El gran reto de Unidos Podemos está por llegar, sobrevivir a la coalición

Pablo Iglesias, visiblemente emocionado, no ha podido contener las lágrimas tras cerrarse la investidura de Pedro Sánchez. (Photo by Pablo Blazquez Dominguez/Getty Images)

 

Son muchas las fotos del día de la investidura de Pedro Sánchez. Su abrazo a cada uno de los diputados del PSOE, el forzado apretón de manos que le ha dispensado Pablo Casado, el pueril desplante de Suárez Illana a la diputada de Bildu Mertxe Aizpurua, el aplauso que, salvo miembros de Vox, le han brindado sus señorías a Aina Vidal, enferma de cáncer… pero hay una que ha sorprendido por inesperada. La de Pablo Iglesias rompiendo a llorar en pleno hemiciclo tan pronto se ha consumado.

El audaz, y a veces suicida, líder de Unidos Podemos por fin ha ‘asaltado los cielos’ tras sufrir no pocos envites internos llegando incluso a hacer peligrar su liderazgo. Pero lo que Iglesias no sabe es que el gran reto al que se enfrentará en su trayectoria política no ha hecho más que empezar. Y se llama supervivencia.

Porque tan pronto los ministrables de Unidos Podemos tomen posesión de sus carteras, todos ellos deberán trabajar por vivir más allá de la investidura de este Ejecutivo de coalición. El primero en la historia de España pese a que en Europa es lo más habitual - en la actualidad el 73% de los países miembros contaban con una forma de Gobierno de cooperación entre dos o más fuerzas-.

Eso puede parecer fácil, teniendo en cuenta que asumirán la titularidad de hasta cinco ministerios y una vicepresidencia. Pero la historia dice todo lo contrario. Una vez que un Ejecutivo de coalición vuelve a someterse al juicio de las urnas, el pequeño suele salir bastante peor parado.  Una especie de ‘abrazo del oso’ con traje y corbata.

Al menos esa es la conclusión a la que llegaron hace tres años las profesoras Jae-Jae Spoon y Heike Klüver de la Universidad de Pittsburgh y Berlín, respectivamente, después de hacer un análisis comparativo de 219 elecciones en 28 países europeos desde 1972 hasta 2017. Pero de cuánto estamos hablando? Pues de una pérdida media del 17% de los electores entre unas elecciones y otras.

¿Y adónde van esos votos? Pues una buena parte, 3%, al partido principal de la coalición.

Uno de los principales motivos que expliquen este axioma resulta de la incapacidad del partido minoritario de cumplir con todo lo prometido. Más aún si es su primera incursión en un Ejecutivo nacional, ya que las promesas suelen ser bastante radicales y críticas con el ‘establishment’ creado durante décadas por los partidos mayoritarios. Si Iglesias no logra frenar el precio del alquiler, evitar las puertas giratorias, apartar a los poderosos lobbys energéticos y hacer que la banca devuelva el salvavidas de la crisis, no tardará en ser visto como un ‘vendido’. De hecho, algunas críticas al respecto ya han comenzado tras observarse la mansedumbre con la que se ha expresado el líder morado en las últimas semanas a decisiones socialistas.

Todo esto ya lo saben en Podemos donde ese -17% fue objeto de debate interno en verano cuando se empezó a fraguar el pacto hoy ratificado. ¿Tocamos moqueta y nos arriesgamos a quedarnos en 29 diputados en 2024? ¿o nos mantenemos al margen para fortalecer una fuerza de izquierdas hasta que sea una alternativa real? Al final Iglesias y los suyos han optado por lo primero porque creen tener el antídoto para revertir las estadísticas: conseguir venderse como un partido diferente al PSOE. Por ello Iglesias ha puesto mucho empeño en liderar la Agenda 2030. Una especie de pseudoministerio que engloba los objetivos de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, con especial incidencia en la lucha contra la pobreza y contra la emergencia climática. Pero en la práctica supone que

El vicepresidente Iglesias va a tener una agenda internacional propia, con intervenciones ante la Asamblea General de la ONU y la UE.

Y de los Pirineos para abajo, intentando no ser la muleta del PSOE, Podemos va a tratar de llevar a cabo victorias y conquistas sociales que siempre han defendido y a las que los socialistas no podrán poner pegas económicas al no comprometen el precario equilibrio presupuestario. Es decir, derogar parcialmente la reforma laboral, subir el salario mínimo, tumbar la Ley Mordaza, etc… Para ello tomarán ejemplo de las conquistas sociales de Zapatero y por las que su Ejecutivo es recordado -matrimonio homosexual, aborto, dependencia-.

Esa es la receta del éxito de un Pablo Iglesias que no rehúye la batalla, pero que esta vez se enfrenta aun rival que ya ha vencido en buena parte de Europa en los últimos 50 años: al partido mayoritario de un Gobierno de coalición.

Más historias que te pueden interesar: