'Crimen y desaparición en Atlanta', la docuserie que busca justicia para un caso de hace 40 años

Valeria Martínez
·7 min de lectura

El auge del true crime lo ha convertido en uno de los géneros más prolíficos del streaming en el último año, y a partir del 6 de abril ya podemos descubrir otra historia real que intenta explicar, analizar y exponer uno de los casos criminales más terribles de la historia estadounidense. Se trata de Crimen y desaparición en Atlanta: los niños perdidos, una docuserie de cinco episodios de HBO que indaga en el caso conocido como “los asesinatos de niños en Atlanta” que sacudió a la sociedad del país con la muerte violenta de 28 niños, adolescentes y adultos afroamericanos entre 1979 y 1981. Y que cuarenta años después siguen sin resolverse.

Y tras ser testigo de los primeros capítulos puedo confirmar que Crimen y desaparición en Atlanta: los niños perdidos promete ser una de las docuseries del true crime más documentalistas del streaming, pero también de las más humanas.

Imagen promocional de 'Crimen y desaparición en Atlanta: los niños perdidos' (cortesía de HBO España)
Imagen promocional de 'Crimen y desaparición en Atlanta: los niños perdidos' (cortesía de HBO España)

Muchos espectadores conocen este caso porque fue la trama central desde donde partía la segunda temporada de Mindhunter. Sin embargo, en la serie de Netflix el caso era el vehículo dramático para expandir los efectos de la investigación en sus personajes protagonistas, mientras que la nueva docuserie de HBO se centra en las familias de las víctimas y las preguntas que todavía siguen sin respuesta justo cuando en marzo de 2019 las autoridades de Atlanta reabrieron el caso en busca de encontrar al culpable con los nuevas pruebas forenses disponibles.

Desde 1979 a 1981, el terror sacudió a los barrios afroamericanos de Atlanta cuando 28 jóvenes negros -entre niños y adolescentes- fueron secuestrados y asesinados. Algunos de ellos tenían menos de 10 años y desaparecieron de sus hogares mientras hacían la compra, habían salido a arreglar una bicicleta, de camino a casa, la escuela o una piscina. Incluso mientras dormían. En 1982, la justicia de Georgia condenó a cadena perpetua a Wayne Williams, un hombre afroamericano -que por entonces tenía 23 años- por el asesinato de dos adultos. Y como este caso sucedió en plena ola del asesinato de niños, la policía siempre creyó que él era el culpable del asesinato múltiple infantil. Y así, los asesinatos de todos estos niños quedaron sin respuesta, mientras él todavía mantiene su inocencia. Hiela la sangre ¿verdad?

El caso de los niños asesinados se cerró dos días después del arresto de Wayne y es recién ahora, cuatro décadas más tarde, que la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, reabrió el caso en marzo de 2019 con la esperanza de encontrar alguna pista entre la evidencia almacenada. Incluso no descartan que descubran que podría tratarse de más de un asesino implicado.

Crimen y desaparición en Atlanta: los niños perdidos sirve para dar voz a esas familias que llevan décadas conviviendo con el dolor y la impotencia que provoca la injusticia de ser olvidado por tu propio sistema judicial. Y es que estamos ante un caso que -como mostraba Mindhunter y ahora esta propuesta de HBO- siempre estuvo bañado por la sombra del racismo al tratarse de un estado del sur estadounidense que, en aquella época, todavía flameaba las banderas confederadas en barrios blancos que rodeaban la ciudad de Atlanta. La duda y la falta de respuestas siempre estuvo presente, incluso por aquel entonces salieron a la luz titulares que señalaban a los pequeños como niños de la calle, que se dedicaban a la droga y la prostitución. Los prejuicios y el racismo tiñeron la investigación, dejando a decenas de familias a un lado, sufriendo en silencio y sin respuestas.

