Compasivo y realista, el documental aplaudido de HBO que comparte la realidad de los niños trans

Pedro J. García
·9 min de lectura

En los últimos años, las personas trans han sido sujeto de muchos debates en Internet y en “la vida real”, intensificados ante la propuesta de una Ley Trans y el auge de un movimiento en contra por parte de las personas autodenominadas feministas radicales transexclusionistas (TERF), que tiene a la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, como una de sus representantes más prominentes.

Las personas trans empiezan a ocupar puestos más destacados tanto en la cultura como en la política y otros aspectos de la vida, pero todavía hay una cuestión de la que no se sabe mucho: la infancia trans, tema en el que se sumerge el impactante nuevo documental original de HBO, Transhood. La película, dirigida por Sharon Liese, se adentra en la vida de cuatro niños y adolescentes y sus familias, mientras experimentan su transición a lo largo de cinco años en Kansas, proporcionando una mirada preciosa y honesta que arroja luz, conciencia con su mensaje y normaliza, pero también muestra el lado más complicado y desconcertante del proceso.

Avery, 'Transhood' (HBO España)
Avery, 'Transhood' (HBO España)

Transhood llegó a HBO España el 13 de noviembre y está despertando mucho interés entre los espectadores interesados en aprender más sobre la cuestión que aborda: la transición de género en menores de edad. Es un tema polémico alrededor del cual existe mucha desinformación y suposiciones inexactas, por lo que la directora se aproxima al proyecto con voluntad concienciadora, para aclarar qué es la infancia trans y cómo es exactamente el proceso que atraviesan tanto los niños y niñas que lo viven como el impacto que supone en sus familiares.

Para ello, Liese sigue durante cinco años la vida de cuatro jóvenes de diferentes edades en Kansas City (el lugar de nacimiento de la realizadora) mientras experimentan su transición, en un comprometido y precioso ejercicio que evoca a la película Boyhood, en la que Richard Linklater narraba desde la ficción y de forma similar (solo que a lo largo de 12 años) el paso de la niñez a la adultez de su protagonista. A partir de esta idea, Transhood se propone “redefinir el coming-of-age” desde la realidad trans actual, a base de amor y compasión.

Las cuatro personas a las que el documental sigue son Leena (15 años al comienzo del documental), una chica en plena revolución de la adolescencia, viviendo su primera relación (y la posterior decepción de la primera ruptura), soñando con un futuro en la moda y preparándose para su cirugía de confirmación de sexo a los 19 años; Jay (12 años), un chico que ha sufrido bullying en la escuela por no adherirse a las normas en su apariencia y forma de vestir, y con el apoyo de su madre se somete al tratamiento de bloqueadores hormonales de la pubertad; Avery (7 años), a quien vemos lidiando con la presión y la atención pública tras aparecer en una famosa portada de National Geographic dedicada a la infancia trans que despertó mucha polémica en 2017; y finalmente Phoenix (4 años), que desde muy temprana edad se empieza a identificar como “niña-niño”, tras lo cual pasa a identificarse como niña y a los 7 años como niño, deteniendo así su transición.

A través de estos cuatro sujetos, la película ahonda en diferentes facetas de la experiencia trans y lo que significa ser transgénero o persona de género fluido, ilustrando con el paso del tiempo la evolución en la identidad de cuatro personas de diferentes edades, entornos y situaciones familiares y económicas que representan distintas formas de ser trans antes de los 18 años.

De la misma manera que la orientación sexual de uno mismo puede conocerse antes de la mayoría de edad, según declaraciones de Liese a la revista TIME, “no es raro que los niños sepan que son trans desde pequeños. La gente me pregunta, ‘¿Cómo puede saberlo un niño de cuatro años?’, y enseguida me di cuenta de que esa no era la pregunta, sino ‘¿Cómo es que no los crees?’”. Claro que la identidad de género, sobre todo a tan temprana edad, puede evolucionar y cambiar, como vemos en el caso de Phoenix, que deja de identificarse como trans. Por esto Transhood incide en la importancia de ofrecer las herramientas, la información y la comprensión para que estos niños exploren su identidad libremente.

El caso de Phoenix es una excepción que no obstante sirve para ofrecernos una información esencial sobre la que el documental hace énfasis: la transición en los niños y niñas transgénero es meramente social. Es decir, estos exploran su identidad a través del cambio de nombre y pronombres, de su forma de vestir, del pelo o la forma de relacionarse con los demás, (idealmente) siempre con la guía de sus padres y especialistas. Nunca, bajo ningún concepto, un niño será sometido a cirugía de confirmación de sexo. Esto hay que dejarlo claro porque son muchos los que tienen una idea equivocada acerca de esta cuestión en concreto.

La historia de Jay es quizá las más inspiradora y reveladora del documental. Hay varias escenas especialmente conmovedoras, sobre todo una visita al barbero -un hombre también trans con quien comparte experiencias e impresiones- y el inicio de su tratamiento para bloquear la pubertad. En este pasaje del documental, Liese se asegura de que el espectador obtenga la información necesaria sobre dicho proceso, que suprime temporalmente el desarrollo mediante medicamentos.

