Los Globos de Oro, los premios que han perdido credibilidad con el paso del tiempo

Eso de que los Globos de Oro son la antesala a los Oscar hace tiempo que no se cumple. Al menos a nivel de pronóstico certero para la quiniela previa a los premios de la Academia. Su única función como antesala es como fiesta para celebrar a la industria del cine con sus estrellas vistiendo -de prestado- sus mejores galas mientras cenan delante de las cámaras y se ponen al día entre copas y cortes comerciales. Porque, si somos sinceros, hace tiempo que ni la prensa cinematográfica ni la industria misma se toma los Globos de Oro tan en serio como antes.

(Jordan Strauss; Gtres)

Gracias a su retransmisión internacional y su peso como tradición hollywoodense, suele ser la primera ceremonia que pone a los favoritos a los premios de la Academia en el mapa de los espectadores menos activos con la actualidad cinéfila. Porque, además de Joaquin Phoenix o Adam Driver, es probable que exista una gran parte del público que desconozca al resto de candidatos que se juegan alcanzar el Oscar este año. Es por ello que las nominaciones de los Globos de Oro sirven como campaña promocional para las películas que siguen en cartelera, mientras empujan la campaña hacia los Oscar de quienes consigan un galardón al recibirlo poco antes de que se cierren las nominaciones a los premios de la Academia y resto de ceremonias de cada sindicato. Es decir, los Globos de Oro se entregan el 5 de enero y los votantes de los sindicatos de productores, directores y guionistas, así como los de la Academia, deben entregar sus votos a los respectivos premios días después. Influenciados, quizás, por el buzz que persiga a cada ganador. La Academia dará a conocer a sus nominados el día 13, mientras que la votación final tendrá lugar entre el 30 de enero al 4 de febrero, siendo entregados el día 9.

La idea de que los Globos de Oro son la antesala a los Oscar se refiere sobre todo a que se trata de la primera fiesta del cine que da el pistoletazo de salida a las galas del año. Pero la idea de que sirven como pronóstico es completamente errónea. Para empezar, estos premios son elegidos por apenas 90 miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood. Se trata de periodistas de diferentes nacionalidades, residentes en California del Sur, que para formar parte deben publicar un puñado de artículos en publicaciones del mundo y tener la recomendación de dos miembros activos para ser considerado. Como se podrán imaginar, al ser un grupo tan reducido, acceder a él es muy exclusivo. Solo permiten cinco entradas provisionales al año, y luego deciden si entregan la membresía. Una tarea que parece casi imposible debido a un número de miembros que no parece crecer nunca (hace décadas que se habla de entre 88 y 90 miembros). Y sí, muchos de ellos ya superan la edad de jubilación.

Y no hay ningún problema con ello, solo que la diversidad de visiones y opiniones no se expande tanto como en el caso de los Oscar. En comparación, los premios de la Academia son elegidos por más de 8.000 personas de diferentes ramas de la industria -desde actores, directores, guionistas, productores, compositores, etc.- de edades, influencias y razas distintas.

Y su valía como premio de prestigio hace tiempo que no tiene la misma credibilidad. Prueba de esta afirmación es la soltura con la que sus protagonistas utilizan el escenario del Hotel Beverly Hilton para hacer los monólogos más agrios, las bromas más pesadas y las reivindicaciones más políticas. O la comodidad con la que sus invitados se pasean por las mesas sin respeto aparente por la retransmisión en directo o el orden en la sala. Algo que no pasa en los Oscar.

Es el lugar donde Renée Zellweger se tomó la libertad de ir al lavabo justo antes de ganar su premio. El mismo donde Elizabeth Taylor cerró la ceremonia borracha, y donde Olivia Colman no tuvo reparo en agradecer por los sandwiches al recibir su premio por La Favorita en 2019, lanzar algunos tacos y llamar a sus compañeras Rachel Weisz y Emma Stone sus 'bitches'. Pero en los Oscar, semanas más tarde, las definió como 'las dos mujeres más encantadoras'.

Es más, es donde Jeremy Renner no tuvo miedo en quedarse mirando los pechos de Jennifer Lopez en directo y llamarlos los “globos” cuando abría el sobre, o donde Emma Thompson entregó el premio a mejor guion en tono burlón, bebiendo alcohol y arrojando sus zapatos al aire. Es decir, básicamente, los Globos de Oro son una tradición que cumplirán 77 años el 5 de enero pero, como premios, muy pocos se los toman en serio.

En una escandalosa entrevista concedida a Washington Post en 1996, la expresidente de la Asociación, Mirjana Van Blaricom, reveló que mientras algunos miembros eran periodistas de prestigio que trabajaban en publicaciones destacadas, otros tantos se mantenían en el grupo con el mínimo requerimiento de unos pocos artículos al año. "No creo que eso los convierta en periodistas" dijo entonces. En el mismo artículo incluso revelaban el trato especial que recibían por parte de los estudios, con almuerzos y estadías en hoteles de prestigio, viajes y regalos. Han pasado más de treinta años desde entonces y es probable que esta afirmación haya cambiado, pero si influye o influía en la decisión final de los votantes, solo ellos lo saben.

Es cierto que en los últimos diez años lograron acertar la ganadora al Oscar tantas veces como le erraron. Y eso que los Globos de Oro premian por partida doble dividiendo el galardón a mejor película entre drama y comedia/musical. Si en 2019 coincidieron con la Academia al premiar a Green Book a mejor película en drama (Bohemian Rhapsody fue la otra), a Moonlight (2017), 12 años de esclavitud (2014), Argo (2013) y The Artist (2012); en 2018 pasaron por alto a las oscarizadas La forma del agua, como también dejaron de lado a la magnífica Spotlight en 2016, a Birdman en 2015, El discurso del Rey en 2011 y The Hurt Locker en 2010.

Es decir que si sigues viendo a los Globos de Oro como pronóstico de los Oscar, debes tener en cuenta que no son la fuente más fiable. Tampoco lo son los Gotham Awards dedicados al cine independiente ya que no incluyen a todas las producciones candidatas a los Oscar (aunque si hay una candidata indie potente, suelen acertar, como fue el caso de Spotlight y Moonlight, y atención que este año la ganadora fue Historia de un matrimonio). Sino que la única fuente fiable para hacernos una idea suelen ser los premios de los sindicatos, al tratarse de la misma industria y algunos de los mismos votantes según la profesión.

Sin embargo, no deja de ser una gala entretenida en donde el mundo del cine y las series van de la mano. Es cierto que este año, en el apartado de drama, hay cinco producciones magníficas: 1917, Joker, Los dos Papas, El Irlandés e Historia de un matrimonio. Todas tienen papeletas para los premios de la Academia, pero en el caso de comedia/musical, creo que el premio estará asegurado para Érase una vez en... Hollywood. Tiene todos los elementos que le gustan a los Globos de Oro: estrellas de renombre y la representación de una era pasada del Hollywood inocente.

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