Los Globos De Oro ponen en evidencia la triste irrelevancia del cine

Valeria Martínez
·8 min de lectura

Que levante la mano el que vio los Globos de Oro este año... Y en este momento imagino un silencio sepulcral. Si fuera una sitcom, ahora sonarían los ruidos de grillos. Eso de levantarse a la madrugada o quedarse despiertos para vivir la magia del Hollywood más glamuroso se antojó completamente innecesario en 2021 por culpa de una pandemia que nos dejó huérfanos de estrenos. Nomadland fue la película ganadora a mejor drama y casi nadie puede comentarla.

Es más, estoy convencida que más de uno ni siquiera tenía constancia de que la famosa antesala a los Óscar se celebraba en la madrugada española del lunes. Una consecuencia absoluta de la triste realidad que vive el mundo del cine tradicional mientras las series explotan las audiencias de las plataformas streaming.

Irrelevante, sin influencia y completamente apartado de la actualidad. Así está ahora mismo el cine, una frase que escribo sin evitar la sensación de tener un nudo en el estómago.

Tina Fey desde Nueva York y Amy Poehler desde Beverly Hills en los Tina Fey desde Nueva York y Amy Poehler desde Beverly Hills en los Globos de Oro (AP Photo, NBC, Gtres)Globos de Oro (AP Photo, NBC, Gtres)
Tina Fey desde Nueva York y Amy Poehler desde Beverly Hills en los Globos de Oro (AP Photo, NBC, Gtres)

Ni cortos ni perezosos, las estrellas de Hollywood se marcaron un “show must go on” vistiéndose de fiesta en casa y desfilando sus estilazos en Instagram durante las horas previas a la ceremonia. Como si fuera la misma fiesta anual donde pueden desplegar la magia que rodea a Tinseltown… pero no nos engañan, no era la misma. No solo fue una ceremonia virtual con algún que otro fallo técnico, sino que su relevancia brillaba por su ausencia.

Porque hay dos cosas que hacen que la temporada de premios sea mágica: las alfombras rojas donde el brillo y glamur crea el espejismo que eleva a Hollywood a un firmamento inalcanzable; y las películas que los amantes del cine vemos previamente para armar nuestras propias quinielas. Películas que comentamos en casa, con amigos y en el trabajo, y que son el centro de la conversación el día después de los Globos de Oro y los Óscar. Porque debatimos, discutimos pero, sobre todo, compartimos ideas, opiniones y pasión por el cine.

Sin embargo, si teníamos alguna duda, los Globos de Oro dejaron claro que la pandemia ha convertido al cine tradicional en un arte irrelevante en estos días.

Irrelevante porque no podemos hablar de muchas de las películas nominadas o ganadoras, no podemos compararlas, opinar ni debatir, sencillamente porque todavía no pudimos verlas. La temporada de premios intentó adaptarse a la realidad pandémica retrasando las ceremonias, pero no lo suficiente. Al final no ha contado con el público, sus ganas de cine y ausencia de este. Ha seguido adelante después de todo aunque los espectadores no hayan visto casi ninguna de las películas nominadas.

A más de uno le sonará el título de la película ganadora a mejor drama, y no porque la haya visto o sepa de qué se trata, sino porque fue noticia en varias ocasiones al ganar otros premios. Nomadland es un drama existencial maravilloso (tuve la suerte de verlo en el Festival de Cine de Londres), con una Frances McDormand entregándose al máximo (de nuevo) en un papel trascendental sobre la belleza en la simpleza, la magia de la soledad bien llevada y la importancia de seguir adelante ante los obstáculos que nos pone la vida en el camino. Pero pocos la han visto. En EE.UU. pasó por autocines y algunas salas abiertas y en España todavía tenemos que esperar hasta 26 de marzo para verla, aunque el acceso seguirá siendo limitado dado que muchos cines permanecen cerrados. A ella le acompañaban en la categoría otras producciones que pocos vieron en cines, como El padre; películas que todavía no se estrenaron como Una joven prometedora y cintas del streaming como Mank y El juicio de los 7 de Chicago.

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En comedia, más de lo mismo: ganó (inexplicablemente) la secuela de Borat -que en España está disponible en Amazon Prime Video- y cuya relevancia se centra en el mercado estadounidense, y el resto de nominadas pasaron por el streaming (Hamilton en Disney+, Palm Springs en Movistar+, The Prom en Netflix) mientras Music brilla por su ausencia en el calendario de estrenos futuros.

