Hablar solo no te hace perder la cabeza (al contrario)

Mónica De Haro

Puede parecer extraño, pero no hay por qué asociarlo a la locura

Robert De Niro, el creador de esta mítica frase: Are you talking to me? (¿Estás hablando conmigo?)
Robert De Niro, el creador de esta mítica frase: Are you talking to me? (¿Estás hablando conmigo?)

“¿Hablas conmigo? ¿Me lo dices a mí? Dime, ¿Es a mí? Entonces, ¿A quién demonios le hablas si no es a mí? Aquí no hay nadie más que yo. ¿Con quién puñetas crees que estás hablando?”. En 1976 Robert De Niro se marcó este diálogo delante del espejo en la película Taxi Driver. Su papel era el de un trastornado excombatiente de Vietnam, pero según los expertos, hablar solos no es de locos.

Si, no mires para otro lado, todos lo hacemos. Te lo demostraré. Considera estos escenarios y dime (sinceramente) si no has sido el protagonista de alguno de estos ‘bochornosos’ momentos:

  • Balbuceando por el súper tratando de recordar lo que necesitabas,

  • Esforzándote por mantener la calma cuando estás enojado,

  • Practicando delante del espejo antes de ir a tu cita o pedirle un aumento al jefe,

  • Contando las monedas para pagar la cuenta,

  • Buscando un contacto en el móvil,

  • Hablando con esa máquina infernal (la fotocopiadora, el ordenador o lo que sea) porque se ha vuelto a quedar pillada,

  • Gritando al televisor mientras ves el fútbol,

  • Animándote a ti misma para conseguir hacer una sentadilla más, etc, etc.

Lo haces, y punto. Se llama ‘discurso privado’, y aunque nos da reparo reconocerlo por miedo a que nos tachen de locos, hablar solo es un ejercicio mental muy sano.

Hablar solo no es algo patológico, nos ayuda a concentrarnos y mejora la memoria. (Foto: Getty)
Hablar solo no es algo patológico, nos ayuda a concentrarnos y mejora la memoria. (Foto: Getty)

Por ejemplo, un estudio publicado en la revista Quarterly Journal of Experimental Psychology concluyó que nos ayuda a mejorar la atención y nos mantiene concentrados. De acuerdo a la investigación, este monólogo interno en voz alta también podría volvernos más listos.

Los investigadores, de las Universidades de Wisconsin y de Pennsylvania (EEUU), realizaron un experimento con 20 voluntarios a los que se pedía que encontraran diferentes objetos dentro de una habitación. Las personas que repetían en alto el nombre del objeto mientras realizaban las tareas lograban terminar la prueba en menos tiempo que las demás.

“Si ya sabemos cómo es ese objeto, repetir su nombre en voz alta ayuda a nuestro cerebro a reactivar esa información visual y eso facilita su búsqueda”, explican los autores del trabajo.

De esta forma, el lenguaje podría estimular la percepción, haciendo que el individuo focalice su atención en la tarea a realizar.

“Toda acción que hagamos, cuando hablamos, cuando lo pensamos, cuando verbalizamos lo que estamos pensando y cuando lo que estamos escuchando de viva voz, vuelve a entrar por el oído y vuelve a entenderse, fomentando las conexiones neuronales; es un ejercicio mental muy sano”, explica el psicólogo Christian Martínez.

Ese soliloquio o reflexión interior en voz alta genera una especie de bucle, un círculo perfecto que mejora significativamente nuestros procesos cognitivos e incrementa la inteligencia.

Seguramente lo has notado y por eso en situaciones confusas de pronto te descubres hablando contigo mismo. ¿Qué es lo qué haces cuando no encuentras algo? Preguntarte en voz alta dónde lo has dejado, esto te ayuda a recordarlo mejor, a tener más ideas, a concentrarte más en la búsqueda y hasta a convencerte de que puedes lograr encontrar cualquier cosa. ¿Cierto?

Otros estudios previos han demostrado que los niños, cuando repiten en voz alta las acciones que deben hacer para tareas como atarse los zapatos, aprenden el proceso con más eficacia. Por eso nos enseñan a leer en voz alta y cuando estudiamos también lo hacemos en voz alta.

Nuestra capacidad de aprendizaje y retentiva aumenta al pronunciar las palabras. Es un buen método que nos ayuda a ‘internalizar’ la información. Algunos estudios han observado el efecto separando grupos de personas que leen en silencio y otros que leen en voz alta, y las palabras que se leyeron en alto fueron mucho mejor recordadas que las demás.

No es solo por el sonido al hablar, sino que al traducir el discurso en palabras habladas tu cerebro tendrá no solo la información de escucharlas sino de producirlas, lo que hace más intenso y distintivo. Es decir, no solo vas a recordar lo que leíste, sino a ti mismo diciendo las palabras en voz alta y escuchándolas.

Otro un estudio sobre el habla privada en adultos descubrió que más del 80 por ciento de los participantes hablaron consigo mismos durante la realización de las seis nuevas tareas que se les adjudicaron porque esto mejora el rendimiento. Hay cierta controversia en cuanto a si mejora de inmediato o si se tarda un tiempo en notar la mejoría, pero de cualquier manera, la auto-charla tiene una influencia positiva.

Hablar solo no te hace perder la cabeza (al contrario)
Hablar solo no te hace perder la cabeza (al contrario)

De hecho, darse ‘auto-instrucciones’ también puede servirte de ayuda si estás es una situación de mucho estrés. Al hablar contigo mismo puedes calmarte, desechar ideas negativas o poco realistas, modificar tu forma de pensar, buscar soluciones, etc.

En efecto, hablar solo es una manera de organizar o aclarar las ideas, pero también supone un desahogo y rebaja la tensión emocional.

Se estima que estas reflexiones en voz alta (sin interlocutor) suponen entre el 20 y el 60 por ciento de los comentarios que hacen los niños entre los cuatro y los diez años. Los mayores seguimos contándonos una receta mientras cocinamos, repetimos un número de teléfono para memorizarlo o nos animamos frente al espejo antes de ir a una entrevista de trabajo. Así que ¡no te cortes!

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