El fraude de un médico que engañó a sus pacientes inseminándolas con su propio esperma

Valeria Martínez
·6 min de lectura

Érase una vez un médico que jamás imaginó la existencia futura de las pruebas de ADN. Un ginecólogo y obstetra especializado en fertilidad que solía lograr con frecuencia que sus pacientes se quedaran embarazadas. Pero lo que ellas no sabían era que el truco del especialista era su propio esperma.

Esta es la tremenda historia que relata Baby God, un documental de HBO ya disponible en la plataforma que indaga en las motivaciones del Dr. Quincy Fortier para embarazar a sus pacientes de esta manera y sin su consentimiento, así como los problemas de identidad que están viviendo sus hijos biológicos tras descubrir la forma en que fueron concebidos y un secreto familiar que lo acusa de abusos sexuales.

El género documental no deja de sorprendernos…

Dr. Quincy Fortier, cortesía de HBO
Dr. Quincy Fortier, cortesía de HBO

Por fin se conoce la historia. Y digo por fin porque antes de morir, Fortier y sus abogados lograron silenciar las demandas interpuestas contra él en vida por parte de mujeres que habían depositado su confianza en él dando a luz a dos hijos cada una. En ambos casos se llegaron a acuerdos económicos privados y contratos de confidencialidad que les prohíben hablar públicamente del tema, mientras que los jueces sellaron ambas demandas sin dejar rastro público de ellas.

Como cuenta este documental de la debutante Sarah Olson, Fortier nació el 16 de septiembre de 1912 en Massachusetts, desarrollando un interés por la infertilidad cuando una de las tres vacas que tenía su familia (Fe, Esperanza y Caridad, así se llamaban) no lograba quedarse preñada a pesar de haberlo conseguido en una ocasión. El hombre estudió medicina, sirvió en las Fuerzas Aéreas y en 1945 abrió su propia consulta médica en Las Vegas, Nevada. Su éxito y reconocimiento llegó tan lejos que logró abrir el primer hospital para mujeres en la ciudad y fue nombrado Doctor del Año en 1991. Pero años más tarde fue acusado de utilizar su propio esperma de forma fraudulenta para inseminar a dos pacientes.

Como les contaba al principio, ambos casos de 2001 y 2006 quedaron enterrados en el sistema burocrático judicial a pesar de que las pruebas de ADN solicitadas por el juez demostraban que el doctor era el padre biológico de los hijos de sus pacientes. Pero Fortier nunca fue declarado culpable, ni se lo obligó a admitir el engaño ni tampoco le revocaron la licencia. Siguió practicando en la consulta que tenía en su casa hasta pasados los 90 años.

Fue recién después de su muerte a los 94 años en 2006 que comenzaron a aparecer más hijos. Personas que habían crecido dudando de sus orígenes debido a la falta de parecido físico, de la personalidad o del coeficiente intelectual de sus padres, y que optaron por hacerse exámenes de ADN para descubrir la verdad. Pero lo que muchos descubrieron no se lo esperaban: el padre era un médico que había inseminado a sus madres con semen propio sin el consentimiento de sus pacientes.

Cortesía de HBO
Cortesía de HBO

Básicamente, y según el testimonio de las víctimas que aparecen en el documental, Fortier les pedía muestras de semen del marido pero luego les insertaba con una jeringa una muestra propia o mezclada. Otra mujer incluso asegura que tenía 20 años cuando fue a una consulta de revisión y poco tiempo después estaba embarazada. Tenía planes para estudiar, no buscaba un bebé en ese momento de su vida y aun así las pruebas de ADN confirmaron que su hijo es del médico.

Si tenemos en cuenta que Fortier practicó como ginecólogo y obstetra desde mediados de los 40 hasta bien entrado el nuevo siglo, se desconoce la cantidad de descendientes que podría haber engendrado en secreto. Una verdadera locura.

De todos modos, y esto no lo dice el documental, Fortier aceptó en su testamento que era el padre biológico de los cuatro hijos que formaron parte de las demandas, añadiendo una nota dedicada a las mujeres que tuvieron hijos suyos tras pasar por su consulta. En el documento el hombre acepta que pueden aparecer más hijos después de su muerte y aclara que ninguno de ellos podrá reclamar nada de su herencia. Incluso se sabe que la Junta de Examinadores Médicos que regula las licencias en Nevada había abierto una investigación hace unos años pero la cerró tras la muerte de Fortier citando que su rol “no es desenterrar cosas de hace 35 años, sino proteger al público aquí y ahora”. (vía Review Journal).

Fotogradía de una de las pacientes e imagen de uno de los hijos de Fortier (Cortesía de HBO)
Fotogradía de una de las pacientes e imagen de uno de los hijos de Fortier (Cortesía de HBO)

A lo largo del documental vamos conociendo a diferentes hijos que fueron descubriendo su relación directa con el médico, demostrando abiertamente las inseguridades que la noticia creó en sus propias identidades. Llama la atención el caso de uno de ellos que es físicamente idéntico o el de una hija que trabajó toda su vida como detective, tomándose la noticia como una investigación más e indagando en el pasado de este hombre.

Fortier estuvo casado y tuvo seis hijos (cinco biológicos más la hija de su esposa que adoptó como propia), divorciándose a finales de los 60 y adoptando a dos niñas recién nacidas más tarde. Sin embargo, el documental desvela una vida familiar muy diferente a la que vivieron las hijas adoptivas que crecieron a su lado. La hija de su esposa, esa que adoptó como propia, hizo una declaración en su contra sentenciando que sufrió abusos sexuales por su parte desde los 5 a los 13 años. Que se quedó embarazada a los 17 tras ir a su consulta cuando no era sexualmente activa, dando el bebé en adopción por la vergüenza que sentía.

El relato es devastador, desvelándose aún más terrorífico cuando uno de los hijos biológicos que tuvo con su esposa, confiesa ante la cámara que todos los hijos sufrieron abusos, niñas y niños. “Mi padre estaba loco y era un pervertido […] No le importaba nada” confiesa mientras añade que el día que lo hizo más feliz “fue cuando estaba en el ataúd”.

Según las hijas adoptadas por Fortier, ellas no sufrieron abusos y sabían lo que su padre había hecho a sus pacientes. El doctor les aseguraba que su intención siempre había sido “ayudar” a sus pacientes, que él no veía nada malo en lo que había hecho. “Para él, donar su propio semen no era diferente a donar su propia sangre” sentencian. Cuentan que sus pacientes acudían a él “desesperadas” y que en su mente “no pretendía lastimar a nadie”.

"En su mente, él proveía una necesidad biológica y lo que pasaba después era cosa de otra familia” añaden.

Después de “ayudar” a sus pacientes durante décadas y silenciar demandas, el documental desvela la verdadera historia de este hombre que disfrutó de una carrera reconocida en su comunidad, que mantuvo su consulta abierta hasta pasados los 90 años muriendo con su reputación intacta. Atendió a miles de pacientes y mientras tanto sus hijos biológicos siguen apareciendo.

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