'Natalie Wood: entre bambalinas', una actriz memorable más allá de la tragedia

El próximo mes de julio, Natalie Wood hubiera cumplido 82 años, pero ni el éxito, la fama y los aplausos detuvieron al destino cuando quiso llevársela antes de tiempo. Ocurrió el 29 de noviembre de 1981 cuando su cuerpo fue encontrado ahogado y varado cerca de la Isla Catalina mientras su marido Robert Wagner y su amigo Christopher Walken la buscaban con los guardacostas después de que desapareciera del yate en plena madrugada. Tenía 43 años. Pero Natalie fue mucho más que un titular rodeado de tragedia y el documental que HBO estrena el 6 de mayo, Natalie Wood: entre bambalinas, lo demuestra.

Natalie Wood: entre bambalinas (cortesía de HBO)

Desde aquella fatídica noche, la historia de su muerte ha recorrido el mundo con sinfín de titulares, mientras los tabloides se dedicaron a lanzar la sombra de la sospecha sobre su marido. Aquella tragedia marcó una pérdida imborrable para su familia y amigos, pero sobre todo relegó el recuerdo artístico de Natalie a un segundo plano a pesar de contar con un legado cinematográfico admirable tras 38 años haciendo cine. Y por eso, Natalie Wood: entre bambalinas resulta imprescindible al tratarse de un documental producido por la hija de la actriz, con la presencia de todas las personas importantes de su vida, incluido Wagner a los 90 años, que borra de un soplido el sinónimo de tragedia para acercarnos a la Natalie madre, esposa y actriz. Esa mujer que fue mucho más que la estrella de cine ahogada en extrañas circunstancias.

El documental permite acercarnos a la Natalie real a través de videos caseros, entrevistas y el testimonio de amigos como Robert Redford, quien la recuerda como la mujer que le abrió las puertas al mundo del cine cuando con su poder en la industria lo escogió para Inside Daisy Clover (1965) tras verlo en una obra de teatro, logrando que el estudio contratara a un desconocido solo porque ella lo pedía. “Tenía un gran corazón y se veía en su trabajo” sentencia el actor y director. También vemos a Mia Farrow y al dramaturgo Mart Crowley, así como la aparición de sus dos maridos: Robert Wagner (que en febrero cumplió 90 años) -con quien estuvo casada entre 1957 y 1962 para reconectar de nuevo en un segundo matrimonio en 1972-; y Richarg Gregson, su segundo esposo (1969-1972) fallecido poco después de aparecer en este documental a los 89 años, y padre de su hija mayor: Natasha Gregson Wagner. Sí, lleva el apellido de los dos maridos de su madre porque Natalie unió a toda la familia, los hijos de cada uno y los que tuvieron en común.

El documental dirigido por Laurent Bouzereau llega dos años después de que la policía de Los Angeles reabriera la investigación alrededor de la muerte de Natalie, reclasificándola de “accidente” a “sospechosa” y declarando a su marido como “persona de interés”. Oficialmente porque él estaba allí en la noche del suceso, no porque sea sospechoso. Y si bien el caso apenas ha dado titulares desde entonces y no parece que existan nuevos descubrimientos (oficialmente al menos), la reapertura se debe a varias motivos: primero a que el capitán del yate Splendour, Dennis Davern, cambió su testimonio en 2011 asegurando que había mentido a la policía en un principio, asegurando décadas más tarde que sí había oído a la pareja discutir antes de la desaparición. Según él, Wood había estado coqueteando con Walken -su compañero de reparto en la película que estaban filmando juntos y de la que se habían tomado un descanso aquel fin de semana de Acción de Gracias- y Wagner se puso celoso y enfureció. Pero las dudas que cuestionan cómo llegó Natalie Wood al agua sin que nadie se percatara es lo que ha intrigado a la investigación, así como varios moretones que el forense dijo que tenía en el cuerpo. En 2018, uno de los investigadores del caso, el teniente John Corina, dijo a CBS que tenían dos testigos que aseguran haber oído ruidos provenientes del barco y de ver a un hombre y una mujer discutiendo en la popa (vía New York Times). Y si la sospecha planea de nuevo sobre el viudo de Natalie, su familia quiere que quede claro que la muerte fue un accidente y que para recordar a Natalie, mejor hacerlo con su faceta de madre, esposa y actriz. Y para eso llega Natalie Wood: entre bambalinas.