Lo mismo sucede con las ganadoras en apartados interpretativos, ¿o alguien conoce The United States vs. Billie Holiday (mejor actriz en drama para Andra Day) , The Mauritanian (mejor actriz de reparto para Jodie Foster) o Judas and the black messiah (mejor actor de reparto para Daniel Kaluuya)? Las tres son películas destinadas al cine tradicional y una gran mayoría desconoce por completo su existencia. La primera recién se estrenará en España el 1 de abril, la segunda solo lo hará a plataformas digitales el 19 de marzo y la tercera no tiene fecha.

Es decir, nunca el cine tradicional estuvo en horas tan bajas.

Algo muy diferente a lo que sucede con las películas del streaming. Cintas de Netflix: La madre del blues (mejor actor en drama para Chadwick Boseman, El juicio de los 7 de Chicago de Netflix (mejor guion) y I care a lot (mejor actriz comedia para Rosamund Pike). De Amazon: Borat 2 (mejor actor de comedia para Sacha Baron Cohen). O Disney+: Soul (mejor película animada). Esos títulos sí que suenan más, los tenemos presentes y los reconocemos enseguida a raíz del fenómeno de las plataformas en el último año, mientras las apuestas de cine tradicional quedan relegadas a este segundo plano forzado por la pandemia.

Y por supuesto que la triste realidad que vive el cine tradicional es el polo opuesto al que viven las series. Si algo ha quedado claro entre 2020 y 2021 es que los servicios streaming han conseguido tomar la delantera gracias a convertirse en una de las herramientas infalibles como compañía del público en cuarentena. ¿O quién no conoce las series ganadoras: The Crown (mejor drama), Schitt’s Creek (mejor comedia), Gambito de dama (mejor serie limitada)?

Si el cine tradicional ya tenía un arduo camino por delante antes de la pandemia cuando su única preocupación era el avance del streaming, la 78 edición de los Globos de Oro ha dejado en evidencia que volver a la cima no será nada fácil. Que los títulos de streaming sean los que el público en general reconoce de forma instantánea es más preocupante de lo que podría parecer a primera vista.

Cuando no hace mucho tiempo hablábamos sin parar de ganadoras como Bohemian Rhapsody, nos obsesionábamos por experimentar la magia musical de El gran showman en la gran pantalla (yo misma caí en la versión karaoke en más de una ocasión) y debatíamos la espectacularidad cinematográfica de Lady Bird, Tres anuncios en las afueras o La La Land, este año la historia ha dado un vuelco radical. Un virus lo ha cambiado todo y ahora el cine tradicional tendrá que rebuscárselas para ganar terreno de nuevo.

Lo más preocupante para los amantes del séptimo arte es que los estudios de Hollywood están buscando formas para adaptarse al nuevo modelo de negocio, apostando por el streaming en masa. Cada vez tenemos más plataformas (Paramount+ fue la última en anunciarse en EE.UU.) y cada vez surgen más planes para estrenar producciones en simultáneo con el streaming o a unos días de diferencia (como hará HBO Max estrenando las películas de Warner Bros. al mismo tiempo que en salas, o los 45 días de diferencia que impondrá Paramount+). Cambios que podrían definirse como tácticas apresuradas para salir a flote después de un año de pérdidas masivas pero que, a la larga, podrían marcar el rumbo hacia el cambio definitivo.

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No cabe duda que el cine tradicional disfrutará de un auge masivo cuando podamos volver a las salas a ver super producciones en masa. Pero me pregunto, ¿será un fenómeno momentáneo o el regreso a la normalidad del pasado? Cuando los estudios liberen por fin los blockbusteres que mantienen en nevera, la industria se verá compitiendo por mantener contentos a generaciones de cinéfilos que crecimos con el cine tradicional como parte de nuestras vidas y a una nueva generación que está formándose como espectadores desde las pantallas de sus casas. Esto me lleva a cuestionarme cuánto tiempo más conseguirá el cine tradicional sobrevivir antes que esa nueva generación tome el relevo vital del negocio y su método.

Si bien los Globos de Oro y las películas de exhibición tradicional ganadoras hayan dejado en evidencia la irrelevancia absoluta que tiene el cine hoy en día por culpa de la pandemia, quiero mantener la esperanza. Me niego a imaginarme una vida sin ir al cine, sin sentarme en una butaca y dejarme llevar por las emociones que esa sala oscura es capaz de provocar. Esa sensación de estar sentado al filo del asiento, cogiendo la mano de quien nos haya acompañado, salir de la sala y seguir hablando de cine un buen rato. Quizás la pandemia marque el camino hacia un futuro con menos salas y menos estrenos tradicionales, pero siempre que haya un cine y una película habrá un cinéfilo que consiga mantenerlo con vida.

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