Entre ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’ y ‘Los Reyes del Mundo’ puede estar la Concha de Oro

·4 min de lectura
Photo credit: ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’
Photo credit: ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’

Tras un nivel medio-alto de una cuidada sección oficial, (a falta de ver solo Walk up, del cineasta que siempre puede dar la última, Hong Sangsoo) el festival se ha subido a lo más alto. Hasta el momento habíamos presenciado fuegos artificiales a la mitad (como en ‘A hundred flowers’), pero con estas dos películas la Concha se ha iluminado con una traca final de fuegos artificiales, en su integridad. Una resplandeciente luminosidad que deslumbrará a la cinefilia más exigente.

El realismo ha sido la nota predominante de la selección. El público quiere fundirse en la realidad para sobrepasar sus exigencias. Los cineastas más implicados en el difícil arte de hacer avanzar al séptimo año, tras una docena de décadas de su historia, ofrecen fragmentos de naturalidad sin filtros, actores profesionales y naturales interpretando papeles sacados de sus biografías y unos planos de rostros que, por sí solos, ya cuentan toda una existencia.

Pero el presente es tan intenso que los artistas de las imágenes saben que se necesita la necesaria dosis de lirismo que permita al espectador trascender estos angustiantes tiempos modernos. ¿Cómo los países más ricos del mundo pueden producir tanta cantidad de miseria? ¿Por qué los individuos más acogedores del planeta se convierten en bestias salvajes cuando están en sociedad? ¿De qué manera se puede asimilar y convivir entre tanta violencia, ya sea social, económica o política?

Photo credit: ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’
Photo credit: ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’

A estas preguntas tratan de responder, ilustrar y masticar los cineastas de hoy. Muchos lo intentan, pocos lo consiguen como Laura Mora y Marco Martins.

Reconozco mi flechazo inmediato e irresistible por ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’. En solo tres meses de invierno, la temporada de trabajo de los migrantes económicos (en este caso portugueses, pero podíamos escoger casi cualquier nacionalidad del mundo), el cineasta resume, desde una situación individual que esconde una realidad mundial, la explotación generalizada y macabra del ser humano, por una sociedad capitalista neoliberal, sin piedad dispuesta a usar hasta la médula a los más humildes y desfavorecidos.

En la desembocadura del río Yare, la ciudad inglesa de Yarmouth, era en octubre de 2019, uno de los lugares favoritos de las clases medias y de la tercera edad para disfrutar de unas vacaciones. Frente al ocio se ocultaba la realidad del negocio.

La película comienza casi con una doble letanía: un método de autoaprendizaje de inglés, para utilizar en caso de reserva de hoteles, y un narrador que intenta comprender el alma humana comparándola con los animales, lo más próximo de su cadena evolutiva (si tal estado de avance de la humanidad ha existido en alguno momento).

Photo credit: ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’
Photo credit: ‘Great Yarmouth - Provisional Figures’

Una portuguesa casada con un inglés se encarga de acoger a sus compatriotas. Una ayuda, a primera vista, que solo es pura fachada. Ella también ha entrado en el sistema. Brutal actriz, Beatriz Batarda (atención a su posible premio de interpretación). Se inicia un descenso a los infiernos, bajo los contrastes de la música de Jim Williams, uno de los mejores compositores actuales, mezclada con Vivaldi y Schubert.

Las certezas se van derrumbando. Quizás el hombre no descienda del mono sino del lobo. O puede que la expresión ‘provisional figures’ (empleada para personas sin una situación legal definitiva en un país), en realidad, sea el ‘caso permanente’ de muchísimas personas en el mundo.

En una película en la que la única vida es la que aún no ha nacido, el cineasta nos recuerda que así era la situación de Yarmouth en octubre de 2019, tres meses después aún empeoró con la llegada del Brexit. Cine demoledor que deja sin aliento.

Como el cine de Laura Mora. Qué año el del cine colombiano en el festival de cine de San Sebastián(véase ‘La jauría’, otra joya del certamen). Para su segunda película también una letanía, en forma de poesía nos ayuda a sobrellevar la violencia desbordada por ciudades y pueblos colombianos.

Photo credit: 'Los reyes del mundo'
Photo credit: 'Los reyes del mundo'

Este particular ‘señor de las moscas’ nos lanza a un road-movie a la colombiana (de la ciudad al campo y en bici, o a pie) de cinco jóvenes de las calles de Medellín. Ellos se creen los reyes del mundo porque piensan que recuperarán las tierras de su abuela, gracias a una sentencia favorable de la comisión de restitución de tierras.

Algunos, solo los que lleguen, despertarán del velo de esperanza que aún conservan, durante las pocas noches que el hambre no les impide dormir. Otros confirmarán que solo serán suficientemente fuertes, si odian todavía más. Todos perderán su adolescencia. Simbolismo, poesía, lirismo frente a la violencia de los desheredados. La versión actual de ‘Los olvidados’ si Buñuel hubiese rodado hoy su película. Dos impresionantes películas que engrandecerían cualquier festival. Un cine sublime que hace mejor a cada espectador que lo disfruta.