La historia real que esconde 'La conjura contra América', la nueva joyita de HBO

Justo para estos días de aislamiento, HBO estrenó dos de sus series más esperadas. Además de la tercera temporada de Westworld, ya podemos disfrutar del primer episodio de La conjura contra América, una miniserie basada en la exitosa novela de Philip Roth que imagina cómo hubiera sido la realidad judía en EEUU si en lugar de un tercer mandato de Franklin D. Roosevelt, la presidencia hubiera estado en manos de un político antisemita durante la Segunda Guerra Mundial.

Es cierto que afortunadamente esto nunca ocurrió pero la historia tiene parte de realidad. Aunque a priori no lo parezca.

John Turturro como el Rabino Lionel Bengelsdorf y Ben Cole como el presidente ficticio Charles Lindbergh (cortesía de HBO)

La miniserie, que consta de 6 episodios estrenados cada martes en la plataforma, se adentra en el núcleo de una familia judía y el efecto que los cambios políticos tienen en sus vidas. No solo a nivel social y cultural, sino entre ellos mismos, en la pareja y en los niños. El autor estuvo tres años escribiendo su novela retratando a sus padres, hermano y a él mismo como el menor de la familia en los personajes de esta historia. Y es por ese toque personal que el drama transmite una familiaridad pocas veces vistas en el mundo de las series.

La conjura contra América arranca como un drama familiar presentando a un padre exitoso en su trabajo, y activista por su comunidad, que poco a poco va notando el cambio sociopolítico cuando un candidato que simpatiza con los nazis amenaza con arrasar en las próximas elecciones, junto cuando Hitler va avanzando terreno en Europa. La serie se centra en cada uno de ellos, en el padre (Morgan Spector), en una madre coraje con un tesón asombroso (interpretada por la siempre portentosa Zoe Kazan), una tía solterona con una falta de autoestima peligrosa (Winona Wyder), un sobrino activista (anthony Boyle) y los hijos, uno adolescente entrando en etapa rebelde (Caleb Malis) y el más pequeño (Azhy Robertson), con un miedo atroz ante lo que oye de los adultos, sin comprender todavía el odio que existe en el mundo. Es en sus ojos que la serie se hace aún más humana y preciosa.

Pero no nos equivoquemos, La conjura contra América no es un thriller, ni tampoco es ciencia ficción a la altura de El hombre en el castillo -con la que puede parecer que comparte una base ya que esta serie de Amazon imagina un mundo de posguerra si los nazis hubieran ganado-. En su corazón es un drama que analiza el odio y el racismo cuando adquiere cotidianidad en una de las eras más crudas de la humanidad. Porque aquí nos presentan al antisemitismo aceptado dentro de la vida normal estadounidense a través de la persecución fuera de control de las familias judías, y todo con el sello de dos genios de las series bien contadas como David Simon y Ed Burns, responsables de The Wire.

Sin embargo, a pesar de estar basada en la novela de 2004 y de una historia inventada por el autor, La conjura contra América tiene una base de realidad. Y aquí paso a contárselas.

Morgan Spector y Zoe Kazan en 'La conjura contra América' (cortesía de HBO)

El candidato a presidente que amenaza el tercer mandato de Franklin D. Roosevelt en la novela y la miniserie, y que consigue arrasar en las elecciones, es Charles Lindbergh. Y no es un personaje de ficción inventado para la ocasión. Lindbergh fue un piloto de las fuerzas armadas que en aquella época era un héroe nacional y toda una estrella de la altura de Charles Chaplin. Fue portavoz del comité ‘Estados Unidos Primero’ apoyando el aislacionismo, una tendencia política que defiende que un país no intervenga en problemas de carácter internacional. Es decir, él se oponía a la intervención de EEUU en la Segunda Guerra Mundial y, por entonces, era una figura vista como antisemita como lo era Henry Ford y el sacedorte católico que daba propaganda antisemita en radio, Charles Coughlin.

En 2004, Philip Roth contó en una editorial publicada en The New York Times que se le ocurrió la idea mientras leía la autobiografía de Arthur Schlesinger, un historiador ganador del Premio Pulitzer. Fue tan solo una frase que llamó su atención pero fue suficiente para expandir toda la novela. En el libro, Schlesinger revela que en 1940 hubo varios republicanos aislacionistas que querían que Lindbergh, el piloto, se postulara como presidente. Así, el escritor se preguntó: “¿Y si lo hubiera hecho?” y comenzó a desarrollar la historia.

