de su madre

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De un pequeño grano a una gran erupción, así evolucionó el virus del herpes simple tras un simple beso de su madre.
De un pequeño grano a una gran erupción, así evolucionó el virus del herpes simple tras un simple beso de su madre. "Tenía un herpes labial que no se curó por completo y estaba jugando y besando a mi hija; le transmití el virus a través de un pequeño grano en la cara”, ha contado a Yahoo! Australia. (Foto: Yahoo! News vía Jaime Lippold)

"No tenía idea de que el Herpes del Virus Simple (HSV, por sus siglas en inglés) pudiera transferirse tan fácilmente. En realidad, ni siquiera estaba al tanto de su gravedad Simplemente pensé que era un herpes labial común". Así empieza la publicación de Jamie Lippold, quien ha compartido en sus redes sociales la experiencia que vivió con su hija Aubree para concienciar a los demás sobre los riesgos del contagio del herpes labial, tal y como recoge Yahoo! News Australia.

La primera señal del virus del herpes simple fue un pequeño grano en la mejilla que pasó desapercibido ya que podría deberse a cualquier otra causa. (Foto: Facebook Jaime Lippold/ Yahoo! News)
La primera señal del virus del herpes simple fue un pequeño grano en la mejilla que pasó desapercibido ya que podría deberse a cualquier otra causa. (Foto: Facebook Jaime Lippold/ Yahoo! News)

Cuando Jamie notó que su hija tenía un grano en la mejilla, no le dio mucha importancia. Pero cuando se hizo costra y se cayó antes de empezar a crecer de tamaño (a diario) y parecer infectado, no tardó en llevarla al médico.

Le dijeron que era impétigo (una infección bacteriana de la piel que es más común en los niños pequeños) y la mandaron a casa con un tratamiento, pero a los pocos días la salud de su hija empeoró rápidamente, tuvo fiebre, dejó de comer y no se levantaba del sofá, así que sus padres la llevaron a urgencias.

De nuevo le diagnosticaron impétigo y la volvieron a enviar a casa con una pomada para aplicar en la zona. Pero no funcionó; por la mañana Aubree se despertó y la mancha había duplicado su tamaño, la fiebre había vuelto y se sentía mal de nuevo. Esta vez cuando la llevaron al hospital, la ingresaron por una infección y comenzaron a darle antibióticos agresivos para combatirla.

Tras esperar los resultados de las pruebas, los médicos le confirmaron lo que se temía, que fue ella quien contagió a su hija. “Tenía un herpes labial que no se curó por completo y estaba jugando y besando a mi hija; le transmití el virus a través de un pequeño grano en la cara”, cuenta Lippold en Facebook.

Así que "no les beses aunque la llaga esté "curada". Si la llaga es visible, puede contagiarse a otra persona", advierte. Y es que el virus que provoca el herpes labial (virus del herpes simple 1 o VHS-1)es altamente contagioso y puede pasar de persona a persona por la saliva, compartir vasos, toallas, etcétera.

"La saliva es una de las vías de transmisión del herpes, y una persona que fuese portadora podría transmitirlo con un simple beso y hasta con un lápiz de labios que este quedase infectado", nos explican desde la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEVD). Aunque el contagio más frecuente es cuando hay lesiones activas. Es decir cuando una persona tiene las denominadas calenturas que se forman por vesículas y luego erosiones o úlceras y que son las que tienen mayor cantidad de partículas virales".

Se trata de una infección cutánea que suele aparecer en forma de protuberancias rojas, granos o ampollas alrededor de los labios. Comúnmente se conoce como 'calentura' pero no hay que confundirlo con las llagas; estas son semejante a las burbujas -de color blanco-, y aunque son molestas y dolorosas, no tienen peligro de contagio.

Sin embargo, el herpes cutáneo se diferencia porque "tiene una determinada ramificación nerviosa en cara (principalmente en labios y alrededor de la nariz) o tórax, se manifiesta en forma de una erupción de vesículas dolorosas que evolucionan a costras, asociándose a manifestaciones de otra índole como fiebre malestar general, cansancio y un dolor neuropático (sordo, a veces eléctrico, y muy desasosegante)", matiza la doctora Pilar Sánchez, especialista en Dermatología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).

