La transformación de Dolores en 'Westworld': para vengarse hay que estar guapa

Westworld ha vuelto y con cambios. La tercera temporada arrancó el pasado lunes en HBO con el primero de sus ocho episodios y (por fin) todo ha cambiado. Desde los escenarios tras salir del parque, a los argumentos y sus mujeres protagonistas. Sí, mujeres, porque ahora la historia promete ser exclusivamente femenina. Y de muchísima venganza. Dolores ya nos dijo que quería el mundo que le habían negado al final de la segunda temporada, y llega dispuesta a tomarlo.

Pero como suele ser costumbre en Hollywood, para vengarse con éxito hay que estar guapa.

La Dolores de la primera temporada de 'Westworld' vs. la Dolores de la tercera (HBO)

Es de lo que más se habla en redes tras la emisión del primer episodio: la transformación radical de Evan Rachel Wood, con andares seductores, una mirada peligrosa y un vestuario de lujo. La intención es mostrarnos a un robot de inteligencia artificial de armas tomar, que va a encajar como sea, gastando lo que sea, y para ello la han convertido en una experta del estilismo.

El cambio radical en el personaje de Dolores -la campesina del Lejano Oeste, en caso de que hayas dejado la serie a medias- nos dejó a más de uno anonadados y perplejos. Quiere vengarse de toda la corporación que la creó y experimentó con ella.  Y para ello ha dejado las faldas de época, las balas colgadas al cuerpo, el cabello largo y suelto y toda esa imagen de damisela en apuros para transformarse en una mujer de negocios letal y radical. Y para ello se ha transformado en un arma de seducción.

Si es que solo hay que ver escenas como estas para quedarnos prendados de ella:

Y es que así trabaja Hollywood. Todavía no sabemos si Dolores es villana o heroína, aún está por conocerse hasta dónde llega su misión debido a que ya sabemos que no tiene límites ni escrúpulos, y como todo personaje vengativo salido del corazón de Hollywood, la seducción física es esencial. Lo vimos en La Novia de Kill Bill con sus trajes ajustados, en el vestuario de cada mujer villana de James Bond, en el estilismo del personaje de Emily Thorne en la serie Revenge, en Charlize Theron en Atómica, Jennifer Lawrence en Gorrión rojo y tantas otras. La venganza y la belleza siempre fueron de la mano en esta industria -es uno de sus clichés más clásicos- y dejando el feminismo aparte, en este caso, le sienta bien al personaje. Le da la sofisticación y elegancia necesaria para moverse entre los más poderosos de este mundo, mientras Dolores afianza su figura como fenómeno fan de la serie.

En esta tercera temporada que arranca en el Parque MacArthur -un mundo en donde los coches voladores reemplazan a los caballos y la realidad virtual es uno de sus componentes- vemos que los humanos siguen haciendo de las suyas, conviviendo con la tecnología para crear una realidad igual de sucia.

Dolores, Maeve y el resto de personajes fueron creados para convertirse en los juguetes de los depravados huéspedes del parque original creando una serie que analiza el amanecer de la conciencia artificial y cuestiona su libre albedrío. Y al final de la segunda temporada, Dolores ya era una máquina de matar dispuesta a llegar al mundo que le habían negado. Ahora, a dos años de aquel final, reaparece con el cabello más corto, el maquillaje perfecto y un vestuario que daría un infarto al personaje de Catherine Tramell (Instinto básico) o al de Anne Montgomery (Renée Zellweger en Dilema). Dolores ya no es la misma, estamos ante una versión vengativa, decidida y en control, completamente en control, que sabe cómo vestirse y pasar por una persona acostumbrada al lujo.