Lindbergh ganó todo tipo de medallas, incluso por ser de los primeros en volar con un avión de un solo motor, de Nueva York a París sin paradas en 33 horas y media, siendo el primer vuelo transatlántico realizado a solas y entre dos capitales. Pero en marzo de 1932, su hijo de 20 meses fue secuestrado y asesinado en lo que la prensa denominó “el crimen del siglo”, provocando cambios en la legislatura a la hora de establecer el secuestro como un crimen federal cuando el secuestrador cruza la frontera del estado con la víctima. El caso provocó la histeria nacional y ante el pánico por el futuro de su otro hijo de 3 años, Lindbergh y su familia se exiliaron en Europa, volviendo a EEUU en 1939.

Y si bien Lindbergh nunca hizo declaraciones a favor de los nazis de manera directa, sus palabras pidiendo que el país no se involucrara en la guerra, negándose a que EEUU diera ayuda a Reino Unido y otras declaraciones sobre los judíos llevaron a que le persiguiera la sombra del antisemitismo.

¿Qué dijo? Pues en septiembre de 1939 habló en radio nacional pidiendo el aislamiento político del país y haciendo referencia proalemanas y antisemitas. “Debemos preguntarnos quién posee e influye en los periódicos, las noticias y las estaciones de radio… Si nuestra gente sabe la verdad, nuestro país es probable que no entre en la guerra” dijo, como recoge el libro Einstein: his life and universe. Mientras que en un artículo a Reader’s Diagest escribió: “Podemos tener paz y seguridad siempre que nos mantengamos unidos para preservar nuestra posesión más preciada, nuestra herencia de sangre europea, para así guardarnos contra el ataque de armadas extranjeras y la dilución por razas extranjeras”.

Repitió en varias ocasiones su postura proclamando que EEUU no debería atacar a Alemania, y formó una amistad con Henry Ford, conocido por ser dueño del periódico antisemita The Dearborn independent. Las acusaciones de simpatizar con los nazis corrían como la pólvora y en 1941 propuso que EEUU negociara un pacto de neutralidad con Alemania, llevando a la crítica del presidente -que llegó a confesar que creía que el piloto era simpatizante nazi- y su renuncia como piloto de las Fuerzas Armadas. Poco después dijo que “los británicos, los judíos y la administración Roosevelt eran los tres grupos más importantes presionando para que América se involucrara en la guerra” (Historyonthenet). Sin embargo, Lindbergh aclaró en varios de sus discursos que su política anti bélica era un llamamiento a la paz y que la comunidad judía debía apoyar su visión porque “serían de los primeros en sentir las consecuencias” (CharlesLindbergh.com).

El pequeño Azhy Robertson interpreta la versión pequeña del autor de la novela (cortesía de HBO)

Al final, Lindbergh negó que su postura fuera antisemita pero nunca se retractó. Terminó apoyando al país en su implicación bélica después del ataque japonés a Pearl Harbor, y luego hizo lo mismo con la declaración de guerra de los alemanes. Y aunque voló durante la Segunda Guerra Mundial, lo hizo como consejero. Murió en 1974 a los 72 años, y poco después salieron a la luz historias de los hijos secretos que había tenido an Alemania. Sin embargo, Lindbergh también dejó un legado de invenciones y una figura activista por la protección animal en Hawái, donde se retiró los últimos años de su vida.

De esta manera, La conjura contra América no está basada en una historia real, pero sí se inspira en una figura que, de ser cierto los rumores, podría haber competido contra Roosevelt como presidente de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial, liderando con su postura de no intervenir en la contienda bélica de Europa llevando a un resultado que, quizás, hubiera sido diferente para el mundo entero. Con esta realidad paralela, Philip Roth recrea una América que cae en las garras del racismo, en donde los judíos habrían vivido una persecución en un país que los rechaza por completo. Los grupos de supremacía blanca tendrían la libertad de actuar a su antojo al sentir el apoyo de un gobierno antisemita, algo que aterra si lo comparamos con las noticias de los últimos años como los disturbios de Charlottesville en 2017.

Tras haber visto sus seis episodios, puedo asegurarles que La conjura contra América es una serie estéticamente preciosa, de recorrido lento pero finalmente extraordinaria. Desde las actuaciones al apartado técnico, todo brilla en esta miniserie que bien podría convertirse en el nuevo fenómeno de HBO como lo fue Chernobyl el año pasado.

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