Como explica la doctora en la película, los cambios no son permanentes en el cuerpo del adolescente, sino que sirven para darle tiempo para determinar si su identidad de género es definitiva, y a la familia para planear el siguiente paso de la transición en caso de querer seguir con ella. Y sobre todo, para mejorar el bienestar del niño, reducir la depresión, la tasa de suicidio entre niños trans y mejorar la integración social. La madre de Jay lo resumen perfectamente: “Prefiero tener un hijo sano que una hija que quiera suicidarse”.

Transhood no es perfecto. Con apenas hora y media de metraje para condensar cinco años en la vida de cuatro niños y sus familias, el documental se queda corto y quizá habría funcionado mejor como docuserie para profundizar mejor en algunas cuestiones. Por otro lado, hay escenas cotidianas que dan la impresión de estar guionizadas. Son conversaciones poderosas en las que se plantean ideas y debates muy importantes (como el miedo de los padres o la decisión de salir del armario y hacer pública la identidad trans o no binaria), pero se puede sentir la mano de la directora guiando las situaciones, lo cual resta naturalidad en algunos fragmentos del documental. Además, son varios los que han criticado que esté dirigido por una mujer cis en lugar de una persona trans, que quizá podría haber establecido una conexión más fuerte con sus protagonistas.

Jay, 'Transhood' (HBO España)
Jay, 'Transhood' (HBO España)

Aun así, salta a la vista que Liese trata a sus sujetos con cariño, honestidad y respeto -por ejemplo, evita mencionar o censura los dead names de los niños (el nombre de nacimiento de una persona trans o de género no binario que ha adoptado otro nombre). Su mirada no es sensacionalista ni provocadora, aunque no huye de retratar las facetas más incómodas de la experiencia de estos jóvenes y sus familias. Particularmente doloroso es ver la evolución (o involución) de la madre de Phoenix, quien aliviada después de que su hijo deje de identificarse como niña, denomina la condición transgénero como una enfermedad y asegura que si Phoenix volviera a identificarse como trans, se enfrentaría a ello llevándolo al psicólogo para corregirlo.

Sin embargo, la historia de Phoenix también da lugar a una de las conclusiones más importantes del film. Sus padres, divorciados en el transcurso de la grabación, tienen posturas opuestas ante lo ocurrido. Mientras ella se arrepiente de cómo gestionaron la situación, él asegura que volvería a hacerlo de la misma manera ya que lo importante.

Según Liese, el mensaje principal es ese: “Tienes que amar a tus hijos y dejarles que te guíen. Nunca te puedes equivocar afirmando a tu hijo” (TIME). La madre de Avery expresa lo mismo de otra manera: “Es importante dejarles explorar. Si resultan ser trans, bien, si no, bien también. Pero lo importante es haberlos querido lo suficiente para darles la oportunidad de averiguarlo”. Y ahí está la clave para quienes critiquen a los padres de niños trans que dejan que estos exploren su identidad, se tata de no imponerles una identidad o unas normas de género, sino dejarlos que la encuentren por sí mismos y darles el cariño necesario, tanto si esa identidad es la definitiva como si cambia al hacerse mayores.

Transhood es una mirada íntima, emotiva y a menudo sorprendente a la infancia y la adolescencia trans, un asunto que no se ha abordado tanto en los medios, que suelen centrarse en los adultos trans. El documental no revela una realidad, sino múltiples realidades sobre cómo la exploración de la identidad de género afecta a los más jóvenes y a sus familias, sirviendo de guía iniciática e informativa. Aunque no es el documental más completo o exhaustivo (por ejemplo, falta representación de color, cuya comunidad trans tradicionalmente ha sufrido mayor dificultad, opresión y discriminación), desempeña un papel muy importante a la hora de arrojar luz, abrir la mente y concienciar sobre el tema, y lanza un mensaje alto y claro contra la ignorancia, el miedo y el odio.

La infancia trans es un tema delicado y complejo, por eso es necesario informarse antes de sacar conclusiones así como dejar a un lado el debate, puesto que los derechos humanos no deberían serlo. Transhood proporciona esa herramienta, llamando indirectamente a la acción y recordando la importancia del apoyo de las instituciones, las legislaciones y sobre todo de las personas a la hora de proteger a estos niños, reducir la tasa de suicidios y proporcionarles un futuro mejor. Al final del documental, Jay desvela que tenía miedo de participar en él, pero se alegra de haberlo hecho si el resultado “ayuda a un niño o adolescente a averiguar el resto de su camino”. Y de eso se trata, de hacerles ver que son válidos y no están solos.

Tal y como reza el rótulo con el que comienza el film, “cada viaje transgénero es único”, pero nuestro objetivo debería ser el mismo para todos: escucharlos, entenderlos, reafirmarlos y darles la oportunidad de descubrir quiénes son a su ritmo y a su manera. Como dice Avery con una lucidez que ya quisieran muchos adultos, “no somos una especie exótica, somos humanos, solo que nacimos un poco diferentes, es así de simple”.

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