Desde su primer episodio, Crimen y desaparición en Atlanta nos encoge el corazón con las lágrimas de unas madres que no olvidan, recurriendo a imágenes de funerales de las víctimas infantiles pero también a grabaciones y fotografías explícitas de los cuerpos de los pequeños cuando fueron encontrados. Confieso que no es una docuserie fácil de ver, pero en el uso de estas imágenes radica su intención de impactar con una realidad que sin dudas debe obtener justicia.

La serie documental recurre a imágenes de archivo y entrevistas para contarnos la historia, en lugar de recrear la trama como hacen otras propuestas del true crime -como hizo la poco convincente How to fix a drug scandal (uno de los estrenos más recientes de Netflix)- dándole más realismo todavía a un caso del pasado, pero que no se olvida. Crimen y desaparición en Atlanta cuestiona preguntas que seguramente sacudan a la comunidad de esta ciudad, al meter el dedo en la llaga racial pero también en los errores que posiblemente cometieron los investigadores o la falta de interés en encontrar al culpable.

El 90% de los niños asesinados fueron varones y comprendían entre los 7 y 12 años. Fueron estrangulados, sofocados, disparados o apuñalados y sus cuerpos arrojados en diferentes zonas remotas de la ciudad. La mayoría fueron víctimas fáciles de capturar por el agresor, o agresores, al pertenecer a barrios pobres en donde los niños se movían con libertad dado que sus padres trabajaban muchas horas para mantener a la familia o estaban relacionados al mundo de las drogas.

Al principio, las desapariciones eran esporádicas hasta que comenzaron a aparecer cuerpos prácticamente diario. Incluso hasta dos en un mismo día. Como también vimos en Mindhunter, la falta de acción y respuestas por parte de la policía, hizo que la madre de una de las victimas comenzara el ‘Comité para detener los asesinatos de niños’, que públicamente desafío a la policía local. Y es que la comunidad afroamericana estaba frustrada y enfadada. Sus niños estaban en peligro, los años pasaban y no había ni una sola respuesta. Incluso se formaron fuerzas de protección locales de vecinos que se paseaban con bates de béisbol buscando al agresor.

¿Por qué llegaron a Wayne Williams? Era uno de los sospechosos principales de la policía por entonces porque tenia acceso directo a los barrios y porque fue el primer coche que pasó por la carretera cuando un equipo policial escuchó “un fuerte chapoteo” en un río cercano donde se habían descubierto varias víctimas. Dos días después encontraron el cuerpo de una víctima de 27 años y él se convirtió en el principal sospechoso. Poco después, las fibras recuperadas de otra víctima adulta eran compatibles con las de su casa, auto y perro. Y aunque él aseguró su inocencia, el testimonio de compañeros de trabajo que dijeron que lo habían visto con rasguños en la cara y brazos, llevaron a su arresto en junio de 1981 y el 27 de febrero de 1982 era condenado a cadena perpetua tras un juicio de dos meses. Pidió el hábeas corpus a finales de la década de los 90s, siendo denegado, y a inicios de 2004 solicitó un nuevo juicio después de que sus abogados conocieran que la policía no había revelado las pruebas que sugerirían la participación del Ku Klux Klan en el caso, pero la petición fue rechazada dos años más tarde (vía The Associated Press).

A medida que avanza cada episodio, Crimen y desaparición en Atlanta: los niños perdidos revela nueva información y teorías que podrían dar respuestas difíciles de asumir y aun más de digerir. Las propias familias creen que Williams es inocente y merecen encontrar al culpable de la pérdida que llevan décadas sufriendo.

Aquellos que vayan a darle una oportunidad deben saber que la serie no pretende dar la respuesta definitiva, sino que plantea diferentes revelaciones para que cada uno saque sus propias conclusiones. Voy a dejar que los descubran por ustedes mismos a medida que HBO estrene capítulos en las próximas semanas, solo decirles que una de las teorías más impactantes implica un problema de racismo desde la raíz del caso.

Sin dudas, estamos ante una serie documental con alma, que toca la parte más humana de un caso terrible, que si bien busca analizar nuevos datos y teorías, brilla en la forma en que eleva el heroísmo emocional de esos padres olvidados por la justicia.

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