Hace un siglo un grupo de ciudadanos de San Francisco se negó a llevar mascarilla durante la pandemia de gripe

En las últimas semanas hemos visto como los diferentes gobiernos e instituciones sanitarias han ido cambiando de opinión según iba avanzando la pandemia de Covi-19, diciendo en un principio que no era esencial el uso de mascarillas y cambiando de opinión poco después para animar a la población a ponérsela e incluso obligar a llevarla en algunos lugares concretos.

(Imágenes vía San Francisco Chronicle - businessinsider)

Esto ha provocado que un grupo de personas (la mayoría negacionistas sobre la enfermedad y sus efectos) se hayan manifestado en contra de la decisión (y sobre todo obligatoriedad) en el uso de mascarillas, enfrentándose a las autoridades e incluso siendo sancionadas con multas económicas.

Pero esto no es algo nuevo. Hace un siglo, durante la pandemia de la mal llamada ‘gripe española’, varias fueron las iniciativas ciudadanas en las que se instó al resto de la sociedad a desobedecer las advertencias sanitarias y gubernamentales y animando a la gente a no ponerse la mascarilla.

En otoño de 1918 aquella epidemia de gripe (también conocida como ‘Influenza’ o ‘Spanish Flu’) empezó a afectar a ciudadanos de San Francisco (Estado Unidos), teniendo en pocos días alrededor de dos mil casos y emitiendo las autoridades gubernamentales una serie de recomendaciones con el fin de evitar el contagio masivo entre la población.

Se les pidió mantenerse confinados y no salir de casa si no era imprescindible. Tan solo se aconsejaba salir a aquellas personas que trabajaban en alguna fábrica de componentes armamentístico, teniendo en cuenta que el país llevaba un año y medio participando en la Primera Guerra Mundial.

Al igual que ahora, se desaconsejaron las reuniones sociales y se pidió que los ciudadanos se lavaran frecuentemente las manos. Fueron cerrados los cines, teatros y salas de baile y se obligó a toda la población a llevar puesta la mascarilla.

Esto último es una de las cosas en las que más se incidió, realizándose campañas publicitarias en las que se tachaba públicamente de irresponsables a aquellos que no siguieran esa norma. Según consta en las crónicas de la época, en noviembre de aquel mismo año (1918), coincidiendo con el fin de la IGM, el alcalde de San Francisco, James Rolph, junto a otras personalidades (entre ellos William C. Hassler, responsable de la Oficina de Salud de la ciudad) acudieron a un combate de boxeo, ninguno de ellos llevaba la mascarilla puesta y fueron sancionados por la policía con una multa de 5 dólares por cabeza (lo estipulado por saltarse la norma municipal).

Cabe destacar que en aquellos momentos el brote de gripe ya había sido controlado y pocos eran los nuevos contagios que se daban, por lo que a finales de aquel noviembre se levantaron las restricciones y la obligatoriedad de llevar mascarilla.

A inicios del nuevo año hubo un rebrote de gripe en la ciudad de San Francisco, lo cual provocó que se pusiera de nuevo de marcha todo el protocolo y volviera a ser obligatorio el uso de mascarilla a partir del 17 de enero de 1919.

Esta vez las autoridades se encontraron con un gran número de personas que se negaban a volver a ponerse la mascarilla, alegando que con dicha norma se vulneraba la libertad de los individuos y sus derechos constitucionales.

El 25 de enero se realizó una reunión a la que acudió alrededor de cinco mil personas que constituyeron la ‘Liga Anti-Mascarilla’ (Anti-Mask League) y desde la que se instaba a los ciudadanos a desobedecer la nueva norma municipal, además de presentar una petición ante la Junta de Supervisores en la que se exigía la derogación de la ordenanza.

Al frente de la Liga Anti-Mascarilla se encontraba la abogada Emma Harrington, quien fue nombrada presidenta y se convirtió en una feroz crítica de la normativa impuesta nuevamente por James Rolph, además de Eugene Edward Schmitz, miembro del Partido Laborista que se postulaba en las elecciones para alcalde de la ciudad.

La ‘Anti-Mask League’ no inquietaba a las autoridades municipales y sanitarias, ya que apenas representaban al 1 por ciento de la población de San Francisco. Lo que realmente preocupaba era que entre los miembros de aquel grupo había algunos médicos de cierto renombre, quienes habían decidido apoyar la absurda e insolidaria campaña antimascarilla y eran estos quienes podrían tener cierta relevancia en atraer más ciudadanos a desobedecer la ordenanza. Solo cabía una solución drástica: el imponer severas sanciones a quienes hicieran caso omiso a la obligatoriedad en el  uso de mascarilla, hasta tal punto que incluso podrían ser castigados con penas de cárcel.

Finalmente, debido a las presiones (y presencia de eminencias médicas dentro de la Anti-Mask League) la Junta de Supervisores decidió derogar la ordenanza  municipal, dejando de ser obligatorio el uso de mascarilla en la ciudad de San Francisco a partir del 1 de febrero de 1919.

Fuentes de consulta e imágenes: influenzaarchive / Forbes / theguardian / America's Forgotten Pandemic: The Influenza of 1918 / San Francisco Chronicle / businessinsider

 

Más historias que te pueden interesar: