Ni la fama mundial ni el Óscar pudieron curar el dolor que sufrió Halle Berry

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Cuando uno echa un vistazo a la carrera de Halle Berry y, por qué no decirlo, a su belleza natural, jamás se nos pasaría por la cabeza que la baja autoestima ha sido su fiel compañera. Antes del glamur y las lentejuelas, esta actriz sufrió en primera persona el abuso físico siendo muy niña, una etapa que marcó su camino y algunas de sus decisiones.

Esta vez, la trama con tintes dramáticos no era parte del guión sino de episodios de la vida real que a día de hoy ha logrado aceptar, que no olvidar. A sus 53 años puede presumir de estar en el Olimpo de las actrices más respetadas y bellas de la meca del cine, ese paraíso terrenal llamado Hollywood al que todos aspiran. Pero no lo hace. Al contrario. Sabe de dónde viene y, algo mucho mejor, a dónde va.

Halle Berry en la premiere de "John Wick: Capítulo 3 - Parabellum" en Nueva York en 2019 (P Photo; Evan Agostini; Gtres)
Halle Berry en la premiere de "John Wick: Capítulo 3 - Parabellum" en Nueva York en 2019 (P Photo; Evan Agostini; Gtres)

Sus entrevistas y mensajes en redes sociales en la actualidad son una oda a la vida y a esos pequeños grandes detalles que le robaron siendo apenas una cría. Es lo que tiene la quinta década, la experiencia es un grado. Ahora puede mirar atrás sin miedo ni vergüenza, esa etapa turbia de su vida es lo que le ha empujado a ser la mujer fuerte, decidida y sensible que es hoy en día.

Como se suele decir en estos casos, no fue de la noche a la mañana. Halle necesitó años y mucha ayuda para entender el porqué de tanto dolor. Cuando uno es niño se supone que todo es bonito y multicolor, pero no fue su caso. La protagonista de Catwoman fue testigo de los golpes y el maltrato que su padre ejercía sobre su madre y su hermana mayor en el seno de su hogar. Al ser la pequeña de la casa ella no fue destinataria de esa violencia pero sí fue espectadora. Unas aterradoras imágenes que destrozaron su infancia y arrebataron su inocencia de niña.

Vi a mi madre golpeada y maltratada durante muchos años de mi vida y sentía que no podía hacer nada”, expresó durante su asistencia a un evento celebrado en el Jenesse Center dedicado al apoyo a las víctimas de violencia doméstica y su prevención en 2015. Los cardenales y las señales en su madre y hermana eran lo habitual y ella se sentía cada vez más culpable al no poder defenderlas. Esta impotencia es lo que le convirtió en una persona insegura con una baja autoestima. Pero también le dio un propósito en la vida, ayudar a todas esas mujeres que pasan por el mismo infierno. “Parece que lo he superado pero no es así. Muy en el fondo todavía tengo mi lucha, así que mientras ayudo a estas mujeres, también me ayudo a mi misma”, expresó.

El perdón ha sido una de las claves para curarse de tanto sufrimiento. Halle sorprendía el año pasado con una emotiva publicación en su perfil de Instagram en el Día del Padre. En ella mostraba al hombre que tanto daño había causado a su vida y su familia. Lejos de echarle en cara la pesadilla vivida, la actriz se mostró comprensiva, generosa y compasiva con su progenitor ya fallecido, al que mandaba un mensaje de amor y compasión. “Esta es una de las dos fotos que tengo de él y se ha convertido en un tesoro. Aunque no tuve una relación demasiado agradable con él mientras vivía ya que era adicto al alcohol y esa adicción nos robó la relación que debíamos tener, ahora entiendo cuánto me amó y lo vital que fue y es en mi vida. Te echo de menos hoy papi y dondequiera que estés, sé que estás sonriéndome porque puedo sentir tu amor”, escribió junto a la imagen del recuerdo.

Un precioso mensaje al que le costó muchos años y lágrimas llegar. Durante una buena ristra de años no se sintió merecedora de nada. Mientras el mundo se enamoraba de ella y su bikinazo de chica Bond junto a Pierce Brosnan en 007: otro día para morir, Halle sufría horrores y padecía un profundo malestar que le impedía disfrutar de todo lo bueno. “Durante toda mi vida he estado luchando contra este sentimiento de baja autoestima que se implantó en mi. Pensaba que yo no merecía la pena”, expresó durante una entrevista a CNN en 2010 (vía The Daily Telegraph). “Me he pasado mis años de adulta tratando de curarme de eso”.

Cuando uno se quiere poco suele aceptar que no se le trate bien. Y eso fue lo que le pasó a Halle en algunas de sus relaciones sentimentales. Mientras su carrera crecía como la espuma, su vida personal se iba al traste. En 1996 confesó a la revista PEOPLE que una antigua pareja le había pegado tan fuerte que le perforó el tímpano. Las malas lenguas aseguran que fue su primer marido David Justice cuya sombra del maltrato siempre le persiguió. Él siempre lo negó y le echó en cara no dar la cara por él. Halle siempre guardó silencio y jamás dio el nombre de su verdugo. A partir de ahí sus relaciones de pareja fueron cuesta abajo y sin frenos. Desde las infidelidades y adicción al sexo de su segundo esposo, el cantante Eric Benet, hasta el malísimo rollo con el padre de su hija Nahla, Gabriel Aubry, a quien tuvo que pagarle una suculenta pensión después de su separación.

Su último matrimonio con su colega de profesión Oliver Martínez tampoco fue muy ejemplar que digamos. Duraron dos años casados y tuvieron un hijo, Maceo, pero la relación ocupó varias portadas escandalosas de la prensa rosa por el comportamiento de todo menos pacífico del actor francés. El protagonista de Infiel fue acusado de atacar físicamente a un paparazzi que trataba de fotografíar a Halle con su hija y también denunciado por supuestamente golpear a Aubry, ex de su mujer, tal y como el mismo modelo hizo saber a las autoridades. Parece que su negativa a que se llevase a su hija a Francia, país de origen de Oliver, tuvo que ver en esa reacción.

Una cadena de feas vivencias que pasaron por su vida a la vez que iba rodando éxito tras éxito delante de las cámaras. Frente a ellas era toda una estrella, la mujer más atractiva y admirada, la que todo lo tenía, detrás, ese brillo y apariencia se desvanecían. Ni los logros ni la fama pudieron aportarle ese sentimiento que siempre soñó desde niña: la felicidad. La rozó con los dedos gracias al Óscar en 2001 por la película Monster’s Ball, un reconocimiento de la Academia de Cine que por primera vez premiaba a una mujer negra en la categoría de Mejor Actriz Principal. Pero ni siquiera ese triunfo que supuso un antes y un después y además abrió puertas en la industria curó del todo sus heridas. Hicieron falta varios años más, otros fracasos sentimentales y la llegada de sus dos hijos para poder ganarle la batalla a ese pasado.

Ahora, con menos proyectos cinematográficos y visibilidad en los medios es cuando Halle parece encontrarse más cómoda en su propia piel. Lo dice y demuestra ella misma. Muy activa en sus redes sociales, concretamente Instagram, donde cuenta con seis millones de seguidores, no tiene reparo en mostrar cómo es su vida de mamá y qué es lo que verdaderamente le hace feliz. El deporte y la buena alimentación están en los primeros puestos de la lista. Solo hay que verla para darse cuenta que disfruta de un fenómeno estado físico y personal. Sus publicaciones son un derroche de buena energía y mensajes positivos que promueven el ‘Sí, se puede’. Y si de repente tiene que hacer el reto de la almohada que ahora se lleva tanto pues ella lo hace y nos deja sin palabras porque está divinamente.

Hace un tiempo que no la vemos en los créditos de una película y es que Halle ha conseguido el que considera el papel más importante de su vida, además del de madre, que es el de ser ella misma, aceptarse con sus defectos y virtudes y, sobre todo, ser feliz. Ese sí que es un premio.

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