La guerra entre Xbox y PlayStation vuelve a encenderse

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La guerra entre Xbox y PlayStation vuelve a encenderse
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Nuestros lectores lo habrán notado, pero detrás de la aparente calma y la actitud de dejar la guerra de consolas atrás, Microsoft y Sony poco a poco han elevado el tono de su discurso, intercambiando acusaciones y haciéndose de palabras acerca de una cantidad de tópicos. La actitud de ambas compañías hace temer que regrese el concepto de guerra de consolas, el cual al parecer se había dejado atrás en favor de una actitud más conciliadora. Sin embargo, como veremos más adelante, las condiciones de la competencia y del ciclo industrial hacen que los buenos propósitos parezcan imposibles.

El primer incidente del mes ocurrió con los comentarios del representantes de Sony Brasil en Resetera acerca de la adquisición de Activision-Blizzard por parte de Microsoft. Dichos comentarios son una ventana a las preocupaciones de la compañía en relación con la competencia, y básicamente se resumen en una sensación de ansiedad ante la adquisición: Sony cree que Call of Duty es un juego AAA que no tiene rival, que puede influir la consola de elección de los consumidores, y que la serie no tiene realmente rival. Por tanto, si Microsoft decide hacer de Call of Duty una exclusiva, esto sería catastrófico para Sony.

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La segunda fuente de preocupación de Sony viene del Xbox Game Pass, una plataforma que ha crecido para capturar el 60-70% del mercado global de suscripciones, y que en países como Brasil representa el 70%-80%. La creación de un rival efectivo tomaría años, y los tropiezos de PlayStation Network y PlayStation Plus en términos de funcionalidad y hackeos no ayudan. Por tanto, podemos estar seguros de que estos dos puntos de conflicto son los más importantes en términos de la industria.

En respuesta, Microsoft ha negado que su adquisición de Activision-Blizzard tenga la intención de convertir los juegos de dicha compañía en exclusivas fuera del alcance de los consumidores de PlayStation. Esto tiene sentido económico, pues convertir a Call of Duty en exclusiva básicamente cortaría las ventas de la franquicia a la mitad a cambio de elevar las ventas de Xbox, pero como la realidad económica es que las consolas de última generación se venden con pérdidas y los juegos con ganancias netas, sería contraproducente.

En segundo lugar, Microsoft, en respuesta directa a esta encuesta, ha sido mucho más incisivo en lo que respecta a los servicios de suscripción. Efectivamente Microsoft ha señalado que Sony tiene miedo de Game Pass, y que simplemente no quiere competir con los nuevos modelos de distribución digital. Por tanto, Sony se opone a los modelos capaces de desafiarlo, de manera poco competitiva. Por último, Microsoft minimiza la apreciación de Sony de que la adquisición de Call of Duty es injusta, y asegura que sólo es un juego más entre otros, parte de un ecosistema pero que no representa una ventaja esencial, y que la estrategia de Microsoft no es quitarle juegos a los jugadores, sino dárselos, ampliar la oferta.

Antes de comentar sobre este intercambio hay que tener en cuenta lo que hemos dicho sobre el ciclo industrial. Básicamente, en este punto del ciclo de vida de la industria, los pequeños competidores y agentes han tendido a ser adquiridos y absorbidos por los grandes competidores. Un ejemplo simple: la compra de Activision-Blizzard por parte de Microsoft. Es decir, dicho estudio ya no es sustentable como un agente independiente, sino como una herramienta en manos de un agente mayor, como Microsoft, que por supuesto es rico por productos ajenos a los videojuegos. Por tanto, esto es parte de un proceso inevitable en la vida económica. A esto se le llama consolidación.

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Pues bien, justo vivimos este momento. Y la paradoja es esta: Sony está en una posición de fortaleza en los videojuegos pero más débil en lo general, una posición que está lista para ser víctima de una disrupción por la fuerte posición de Microsoft fuera de los videojuegos, pero relativamente débil dentro de la industria, al ser el tercer lugar en ventas. Para Microsoft la solución ha sido acelerar el proceso de consolidación y usar Game Pass como una herramienta disruptiva. Esto es lo que tiene nervioso a Sony.

El verdadero problema de Microsoft es otro, empero. Sony tiene una posición de prestigio bastante consolidada, mientras que Microsoft nunca ha ganado una sola generación de consolas. Esto se debe sobre todo a la red de estudios y contenido que Sony ha sido capaz de dominar. Sin embargo, con la era de consolidaciones, esta ventaja se desvanece, a menos que Sony haga lo mismo. A medida que los estudios independientes desaparecen o se vuelven económicamente irrelevantes, estaríamos entrando a una era donde más bien, los estudios serán propiedad de grandes conglomerados. Lo que Microsoft espera es que, en esta nueva era, tengan una posición más fuerte para dominar la industria. Y es posible que así sea.

¿Qué pasará? La situación es más interesante y extraña que nunca. Nintendo domina, aunque quizás esto sea más por los problemas de producción que han plagado a la industria de semiconductores. En todo caso, la industria está en un momento crítico y de incertidumbre. Es imposible predecir un ganador, pero algo es seguro: la próxima generación, volverá la guerra de consolas con toda su fuerza. Prepárate para ver cambios... o una gran crisis.