Si hacemos memoria (es que son 2 años del final anterior) a lo largo de la segunda temporada fuimos conociendo a la verdadera Dolores a medida que el robot iba despertando su conciencia. Incluso en el capítulo final la vimos descubriendo el “sistema” junto a Bernard (Jeffrey Wright), revelando hasta dónde llega verdaderamente su poder. Hace tiempo que dejó de ser aquella víctima continuamente reprogramada y manipulada por el parque. Ya era vengativa y decidida desde la segunda temporada, pero esta versión adaptada al mundo futurista es una que ya conoce la importancia del dinero y que sin él, no podrá cumplir su misión. Y así, es lo primero que consigue al inicio del capítulo. Y todo mientras viste apenas una bata tras salir de la piscina.

Evan Rachel Wood hace un trabajo estupendo al readaptar al personaje. Sus andares han cambiado, el maquillaje, el cabello y su forma de vestir, y todo para mostrarnos a una mujer/robot fuerte, con sed de venganza, inteligente y capaz de cualquier cosa.

Y su cambio está siendo el tema más comentado en redes, en donde la mayoría está aplaudiendo a la nueva Dolores, su cruda manipulación y su capacidad de vestuario.

Dolores se roba el espectáculo pero con un solo capítulo ya podemos descubrir que la serie sigue manteniendo su bendita manía de confundirnos a cada paso - arranca en el parque del futuro y no tenemos idea de cómo Dolores llegó hasta allí- con personajes nuevos aparecidos de la nada y situaciones jamás vistas que tenemos que almacenar como si fuéramos uno de los robots para luego comprenderlo todo cuando la serie quiera que empecemos a atar cabos (no en vano está escrita por el creador de Memento, Jonathan Nolan).

Pero es un soplo de aire fresco que se haya renovado. Era necesario para su continuidad. Yo, como sé que tantos otros, sufrimos con la lentitud y confusión de esta serie, dejándola por momentos y volviendo a darle una oportunidad en otras ocasiones. Y es que su formato es confuso, revelando frases y verdades a cuentagotas a través de diálogos enrevesados y personajes que reaparecen o desaparecen de la nada. Y si bien esta tercera temporada repite la misma táctica, es visualmente más entretenida de ver.

La serie nos traslada a la ciudad de Los Angeles en 2058 donde la tecnología convive con los humanos, invirtiendo mucha dedicación en los detalles y en los nuevos personajes. En este primer episodio descubrimos a la nueva “bella” Dolores, a qué fue de Bernard (Jeffrey Wright), que ha logrado autocontrolar sus impulsos como IA y a Charlotte Hale con una nueva anfitrión (Tessa Thomspon), otra de las mujeres que darán de qué hablar en esta temporada al haber logrado un puesto de poder en la junta de Delos y así manipular a su antojo. Es más, en una de sus escenas podemos apreciar la Ciudad de las Ciencias de Valencia.

Y junto a ellos también conocemos a un personaje nuevo -humano- interpretado por Aaron Paul que intenta rehacer su vida tras sobrevivir los estragos de la guerra y termina cruzando su camino con Dolores. De momento sería algo positivo, pero ya veremos.

A todo esto hay que sumarle la escena extra. Si el final de la segunda temporada tuvo una que nos dejó boquiabiertos, este nuevo arranque no iba a ser para menos. El primer episodio está tan dedicado a esta Dolores estilista que casi nos olvidamos de Maeve (Thandie Newton). Pero el capítulo nos sorprende con una escena después de los créditos protagonizada por ella.

Tras ser testigos de la nueva realidad futurista, la serie regresa a su estilo nostálgico con una narrativa que nos traslada a la Segunda Guerra Mundial en una Italia ocupada por los nazis. La IA despierta en una versión del parque que recrea esta era, con un arma en la mano, un cadáver en otra habitación y un hombre atado a una silla. Abre la ventana y descubre el mundo que la espera: un pueblo en donde flamea una bandera nazi, tanques y soldados, descubriéndonos que Maeve está en otro parte del parque o en otra realidad creada por el “sistema” que tendremos que deconstruir y descifrar en próximos episodios. Y es que así es Westworld. Sin la confusión no tendría razón de ser.

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