En el caso de no tratarlo, el herpes evoluciona a lo largo de cinco fases durante 8 o 10 días. Aunque hay casos en los que puede durar hasta dos semanas. El virus empieza a manifestarse con un hormigueo en los labios y, poco a poco, se formará una ampolla, que posteriormente evolucionará a úlcera y remitirá hasta dejar una ligera hinchazón residual.

En general, las lesiones producidas por el virus suelen desaparecer de manera espontánea al cabo de una o dos semanas. Sin embargo, continúa latente en el organismo y los síntomas pueden reproducirse en el futuro, ya que el herpes no tiene cura y es una infección permanente.

Es decir, el virus del herpes simple se mantiene latente y nunca abandona el cuerpo. Por eso la transmisión del VHS puede producirse tanto durante el brote activo de la infección como en los periodos en los que ya no hay síntomas, si bien en este momento el riesgo de transmisión es menor. Aun así, el contagio puede producirse sin que la persona que lo contrae muestre síntomas.

En España afecta a 13 millones de personas y es mucho más frecuente en verano ya que pasamos mucho más tiempo expuestos al sol (un factor desencadenante junto al estrés) y mantenemos, en general, un estilo de vida mucho más social que durante el resto del año.

El virus VHS-1 no tiene cura, ya que tras la primera infección el virus no se puede erradicar. Si bien, en la mayoría de los casos permanece inactivo en el sistema nervioso e inaccesible al sistema inmunitario del organismo, hasta que se reactiva.

Cuando el virus se reactiva, vuelve a producir manifestaciones clínicas. Esto puede ocurrir de manera espontánea o, como hemos dicho antes, haber un factor desencadenante como un pico de estrés, una bajada de defensas, un episodio de fiebre causado por una infección, cambios hormonales como la menstruación o la exposición prolongada al sol, tanto en verano como en invierno-. Además, algunas personas tienen mayor predisposición a sufrir la reactivación del virus.

El tratamiento incluye antivirales. Aunque estos fármacos no reducen el riesgo de que la infección vuelva a producirse, sí disminuyen el dolor que producen las lesiones y pueden ayudar a que estas duren menos si se administran tempranamente en casos seleccionados.

Para mitigar el dolor, también puede recurrirse a utilizar analgésicos como el paracetamol. En todo caso, se ha de evitar tocarse o reventarse las ampollas, para evitar diseminar la infección.

Cómo combatir este virus para detener el contagio y su extensión:

  • No lo toques.

  • Mantenlo limpio.

  • Lávate a menudo las manos. Si ya has desarrollado la infección, hazlo cuidadosamente antes de tocar a otras personas, sobre todo durante los periodos en que los brotes son más exacerbados.

  • No beses a los demás.

  • No compartas nada que esté en contacto con tu saliva como toallas, pajitas, vasos, cubiertos... u otros objetos personales como máquinas o cuchillas de afeitar.

  • También es recomendable que no entres en contacto con niños, personas con eccemas o inmunodeprimidas en las que la infección puede ser de mayor gravedad.

  • Reconoce el hormigueo para actuar desde el primer momento. Ese picor, quemazón y/o dolor en la piel de los labios o cerca de la boca es muy característico y se conoce como 'pródromo'.

  • Si has notado ese picor, debes observar si tienes una erupción en la piel. Comienza uno o dos días después, formándose unas pequeñas ampollas llenas de líquido en las encías, labios o boca que suelen presentar una zona más elevada. Estas vesículas pueden romperse y supurar y es lo que se conoce popularmente como morrera, pupa labial o calentura.

  • Costra de color amarillo: suele suceder al cabo de aproximadamente una semana, al secarse las vesículas. Esa costra acaba cayendo y el área de la piel afectada por la lesión adquiere un tono rosado.

  • Evita los factores desencadenantes

  • Extrema la precaución para evitar el contagio, sobre todo en niños

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