Natalie Wood: entre bambalinas (cortesía de HBO)

El documental arranca con el recuerdo familiar de su muerte, revelando cómo su hija Natasha vivió aquel momento que cambiaría su vida para siempre mientras sentencia que “la familia nunca volvió a ser la misma”. De esta manera, la película nos advierte entre líneas que lo que estamos a punto de ver es un homenaje a una vida que terminó antes de tiempo a través de quienes realmente la conocían, y no en un true crime sobre la tragedia. Quien busque un documental revelador que añada datos a las especulaciones de los tabloides no lo encontrará en esta producción. Todo lo contrario. Natalie Wood: entre bambalinas es un recordatorio de la persona que hubo detrás de la tragedia, una mujer que logró convertirse en una de las actrices más respetadas de Hollywood y una de las pioneras en cimentar las bases para la libertad y el empoderamiento femenino en la industria del cine mucho antes del nacimiento del movimiento #MeToo. Y es tan emotivo como revelador. Es como si durante una hora y 40 minutos lograran quitarnos una venda de los ojos y recordarnos lo especial que fue Natalie.

"No creo que pase un día de mi vida que no haya un momento que piense en Natalie y lo mucho que significa en mi corazón y mi alma” dice Robert Wagner durante la entrevista que le hace su hijastra, Natasha, logrando transmitir emoción, orgullo y tristeza al mismo tiempo, mientras el documental nos recuerda lo jóvenes que eran cuando se conocieron y el momento en que le propuso matrimonio colocando un anillo dentro de una copa de champagne. Durante su primer matrimonio, eran la pareja hot del momento, ilustrando revistas constantemente y ninguno de los dos parecía tener reparo a la hora de hablar públicamente sobre su vida privada. Ni en aquellos inicios, ni durante el segundo intento. Sin embargo, el documental aporta el lado humano que faltaba por entonces cuando su relación era tan mediática. A través de un escrito que Natalie nunca publicó, ella misma cuenta que mantenían una felicidad superficial ante la presión de ser la pareja perfecta. El trabajo constante y la fama de ella, mientras la de él decaía, los fue separando, llevándolos al divorcio mientras ella encontraba consuelo poco después en los brazos de Warren Beatty. Estuvieron juntos dos años y más tarde ella estaría con Michael Caine y Frank Sinatra, y hasta rompería dos compromisos con Arthur Loew Jr. y Ladislav Blatnik; hasta que conoció a Richard Gregson, el agente de Robert Redford a quien el actor describe como “un tipo inteligente, elegante y muy sofisticado”. Tuvieron a Natasha pero la conexión que tenía la actriz con su pequeña hija hacía que su marido se sintiera excluido, llevando al final del matrimonio cuando Natalie descubrió que le había sido infiel con su propia secretaria. El tiempo pasó y llegó el reencuentro con Wagner, reiniciando la relación con la madurez que no habían tenido la primera vez.

Resulta tiernamente refrescante ver a Natalie en este documental y oír su voz en varias ocasiones. Su pasión por la interpretación está latente en cada imagen, pero también la que sentía por la vida, por sus hijas y su familia. La vemos sonriendo en entrevistas, carismática y con una ternura que roza una sensualidad natural. Vemos a una mujer con los ojos más expresivos de Hollywood, que era capaz de transformarse en un torbellino de emociones delante de la cámara. Una actriz de los pies a la cabeza que supo sacudirse el estigma de estrella infantil, que logró quebrar las leyes del star system imponiendo sus propias decisiones y deseos, logrando un éxito tras otro, sin dejar que el fracaso recurrente la detuviera.

