Hasta en la conservación de la naturaleza hay un problema de género

Hasta en la conservación de la naturaleza hay un problema de género

Parecerá una obviedad, pero si queremos conservar cualquier especie necesitamos proteger tanto a machos como a hembras. Y sin embargo un número importante de programas de conservación de aves sólo protege a los machos, como explica un artículo reciente.

El problema está en que en muchas especies, los dos sexos no pasan todo el año en el mismo hábitat. Durante la etapa de cría, como es lógico, están juntos. Comparten hábitats y recursos para dedicarse a criar a sus polluelos. Pero cuando migran hacia las regiones de invernada, la cosa cambia.

En el estudio, los investigadores se han centrado en aves canoras. Por lo tanto, los resultados no son extrapolables directamente a todas las especies – vaya, que no podemos pensar que en todos los pájaros migradores pasa lo mismo – pero sí resulta significativo.

Muy bien, pero ¿qué ocurre? Pues que tras la época de cría, las poblaciones migran y se separan. Machos y hembras pasar a ocupar hábitats distintos. Generalmente cercanos, e incluso se solapan en algunos puntos, pero no son los mismos.

La regla general es que los machos ocupan las altitudes mayores, más húmedas y con más desarrollo arbóreo. En cambio, las hembras suelen preferir zonas menos elevadas, más secas y con más especies arbustivas.

Pero la mayoría de programas de conservación caen en lo que en inglés se denomina “one-size-fits-all” - “una talla cubre a todos” - y solo se protege uno de los dos hábitats. Que es el de los machos, algo que no debería sorprendernos.

Y no debería hacerlo por un motivo muy sencillo. Que no tiene nada que ver con sesgos sociales o culturales humanos. Es mucho más simple: los machos resultan más sencillos de detectar. Como norma general – que, de nuevo, no es una verdad absoluta pero funciona bastante bien – los machos tienen coloraciones más llamativas y son menos huidizos y por lo tanto fáciles de localizar.

Para diseñar estrategias de conservación se suelen emplear mapas de distribución. Se detecta a los individuos, se coloca en un mapa, y se comprueban las zonas con mayor número. Y como a los machos se les ve más, sesgan los mapas hacia su hábitat. Lo que deja a las hembras desprotegidas, y como ya hemos dicho, si no se protegen ambos sexos no se conserva la especie.

La solución es sencilla: reconocer el error. Ahora se ha puesto sobre la mesa, y se ha visto el efecto que tiene. Así que el siguiente paso es diseñar los muestreos para recoger esta disparidad, recalcular las frecuencias, y adaptar los planes a la realidad. Es mucho trabajo, pero merecerá la pena.

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