El esposo de Hanna Jaff, ni noble ni millonario: ¿quién engañó a quién?

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No cabe duda que el melodrama de la semana es la separación de la socialite mexicana Hanna Jaff y el inglés Henry Roper-Curzon, que es el más reciente escándalo que involucra de manera tangencial a la familia real británica.

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Y es que este tema, que involucra engaños, presuntas amenazas, dizque racismo y maltrato y otras lindezas, genera un morbo increíble, y tiene todas las similitudes con un argumento de telenovela del Canal de las Estrellas, aunque se trate de un caso de la vida real.

Y no es para menos — como les contamos hace unos días, la Jaff (¿señorita, señora, doctora, baronesa? A estas alturas who knows) es conocida, más o menos, y solo en México como una de las participantes de un nefasto reality show que produjo Netflix en este país, donde seis "ejemplos" de la "mejor sociedad" (las comillas son del autor) mostraban cómo vive el presunto 1% de la población en este país, donde más de la mitad vive hundida en la precariedad.

En el programa —que fue considerado ofensivo por el público y fue tal el rechazo que la plataforma digital lo canceló— la Jaff se mostraba como un perfecto ejemplo de lo que se dice 'vivir de la apariencia': con un tono de voz característico (lo que aquí se conoce como "hablar con la papa en la boca"), se presentó en el programa como una humanista, psicóloga graduada de la Universidad de California y de Harvard — universidades donde, por cierto, no consta ni siquiera su inscripción —, con una fundación que según ella ayudaba a inmigrantes a aprender inglés, colaboradora de la ONU y descendiente de la (depuesta) familia imperial kurdistana.

Por su parte, Henry Roper-Curzon era un perfecto desconocido en México y algo menos en Reino Unido. No porque la élite de la isla sea muy selectiva y privada (porque no es así), sino porque realmente, es prácticamente un "don nadie" en Inglaterra, dado el hecho de que quien tiene un título nobiliario es su padre, David John Henry Ingham Roper-Curzon, que es el vigésimo primer Barón Teynham, nacido en 1965 y uno de los muchos aristócratas británicos venidos a menos en ese país.

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¿Venidos a menos? ¿Al mismo tiempo aristócratas? ¡Cómo!

Sí. Resulta que a raíz del irigote que armó la Jaff, que tanto anunció su noviazgo, matrimonio y ruptura (todo en espacio de 18 meses) en medios mexicanos, fue que aquí se tuvo conocimiento de la existencia de Henry Christopher John Ingham Alexis Roper-Curzon (tal es su apelativo completo, dígalo de un solo golpe si puede memorizarlo) el pelirrojo "miembro de la familia real británica" — como lo presentó la Jaff, que a su vez jura ante cualquier micrófono que es princesa —, y resultó ser que no es ni noble (no realmente) ni millonario.

En realidad, Roper-Curzon no es miembro de la famila real. Es primo en tercer grado (es decir, sin lazos sanguíneos) de las princesas Eugenie y Beatrice, las hijas del duque de York y nietas de la reina. Esto es porque su madre es prima segunda de Sarah Ferguson, la exduquesa de York, que en realidad y estrictamente hablando, ya no es miembro de la familia real — pero bueno, ya se sabe que la Jaff tiende siempre un poquitito al exceso y la exageración, sobre todo cuando se trata de agrandar sus condiciones, algo que su hoy exmarido le echa en cara en una escandalosa entrevista en el Daily Mail.

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De hecho, la última cosa de valor que tiene la familia del Barón, es su título nobiliario, que proviene de la época de Enrique VIIlo único cierto que se ha dicho sobre la familia—. De ahí en fuera, la mansión familiar, Pylewell Park, en Hampshire, hoy en día, pertenece a un consejo de administración y tiene una deuda de más de 20 millones de libras esterlinas, que se financia usando la casa como venue comercial.

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Es esa deuda (que ha crecido a lo largo de muchos años) la que la Jaff dijo en entrevista a 'Quien', que se supone fue la razón por la que Henry le pidió matrimonio: según ella era un plan para extorsionarla, y es que además se vio muy novata, ya que antes de comprometerse debió saber que su todavía suegro, el barón, había presentado como suya la magnífica casa señorial de 15 habitaciones durante más de una década, desde que su padre la dejó en 2010, sin que en realidad fuera el dueño del total.

David Roper-Curzon solo posee una décima parte del palacete y el resto es de sus nueve hermanos, quienes reclamaron en 2019 — incluso antes de que se comprometiera la parejita— al escultor, dos veces casado, que hiciera usufructo exclusivo de la casa ancestral de su familia, donde se llevó a cabo su boda civil, y como la alquilan al mejor postor como sede para bodas y eventos, algo que Jaff debió haber sabido antes de darse por protagonista de un cuento de hadas.

Si se hace una revisión de la prensa inglesa, se podrá ver que, si bien no han protagonizado escándalos, esta rama del clan Roper-Curzon ha vivido con extravagancia e irresponsabilidad por encima de sus medios por años, teniendo como consecuencia el hallarse ahora en circunstancias muy disminuidas, y es por ello que la joven mexicana se dice estafada, ya que según cuenta en las entrevistas que ha concedido a medios nacionales, cuando confrontó a Henry (o 'Harry', como lo llaman sus allegados) al respecto, éste le dijo que él esperaba que ella ayudara a resolver la ruina financiera de su familia, algo que ella afirma fue con todo cinismo, ya que creyó que Henry se casaba con ella por amor y no por la lana.

Por otra parte, Henry declaró que no hubo ni maltrato ni discriminación racial como Jaff dijo: simplemente lo que ocurrió fue que él creyó que era tan acaudalada como se presentaba y resultó que no tenía ni la educación ni la ascendencia que presumía, ya que su madre la había mandado investigar (¿no les dije que era como argumento de telenovela?) y resultó que aunque tenía dinero, solo era una noveau riche, y no una princesa imperial kurdistana como decía.

Mientras la historia se desarrolla, lo que ahora se sabe a ciencia cierta es que los aristócratas resultaron astutos vividores y que la presunta engañada, resultó no ser lo que ella decía, aunque aún está por verse cómo acaba el tema del divorcio, pero se puede decir que aunque la 'reputación' de Hanna Jaff en Inglaterra queda en entredicho, en México francamente no le importará a nadie lo que de ella se diga, porque seguro vendrá un escándalo más grande y ella podrá respirar con alivio cuando ya no sea material de titulares salaces, en cualquier parte.

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