Natalie Wood: entre bambalinas (Cortesía de HBO)

Natalie era hija de padres rusos y comenzó a actuar por pura casualidad a los 4 años cuando se topó con un rodaje junto a su madre y consiguió un papel pequeño en una secuencia. El director Irving Pichel, que le dio aquella oportunidad, no la había olvidado y un año más tarde la convocaba para que hiciera una prueba de cámara consiguiendo un papel junto a Orson Welles en Tomorrow is forever (1946). Un año más tarde su madre firmaba un contrato con 20th Century Fox y protagonizaba su primera película, uno de los clásicos navideños por excelencia, De ilusión también se vive (1947). Y desde ese momento su popularidad subió como la espuma.

Sin embargo, a través del documental conocemos la verdadera relación que tenía con su madre, una mujer temerosa y controladora que buscaba continuamente su atención, así como su deseo de ser una actriz seria, dejando atrás la imagen infantil de los papeles que le habían dado la fama. Y a pesar de que su carrera estaba en declive en su adolescencia al no encontrar papeles que encajaran con su transición a la adultez -a excepción de Rebelde sin causa (1955), la película con James Dean que le sirvió para descubrir que quería dedicarse a la actuación por deseo propio y no por la presión de su madre- terminó consiguiéndolo en Esplendor en la hierba (1961) con Warren Beatty y bajo las órdenes de Elia Kazan. Tenía 23 años y había conseguido algo imposible en Hollywood: había convencido al estudio que cambiaran su contrato y a partir de ese momento elegiría con independencia qué películas haría. West side story fue la primera de ese nuevo acuerdo.

A los 25 años ya había sido nominada al Óscar en tres ocasiones -aunque nunca lo ganó- y a lo largo de su carrera luchó por la igualdad salarial como mujer, elegía personajes con diferentes capas dramáticas alejándose de la figura de compañera femenina de turno. Y si bien el documental hace mención a un intento de suicidio que vivió durante el rodaje de La carrera del siglo (1965) y su tratamiento con psicoanálisis, se centra en revivir su imagen de estrella y desempolvar los recuerdos del publico teñidos por la tragedia.

Natalie Wood: entre bambalinas toca en diferentes momentos la tragedia de la actriz, dejando claro que la familia no tiene ninguna sospecha contra Robert Wagner, sino que es la hermana de la actriz, Lana Wood, quien lo acusa dentro del círculo familiar. A pesar de tratarse de un homenaje, Wagner sí da testimonio sobre su recuerdo de la noche de la muerte de su esposa. Y lo hace con la voz temblorosa y lágrimas en los ojos, contando lo mismo que dijo muchas veces. Que la discusión fue entre él y Christopher Walken. Habían tomado de más y discutían sobre qué era lo mejor para Natalie. La conversación se fue acalorando y Wagner rompió una botella de vino sobre una mesa. Sin dudas, ironías del destino que una mujer que representaba la independencia en Hollywood, tuviera dos hombres discutiendo sobre lo mejor para su vida. Ella se había ido a dormir al camarote y jamás escucharon que saliera de él. Fue cuando su marido bajó que se dio cuenta que no estaba. Horas más tarde la guardia costera encontraba su cuerpo y lo que vino a continuación fue un frenesí mediático que persiguió a toda la familia durante mucho tiempo, incluso a los niños.

Wagner y sus hijos creen que Natalie se levantó a atar el bote más cerca del yate, se resbaló, se golpeó y cayó al agua. Incluso, con motivo del estreno del documental, Natasha reafirmó en una entrevista a Good Morning America que ella culpa al alcohol como determinante. "Sin ese factor, creo que quizás la situación habría sido algo diferente" sentenció, mientras añade que siente que ha logrado cerrar este capítulo de su vida gracias a la película. Y así, ella y su familia pasan página recordándola como la mujer que fue, marcando diferencia, viviendo al máximo y adelantada a su tiempo. Una mujer con una luz especial.

Más historias que te pueden interesar: