7 hábitos mentales que nos complican la vida innecesariamente

La vida no siempre es fácil, pero a veces la complicamos poniéndonos zancadillas mentales. [Foto: Getty]

Si crees que puedes, tienes razón. Si crees que no puedes, también tienes razón”, dijo Henry Ford y la ciencia le da la razón. Nuestros modelos mentales dan forma al mundo y condicionan los resultados que obtengamos - nos guste o no.

Nuestros patrones de pensamiento, creencias y expectativas pueden ayudarnos a alcanzar nuestras metas o pueden convertirse en nuestros peores enemigos, haciendo que veamos problemas donde no los hay o exageremos las consecuencias de los mismos hasta el punto de quitarnos el sueño. Por eso debemos asegurarnos de no ponernos zancadillas mentales que nos compliquen la vida innecesariamente.

Dime lo que piensas y te diré lo que padeces

1. Error del adivino: Creer que podemos leer la mente de los demás

Debemos tener cuidado con las suposiciones porque pueden convertirse en nuestra realidad. [Foto: Getty]

A veces jugamos a ser adivinos con una infalible bola de cristal. Adivinamos las más recónditas intenciones de los demás y proyectamos una película en nuestra mente anticipando lo que sucederá. Asumimos que nuestro jefe no nos dará el aumento, que nuestro mejor amigo nos mentirá o que nuestra pareja nos traicionará.

El error del adivino consiste precisamente en suponer lo que piensan los demás y profetizar cómo se comportarán, pero sin usar datos fiables, tan solo basándonos en suposiciones – a menudo erróneas – que surgen de mirar el futuro a través de unos lentes grises. El problema es que actuamos en consecuencia, como si nuestras predicciones fueran hechos irrefutables, de manera que terminan convirtiéndose en una profecía que se autocumple.

2. Egocentrismo: Tomarnos las cosas demasiado a pecho

Nuestro ego nos juega malas pasadas. A veces nos hace creer que el mundo gira a nuestro alrededor y que el universo conspira en nuestra contra. Cuando desarrollamos una perspectiva demasiado egocéntrica tendremos la tendencia a tomarnos todo demasiado a pecho y, como resultado, crecerá la decepción, la ira y/o la frustración.

Si asumimos todo lo que ocurre como un ataque personal, desde el atasco de camino a la entrevista de trabajo hasta esa mirada aparentemente desdeñosa que nos dedicó un compañero de trabajo, viviremos continuamente a la defensiva, pensando que el mundo es un sitio hostil, sin darnos cuenta de que estamos contribuyendo con nuestro pensamiento negativo a que los peores escenarios se materialicen.

3. Catastrofismo: Las desgracias a la vuelta de la esquina

Nuestro pensamiento, expectativas y actitudes terminan moldeando nuestra realidad. [Imagen: Getty]

Tenemos una tendencia natural a centrarnos en los aspectos negativos de las situaciones. Es así. Ni siquiera es malo, podemos aprender a usar la negatividad a nuestro favor, pero si se nos va la mano podemos caer en el catastrofismo, que consiste en imaginar todo tipo de situaciones negativas – aunque existe una probabilidad del 0,0001% de que ocurran realmente.

Esa tendencia a la catástrofe nos pasará factura. Además de robarnos una gran cantidad de energía emocional, nos hará sufrir inútilmente. Perdernos en los vericuetos de la “novela de terror” que ideamos en nuestra mente solo sirve para añadir estrés y preocupaciones innecesarias. Cuando el catastrofismo toque a nuestra puerta, simplemente necesitamos recordar que “la preocupación es como una mecedora, te da algo que hacer, pero nunca te lleva a ninguna parte”, como dijera la humorista Erma Bombeck.

4. Quejas: Convertir cada día en un drama

Las quejas, en su justa medida, tienen un poder catártico, pero cuando no dan paso a la acción, sino que se convierten en un bucle incesante de lamentaciones, son un hábito dañino para nuestra salud mental. Las quejas consolidan las “sinapsis de la negatividad”, haciendo que nos centremos cada vez más en los aspectos negativos y desagradables de las situaciones, olvidándonos de nuestras potencialidades y obviando las cosas positivas que ocurren.

Convertir cada día y cada cosa que nos ocurre en un drama es el camino más directo hacia la insatisfacción en la vida. Si las quejas no conducen a un plan de acción concreto para solucionar lo que nos molesta, antes o después caeremos en un estado de indefensión aprendida. Por tanto, debemos asegurarnos de no convertirnos en una de esas personas que prefieren quejarse de lo espantosa que es su vida, en vez de hacer algo para cambiarla, como dijera el escritor John Katzenbach.

5. Procrastinar: Al infinito y más allá

El costo psicológico de procrastinar suele ser mayor que la energía necesaria para terminar la tarea. [Foto: Getty]

Tenemos un problema. Lo sabemos. Somos conscientes de que necesitamos solucionarlo. Pero no lo hacemos. Preferimos ignorarlo, hacer como si no existiera, postergarlo... Así los problemas y las tareas se acumulan. Día tras día. Mientras tanto, la lista de cosas pendientes crece de manera desmesurada en nuestra mente, convirtiéndose en un recordatorio constante de lo que tenemos que hacer, lo cual termina generando una gran presión y agobio.

De hecho, el peso psicológico de las tareas inconclusas suele ser mayor que el esfuerzo que demanda su realización. A nuestro cerebro no le gustan las cosas incompletas, por lo que nos hará sentir incómodos para llamar nuestra atención hasta que decidamos cerrar ese capítulo. El problema es que cuanto más procrastinemos, más colosal nos parecerá la misión que tenemos por delante, más nos agobiaremos y más procrastinaremos, cerrando así un círculo vicioso que nos condena a la inacción y la preocupación permanentes. La solución es sencilla: “No te pongas a contemplar toda la escalera, simplemente da el primer paso”, como dijera Martin Luther King.

6. Comparaciones: Perder en tu propio juego

No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro”, escribió Alejandro Dumas. Todo es relativo. Depende de con qué lo comparemos. La vara de medir que usemos puede hacer que nos sintamos más o menos afortunados, más o menos exitosos y más o menos inteligentes.

La trampa de las comparaciones es que siempre podemos encontrar un punto de referencia con el cual saldremos perdiendo, de manera que sentiremos que somos menos que los demás. La sensación de no estar a la altura nos conducirá a criticarnos continuamente y centrarnos en nuestros defectos y errores, de manera que no estaremos satisfechos con nada ni nadie, ni siquiera con nosotros mismos. Y vivir así es un sinvivir.

7. Expectativas irreales: Esperar que los astros siempre estén alineados

Ni pesimistas crónicos ni optimistas ingenuos, la clave está en aprender a fluir con los acontecimientos. [Foto: Getty]

Quien vive de ilusiones muere de desengaños”, dice un refrán popular. Alimentar expectativas irreales es el camino más directo a la insatisfacción y la frustración. Cuanto antes asumamos que el mundo no siempre está alineado con nuestros deseos, mejor, porque si esperamos que todo se adapte a nuestras expectativas, cada golpe de realidad será motivo de decepción o frustración.

Esperar que el tráfico fluya rápidamente, que no ocurran percances en el proyecto de trabajo o que no aparezcan conflictos en la relación de pareja no nos ayudará precisamente a prepararnos para las eventualidades que puedan surgir. Como advirtiera Séneca, “los efectos de lo que no se espera son más aplastantes ya que a lo inesperado se suma el peso del desastre”. Por supuesto, no se trata de convertirnos en unos pesimistas crónicos ni de caer en el optimismo ingenuo, sino de aprender a fluir con los acontecimientos para que estos nos dañen lo menos posible e incluso podamos convertirlos en una oportunidad para crecer.


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