Gudaf Tsegay extrae oro de los 5.000m y Sifan Hassan se va sin medallas

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Photo credit: Ezra Shaw - Getty Images
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Cruza la meta triunfante Gudaf Tsegay y cierra los ojos, saca su estampita de debajo de la camiseta, se arrodilla y agradece a su dios el éxito en los 5.000 metros del Mundial de Eugene, pero apenas le permiten disfrutar la fiesta, porque un aficionado ha invadido la pista con la bandera de la región separatista de Tigray, la de la campeona de los 10.000m Letesenbet Gidey y, eufórico, levanta a las dos antes de ser desalojado por la seguridad.

Es la reivindicación de los ciudadanos de Tigray, en guerra con el resto del país, y a la vez la fiesta total de Etiopía en Hayward Field, porque sus atletas no han logrado el triplete pero han diseñado, mandado y rematado la carrera a su gusto, como un país unido más allá de los conflictos que a Tsegay no le dejan comentar. "Esta victoria es para toda Etiopía", afirma tras rematar un último kilómetro en 2:45 minutos y aprovechar su velocidad de mediofondista, de menos de dos minutos en 800m y 3:54 en 'milqui'.

El primer kilómetro se ha corrido a un ritmo indigno del escenario y el momento, en 3:14 minutos, y Gidey y Tsegay se ponen en cabeza y empiezan a comentar la situación. Parecen ponerse de acuerdo porque desde entonces cada una marcará el ritmo durante una vuelta y que al final gane la mejor. Y en su plan nadie quiere intervenir. El segundo kilómetro se acelera a 2:53, el tercero va a 2:55, el cuarto baja a 2:57 y toca correr. Tsegay va por delante cuando suena la campana y llega la keniana Beatrice Chebet, que se coloca en la contrarrecta, pero gestiona con cierta comodidad todos los ataques y termina imponiéndose (14:46.29) a Chebet (14:46.75) y a su compatriota Dawit Seyaum (14:47.36). Gidey, que es la plusmarquista mundial de la prueba, al final no tiene chispa y termina quinta.

A la velocidad de Chebet y Seyaum sucumbe la neerlandesa Sifan Hassan, que corre como si fuera la atleta dominante de hace un año. Sale detrás, se queda descolgada en las primeras vueltas como si la carrera no fuera con ella y empieza a adelantar estratégicamente solo cuando ve el peligro de que las atletas de delante en la fila se corten. Llega a la estela de Tsegay cuando falta algo más de una vuelta, encuentra un hueco por la cuerda en la contrarrecta y se cuela, pero en la recta final se descubren todas sus costuras: como en la final de los 10.000 metros, no tiene gas. Termina sexta.

Ha vuelto a confiar en su velocidad final, pero después de estar todo el año desaparecida no es ni la sombra de la atleta que impresionó en el Mundial de Doha (oro en 1.500 y 10.000 metros) y en los Juegos Olímpicos de Tokio (oro en 5.000 y 10.000 metros, bronce en 1.500m). De Eugene, allí donde entrenaba con Alberto Salazar en el polémico y ya extinto Oregon Project, se interrumpe su reinado en la pista.

El vacío lo aprovecha Tsegay, de 25 años, siempre inclinada ante Faith Kipyegon en los 1.500m, al fin ya tiene su título en los 5.000m, y colecciona en Hayward Field una plata y un oro inéditos para una mujer en el Mundial.

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